Sunday, 15 de December de 2019

Martes, 10 Marzo 2015 01:39

Abstención: la gran aliada del PRI y la gran enemiga de los demás




Written by  Jose Zenteno

Todas las encuestas anticipan que la próxima será una elección federal con escasa participación ciudadana. Nuestros números dicen que si hoy fueran las elecciones de diputados federales en Puebla, la participación difícilmente alcanzaría el 35  por ciento de la lista nominal del estado y rondaría el 30  por ciento de los electores del municipio de Puebla.


Todas las encuestas anticipan que la próxima será una elección federal con escasa participación ciudadana. Nuestros números dicen que si hoy fueran las elecciones de diputados federales en Puebla, la participación difícilmente alcanzaría el 35  por ciento de la lista nominal del estado y rondaría el 30  por ciento de los electores del municipio de Puebla. Esta situación demuestra que los candidatos a diputados de mayoría relativa podrían llegar a ocupar un escaño con apenas el apoyo del 12 o 15  por ciento de los electores inscritos en la lista nominal de sus distritos. Si las cosas continúan así, podría ocurrir que la próxima legislatura se integre con el menor apoyo social de que se tenga memoria.

 

¿Votar o no votar? ¿Soy o no soy elector? Es el dilema existencialista de la democracia electoral. ¿Puede llamársele democrático un sistema que sólo es capaz de convocar a la participación de un tercio de sus electores? ¿Las autoridades gozarán de legitimidad si sólo fueron electas por el 12  por ciento de los ciudadanos, muchos de ellos los más ignorantes de la sociedad?

 

Estas preguntas deberían ocupar el centro del debate político en las cámaras, en los círculos académicos y hasta en los programas de análisis político de la televisión y la radio. Rara vez se escuchan estas discusiones y nunca se han presentado propuestas serias encaminadas a corregir la cuestionable representatividad del sistema político. En algunos países es obligatorio que los ciudadanos voten, si no lo hacen sufren consecuencias como por ejemplo se les retira el pasaporte, se les quita algún subsidio del Estado o se les impone una multa. Aquí simplemente no pasa nada, aparentemente.

 

Si la ley exigiera la celebración de elecciones primarias con un mismo procedimiento para todos los partidos políticos, reglamentado y vigilado por la autoridad electoral, se corregiría la falta de representatividad del sistema político, lo cual lograría incrementar la participación ciudadana. Pero eso no les conviene.

 

Por ello, en las próximas elecciones el gran beneficiario de la abstención será el PRI. El no voto de los mexicanos se traducirá en una sobre representación de diputados para el partido en el poder y creará la percepción, equivocada, de que el gobierno federal obtuvo un voto de confianza de los electores. Eso no es necesariamente malo pero tampoco es justo y menos legítimo. Y no es malo porque de este modo el PRI no podrá objetar que su programa de gobierno no alcanzó los frutos deseados debido a una oposición que le impuso obstáculos en la Cámara de Diputados. Sin embargo, no será legítimo el mandato de los diputados que cobrarán una dieta del erario público y tomarán decisiones que nos afectarán a todos, únicamente con el respaldo de uno de cada ocho ciudadanos.

 

Es evidente que votar en las próximas elecciones federales resulta poco atractivo para los ciudadanos, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué se puede hacer para incentivar la participación? El asunto lo hemos estudiado en grupos de enfoque y después en encuestas.

 

La narrativa de los abstencionistas se puede describir de la siguiente forma: "mi voto no sirve para nada porque al final todo sigue igual o peor. Los diputados y en general los políticos sólo ven por sus intereses ya que realmente los elijen los de arriba y es a ellos a quienes benefician". En otras palabras, podría decirse que nuestro sistema político es percibido como una gran farsa, lo malo es que lo manifiestan de la peor forma posible; absteniéndose de votar.

 

Los pocos que sí quieren participar explican sus razones de dos maneras: "votar es una obligación ciudadana, así me lo enseñaron mis padres, además así ayudo a que gane el partido por el que siempre voto". Otros exponen argumentos muy distintos: "ya entendí que si anulo o me abstengo en realidad estoy ayudando a que ganen los partidos de siempre, en especial el PRI. Además, a mí no me importa que gane el partido por el cual voté, quiero que mi voto sea un mensaje de que estoy inconforme con lo que hace este gobierno". Esto significa que unos votan porque es una obligación o porque tienen un interés en que gane cierto partido, mientras que otros pocos lo hacen para mandar un mensaje de inconformidad y para dificultar que los partidos tradicionales sigan en el poder.

 

Si yo fuera asesor de un candidato del PRI le sugeriría que promueva acciones "ciudadanas" de no voto o de anulación del voto. Si fuera asesor de un candidato opositor al PRI, haría lo contrario. La cuestión está en encontrar el mensaje y los mensajeros adecuados para contrarrestar la enorme carga negativa que tiene el sistema político en el imaginario colectivo. La tarea se anticipa bastante difícil para los opositores ya que no sólo tienen que enfrentar a la maquinaria electoral del PRI, sino al descrédito de la clase política de la cual, inevitablemente, ellos forman parte.

 

Twitter: @pepezd

 

 

 

 

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