Monday, 16 de December de 2019

Martes, 25 Agosto 2015 02:17

La ficción de los independientes




Written by  Jose Zenteno

La última reforma política realizada a nivel federal, abrió la caja de pandora al permitir que candidatos independientes compitan en las elecciones por puestos públicos. La reforma rompió los candados que impedían la participación como candidatos a cargos de elección popular de ciudadanos no vinculados con los partidos políticos. 


La última reforma política realizada a nivel federal, abrió la caja de pandora al permitir que candidatos independientes compitan en las elecciones por puestos públicos. La reforma rompió los candados que impedían la participación como candidatos a cargos de elección popular de ciudadanos no vinculados con los partidos políticos. ¿Cuál fue el propósito de la reforma federal? ¿Por qué las dirigencias nacionales de los partidos políticos y el gobierno federal dieron vía libre a las candidaturas independientes? ¿Fue un error de cálculo y les salió el tiro por la culata? ¿O fue un acto consciente y deliberado para conservar el poder? Creo que un poco de ambas.

 

Pocos imaginaron que el famoso Bronco tuviera la fuerza política para conseguir la candidatura y luego para vencer a los partidos políticos tradicionales, sin embargo, lo logró. La virginidad de la partidocracia se perdió en la primera elección en que se permitió la participación de candidatos independientes. En Nuevo León, un ex priista de la vieja guardia se envistió de ciudadano, salió a las calles promoviendo un evangelio político muy simple pero efectivo; "quitarle el poder a los políticos corruptos", y logró, al menos, quitarles el gobierno de ese estado.

 

El triunfo del Bronco me sorprende más por lo que sé que cuesta construir una candidatura, organizar una campaña política y finalmente ganar una elección, que por el hecho de que un señor como él pudiera ganarle a los partidos. Hay tal hartazgo en la población de este país que la gente es capaz de comprar cualquier expresión política nueva, distinta a la que ofrecen los partidos tradicionales. La partidocracia ha dejado insatisfechas las legítimas aspiraciones de los mexicanos a tener buenos gobiernos y a vivir en condiciones dignas. Por lo tanto, en este momento si alguien consigue ser candidato independiente tiene muchas posibilidades de ganar en las elecciones, la cuestión es llegar a la candidatura, hacer una campaña y tener la infraestructura humana que sostenga la elección; nada fácil. El costo económico de ese proceso a nivel de un estado como Nuevo León o Puebla está muy lejos del alcance de un ciudadano promedio.

 

Entonces, alguien tuvo que financiar al BRONCO. Ese "alguien" pudo ser el propio Estado Mexicano con el propósito legítimo de canalizar la insatisfacción social por la vía democrática y evitar así que crezca el encono hasta convertirse en violencia. Otra razón, puede ser la necesidad de tener listo el andamiaje jurídico para una candidatura presidencial independiente en 2018 que pudiera dividir las preferencias entre cuatro opciones; la de la derecha representada por el PAN, la de la izquierda representada por López Obrador, la de los poderes fácticos representados por el PRI y la de los "ciudadanos" representados por un independiente. Ese candidato pseudoindependiente, cumpliría con una función electoral simple pero efectiva: dividir el voto opositor al PRI para que ese partido pueda ganar con menos del 30% de los votos. Una apuesta arriesgada, pero posible en un escenario como el que se avizora en 2018.

 

El problema está en que la democracia impone altos costos económicos a quienes pretenden jugar en ella. Alguien tiene que financiar a los jugadores. En el sistema de partidos los jugadores se financian con recursos públicos y privados, están regulados por una legislación cada vez más estricta y están sujetos al régimen interno que las propias instituciones partidarias les imponen. Los independientes se brincan muchas de esas barreras y pueden (incluso deben) hacerse del apoyo financiero de quienes estén dispuestos a invertir en su aventura política. Hoy esa inversión tiene altas probabilidades de rendir jugosas ganancias, por eso fue que grupos económicos de Nuevo León le dieron al Bronco los recursos necesarios para ganar, recursos que después deberá devolver de algún modo.

 

Por otra parte, es de alto riesgo la apuesta por un sistema de líderes independientes que al final sólo le rinden cuentas a sus benefactores. Porque con un gobierno "independiente" puede pasar el peor de los escenarios posibles; un gobierno débil para hacer los cambios por carecer de aliados naturales en el poder legislativo y en los otros niveles de gobierno, comprometido con los poderes económicos y mediáticos que le facilitaron el triunfo, y obligado a coexistir con la burocracia heredada de la partidocracia con todos sus vicios, porque carece de suficiente gente con experiencia para gobernar. La transición de un sistema de partidos a uno de líderes independientes puede resultar peor de lo que hoy imaginan los ciudadanos.

 

A muchos mexicanos ya se les olvidó que la falta de instituciones políticas que ordenen y conduzcan la lucha por el poder, genera más conflictos hasta el punto de resultar en guerras internas. Las guerras de reforma, la Revolución, la cristera y muchas otras crisis e inestabilidad interna en el Siglo XIX y comienzos del XX, fueron consecuencia de carecer de instituciones políticas fuertes. La razón es muy simple; nunca desaparece la ambición que genera ostentar el poder y es precisamente esa ambición la que saca lo mejor y lo peor de las personas. Por eso,la competencia por el poder político siempre debe ordenarse, limitarse y conducirse dentro de un régimen institucional por imperfecto que pueda ser.

 

Lo descrito pudiera ser resultado del cálculo de la élite que se resiste a dejar el poder político en México ante una sociedad cansada de ella por los malos y corruptos gobiernos que ha producido. En contraparte, los ciudadanos encuentran en las candidaturas independientes una esperanza de cambio de régimen político y están dispuestos a luchar y a votar por esa nueva opción, aunque en el fondo sea solamente una quimera. Creo que juntos el cálculo político y el sueño de gobiernos legítimos son la combinación perfecta para la catástrofe. No quisiera sonar alarmista ni aguarle la fiesta a los buenos ciudadanos, pero corremos el riesgo de que a esta etapa de la historia nacional se le conozca como la "ficción de los independientes".

 

 

 

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