Saturday, 14 de December de 2019

Miércoles, 18 Marzo 2015 00:57

Democracia o estallido social, ¿qué te conviene?




Written by  Jose Zenteno

En México fuimos capaces de degradar las cualidades de la democracia hasta alcanzar la peor de sus posibilidades en un tiempo realmente corto. Es más, la democracia como sistema político aun no terminaba de instalarse en el país, cuando ya se había formado una oligarquía capaz de ejercer un control casi monopólico del acceso al poder público.


Revisemos la historia. Todo comenzó durante la década de los 90 cuando se propuso la transición de un régimen autoritario, monolítico y unipartidista a uno democrático, plural y fundado sobre un Estado de derecho. Se construyeron instituciones electorales ciudadanas a nivel federal y en los estados se diseñó un complejo sistema electoral en el que participan los ciudadanos en la mayor parte del proceso, además se abrieron tribunales especializados en la materia. Todo ello permitió que la población finalmente votara por la alternancia en las elecciones presidenciales del año 2000.

 

Según el Latinobarómetro (http://www.latinobarometro.org/documentos/LATBD_INFORME_LB_2013.pdf) el apoyo al sistema democrático en México alcanzó su máximo histórico en el año 2002, cuando el 63 por ciento de los mexicanos consideraba que la democracia era preferible a cualquier otro sistema de gobierno. De hecho, entre los años 2000 y 2002 el apoyo a la democracia creció 19 puntos porcentuales, y desde ese momento hasta el 2013 la caída ha sido vertiginosa. Sólo en 2005 y 2010 se registraron incrementos con respecto al año previo, en el resto de los años el apoyo social a la democracia disminuyó hasta alcanzar el mínimo de 37 por ciento en 2013 —los datos del 2014 aun no están disponibles—.

 

En ese estudio se observa que la indiferencia con respecto al mejor régimen político ha aumentado significativamente en los últimos años. En 2002 el 14 por ciento pensaba que daba lo mismo un régimen político democrático que otro no democrático, en 2013 la proporción alcanzó 37 por ciento. A diferencia de lo que ocurre en Latinoamérica donde existe una correlación positiva entre instrucción y apoyo a la democracia, México es el país donde sus ciudadanos con educación superior brindan el menor apoyo a la democracia con apenas 37 por ciento, mientras que la región alcanza un promedio de 56 por ciento en este segmento.

 

¿Qué ocasiona este desencanto generalizado en la democracia de nuestro país? El informe del Latinobarómetro apunta que la violencia y el narcotráfico son "parte importante de la explicación", aunque reconoce que no es objeto de ese estudio el encontrar "las causas profundas" del fenómeno que afecta a México. En nuestra opinión esas causas profundas están en los mismos políticos, que se han aprovechado de la debilidad de las instituciones democráticas, para tergiversar los beneficios de un sistema basado en el respeto a la ley, la competencia como forma de acceso al poder y en los contrapesos a la hora de ejercerlo.

 

Con la llegada de los tecnócratas al poder en la década de los 80, la clase política mexicana sufrió cambios profundos que afectaron a todo el sistema. Se dejó de privilegiar la capacidad política, aquella que hacía que las decisiones se llevaran a efecto causando el menor descontento posible e incorporando a la mayor parte de los involucrados. Por el contrario, comenzó a formarse una clase dividida en dos tipos de políticos, aquellos que eran dueños de la verdad porque entendían las reglas de la economía y los que se especializaron en "operar" elecciones con dinero público y dádivas oficiales. Poco a poco el arte de la política se redujo a un proceso de racionalidad económica, no podía ser de otro modo, pues la tecnocracia entiende al mundo de esa manera.

 

En el México anterior al de los tecnócratas había debate ideológico, había diálogo y comunicación con todos los sectores sociales, y sobre todo, existía conciencia de las razones de Estado. En este México de los tecnócratas, las ideologías están en desuso y los ideólogos (sobre todo los nacionalistas) son tachados de anticuados, la comunicación y diálogo con la sociedad se ha convertido en trabajo para publicistas como si se tratara de vender Coca Cola o papas Sabritas, y las razones de Estado dejaron su lugar a intereses de grupos económicos, muchos de ellos internacionales.

 

Los políticos de hoy son menos democráticos que los que gobernaban el país en los tiempos de la "dictablanda mexicana" como bautizó Vargas Llosa al régimen del siglo XX. Si observamos con cuidado podemos concluir que pese a todos los esfuerzos, los gobernantes mexicanos son cada vez más autoritarios, más corruptos, más opacos, más frívolos, más voraces, y gozan de total impunidad. Si esa es la democracia, los mexicanos con razón la rechazamos.

 

El Latinobarómetro no puede ni es su función observar estas conclusiones. Nos toca a los ciudadanos hacer conciencia de lo que ocurre con nuestra clase política y tomar medidas para ir cerrando los espacios a esa forma de abuso sistemático al que se han acostumbrado los políticos de la nueva era. Paradójicamente, la solución está en la democracia y no en renunciar a ella, por eso hay que comenzar por salir a votar y con el poder del sufragio enviar un mensaje a los políticos de que existe una sociedad que los quita y que los pone. Sólo así podremos cortarle las alas al "autoritarismo tecnocrático" en que vivimos sin pagar los costos de un estallido social o de un golpe de Estado.

 

Twitter: @pepezd

 

 

 

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