Lunes, 23 de Septiembre del 2019
Viernes, 01 Febrero 2019 05:04

Política Exterior de Estado

Política Exterior de Estado Escrito Por :   Cesar Zuñiga Salas

La Secretaría de Relaciones Exteriores es una institución de Estado, prestigiosa por muchos conceptos, pero que durante el periodo tecnocrático se le puso al servicio del gobierno en turno a fin de responder a sus compromisos inconfesables con el extranjero


 

Algo semejante ocurrió con otras dos instituciones reconocidas de carrera: la Secretaría de la Defensa y la de Marina. La competencia de sus miembros no fue el centro de nuestras demandas como oposición. La cuestión radicó en la supeditación de estos servicios a un diseño político opuesto a los principios constitucionales.

 

Fue así que el ciclo neoliberal no sólo implicó el ‘adelgazamiento’ del Estado y la reconversión de sus instituciones, sino la delimitación del rumbo que sólo optó por apuntar hacia el norte. La mutación esencial se inició con la aceptación por parte del gobierno de Miguel de la Madrid de las condiciones impuestas por el gobierno estadounidense para la renegociación de la deuda externa. Éstas comprendieron tanto la conducción de la economía mexicana supeditada a las “cartas de intención”, como la apertura unilateral de nuestras fronteras a los flujos comerciales y la adopción de una estrategia de “seguridad regional”, diseñada desde el extranjero. El “pragmatismo” fundado en una supuesta amistad y en una dudosa compatibilidad de intereses que condujo a concesiones progresivas que diluyeron los contornos de la soberanía nacional.

 

No obstante, hoy se presenta la oportunidad de ampliar las rutas y redefinir nuestra inserción en la globalidad. Como bien lo ha dicho el nuevo canciller mexicano durante la 30 Reunión de Embajadores y Cónsules: Aspiramos a tener la más estrecha y respetuosa relación con todos los países, por ende, es referencia obligada -continental y mundial- lograr nuevos objetivos estratégicos a partir del rediseño de nuestra política exterior, teniendo en cuenta como un factor esencial de las relaciones internaciones contemporáneas, la promoción económica, comercial, científica, tecnológica y sobre todo cultural, sin que ello trastoque el interés nacional.

 

Asimismo, reconoció la labor de aquellos que componen al Servicio Exterior Mexicano y los invitó a diseñar la política a seguir por los próximos seis años, pero sobre todo a defender activamente las causas globales que nos animan, como la lucha por los derechos humanos, el fortalecimiento de los valores democráticos y la preocupación sobre el cambio climático. Temas que forman parte de la convencionalidad a la que nuestro país de manera soberana se ha obligado. Mensaje que hace recordar el tiempo en el que la invocación de tratados y convenciones, así como la apelación a los organismos multilaterales era un arma de nuestra diplomacia.

 

Por su parte, el Ejecutivo federal externó durante su mensaje a cónsules y embajadores que la política exterior se regirá exclusivamente por lo mandatado “en el artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Por ende, se tendrán relaciones de amistad y respeto con todos los pueblos del mundo”. En stricto sensu, el recordatorio permanente de los principios contenidos en nuestra Carta Magna, los cuales son normas de la convivencia internacional. Principalmente los de no intervención, autodeterminación de los pueblos e igualdad jurídica de los Estados. En suma, la reivindicación de la “política de principios”: estrategia que emparejaba el terreno de las negociaciones entre países y regiones de muy distinto poderío.

 

Sin embargo, resulta necesario a fin de concretar el nuevo rumbo de nuestras relaciones internacionales, crear los mecanismos legales para la interiorización y cumplimiento de las obligaciones internacionales: implementación de tratados de derechos humanos a la juridicidad mexicana y reconocer la obligatoriedad de resoluciones emitidas por instancias internacionales en la materia. También, estructurar una política exterior de Estado que trascienda los sexenios, así como los órganos y actores responsables de ejecutarla; y establecer un vínculo claro entre el interés nacional y la política exterior. No sin antes constitucionalizar la creación de un órgano plural y participativo de la política exterior mexicana, así como el establecimiento del referéndum para aprobar los tratados que así se prevea.

 

La idea es darle, por primera vez, cuerpo y sentido de Estado a la política exterior contemporánea del país.

 

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