Saturday, 20 de July de 2019


La reforma política institucionalizó dictaduras y cacicazgos




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Partidos políticos y legisladores nada tienen que presumir con la reforma política. Se quedaron cortos, muy cortos de las expectativas generadas en torno al fortalecimiento de la democracia nacional. Y el tema que más les gustó, que fue el de la reelección, está tan amañado que ahora beneficiará de forma más descarada a los mismos de siempre.

Imagine en el 2018 a los políticos (póngale el nombre que quiera) compitiendo por una alcaldía y una diputación, y a esos mismos políticos compitiendo por esa misma alcaldía y esa misma diputación en el 2021. Suena terrible pero dictaduras y cacicazgos fueron institucionalizados a partir de la reforma.

 

 

Si de por sí en la sierra norte ya están cansados del apellido Amador, en la mixteca de los Córdoba, Morán y Celis, en la sierra negra de los Zanatta, Lezama y Barbosa, y en el resto del estado de los tantos y tantos apellidos dinosáuricos, igual priistas que panistas, con el nuevo marco electoral ahora menos podremos quitárnoslos de encima.

 

 

Sigo creyendo que cambiar de nombre al IFE por INE resulta intrascendente siempre y cuando hubiera arrojado beneficios democráticos claros y visibles. Por ejemplo, que hubieran corregido el tema de la sobrerrepresentación legislativa, el asunto de las pluris, el condicionamiento serio de los partidos satélite, la no intromisión de los partidos en la elección de consejeros y la no intervención de los gobernadores en los comicios locales.

 

 

¿Qué sucederá con los políticos chapulines? Ahora peor. Que seguirán saltando de un cargo a otro por periodos más largos. Un senador puede saltar dos veces en la misma senaduría para sumar doce años, un diputado federal puede saltar tres veces para hacer un total de nueve, y los alcaldes y diputados locales pueden saltar seis años de manera continua en su mismo escaño. ¿Cómo la ve? Se van a eternizar estos señores.

 

 

Vamos para atrás como los cangrejos. Hay quiénes se preocupan del enorme gasto que hará el país por cambiar de nombre al IFE. No lo hagan, de qué se preocupan si ni a usted ni a mí jamás nos han tomado en cuenta para orientar el gasto público, no se preocupe que seguramente se han gastado más dinero en otras cosas que ni usted ni yo sabemos ni imaginamos, mejor preocúpese por ser más participativo en las elecciones, en la democracia y por no condicionar su voto a las despensas, las láminas y el dinero.

 

 

Ya nos enteraremos cómo se las ingenian los gobernadores, a través de los famosos cabildeos partidistas en la ciudad de México, para obtener las consejerías del Instituto Nacional de Elecciones en los estados y cómo seguirán marchanteando los resultados de las ciudades más importantes del país y los triunfos en los congresos estatales. Es cuestión de ver para creer. No se quedarán con los brazos cruzados, júrelo. Dijeran mis antepasados: ¡Ora pior!

 

 

 

 

 

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