Miercoles, 21 de Agosto del 2019
Martes, 16 Julio 2019 02:37

A falta de enemigos, los migrantes

A falta de enemigos, los migrantes Escrito Por :   Silvino Vergara

“Los extranjeros sin papeles que viven en los Estados Unidos y construyen nuestras casas o limpian nuestros jardines no son personas, pero General Electric sí lo es: una persona inmortal y superpoderosa”. Noam Chomsky


 

La historia dicta que el poder del gobierno de Estados Unidos de América siempre ha tenido la necesidad de contar con un enemigo para justificar ante su población todas las medidas que impone al mundo: las guerras preventivas, la venta de armas, las invasiones militares, los golpes de Estado en los países de América latina, las devaluaciones provocadas, el apoyo económico a la oposición en los países gobernados por las izquierdas, la destrucción del medio ambiente. Todo ello siempre ha tenido una justificación y los enemigos siempre vienen de afuera del territorio de los Estados Unidos de América y nunca, nunca, pero nunca de su propio territorio. Por ello, la alusión al sistema del poder en el mundo de la sentencia de Carlos Marx: “una huelga generalizada de delincuentes habría que inventarlas, pues (de lo contrario) no habría razón para la existencia de la policía, jueces, cárceles, agencias de seguros, etcétera” (Zaffaroni, Raúl; et al.,  América y su porvenir jurídico, Buenos Aires: Ediar, 2016).

 

Por esa razón, en los tiempos del gobierno de Ronald Reagan se sostenía que era necesaria la existencia de enemigos del sistema norteamericano. En esos tiempos de la década de los ochenta del siglo XX, los terroristas que secuestraban las aerolíneas norteamericanas eran los habitantes de un pequeño país en Asia (Vietnam) o los pobladores de la isla caribeña de Granada, etcétera. Lo cierto es que siempre ha habido enemigos con qué justificar su hegemonía. Desde luego, el mejor pretexto fue la denominada guerra fría que se inició con las bombas de Hiroshima y Nagasaki y terminaron, emblemáticamente, con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989, cuya victoria total fue aquel día que se inauguró en Rusia el restaurante McDonald el 31 de enero de 1990, una inauguración en la que se atendió a 30 mil ingenuos comensales.

 

Los problemas de justificar a un enemigo se vinieron encima cuando la URSS se escindió y se fueron desintegrando las naciones de Europa oriental. Por tanto, ya no había un enemigo del calibre que se requería para seguir dominando el mundo. Por ello, el atentado de las Torres Gemelas en 2001 fue una nueva justificación para tener un enemigo desconocido, movedizo, incógnito, y que era idóneo para provocar la incertidumbre necesaria para implementar todas las medidas de control que se requerían para controlar el mundo; pero, desde luego, el enemigo fue vencido aunque nadie vio su cuerpo.

 

En los últimos tiempos ha disminuido el riesgo del terrorismo oriental, pero también es latente que es necesario contar con enemigos. Ahora bien, hoy no existen y, entonces, es necesario provocarlos. Por ello, el presidente actual de Estados Unidos de América, en los tiempos de su campaña electoral, sostenía que: “Los cárteles mexicanos de droga están vinculados al Estado Islámico y colaboran para enviar terroristas por la frontera y matar a ciudadanos de Arkansas. Y, claro está, todo es culpa del presidente Obama por permitir que la frontera sea tan porosa, etcétera” (Chomsky, Noam, Malestar global. Conversaciones con David Barsamian sobre las crecientes amenazas a la democracia, Madrid y Monterrey: Sexto Piso, Unidad Autónoma de Nuevo León, 2018). Así mismo, en lo que lleva de gobierno, ha ‘volteado la cabeza’ hacia los migrantes, particularmente los provenientes de América latina; hacia aquellos con los que ha convivido durante toda su vida, de quienes dependen muchas de las actividades de esa nación; pero que no pueden regularizar fácilmente su estancia porque causaría aumento de salarios, exigencia de derechos y servicios de salud. Por ello, es necesario tenerlos en la ilegalidad. Sin embargo, hoy se requieren para otra finalidad, pues a falta de comunistas, socialistas, políticas de izquierda, terroristas, musulmanes, narcotraficantes, entonces, se los necesita como el enemigo que no hay.

 

Ya lo sentenciaba Zygmunt Bauman: “Sacar partido de la inquietud provocada por la afluencia de extranjeros es una tentación que muy pocos políticos podrían resistir” (Bauman, Zygmunt, Extraños llamando a la puerta, Barcelona, Paidós, 2016). Y esto es lo que, artificialmente, se está creando en los meses más cercanos a las elecciones en el país del norte: el repudio sobre los migrantes. Un enemigo que no puede sino perder, pues no tiene la misma fuerza que los otros enemigos que ha tenido Estados Unidos de América; no cuentan con bombas, con recursos económicos ni con ideología alguna, más que salir huyendo de aquellos países que fueron desbastados, particularmente en los tiempos de Ronald Reagan, en Centroamérica: Honduras, Guatemala, el Salvador y Nicaragua. Hoy esos “poderosos” enemigos son la justificación de todo el sistema norteamericano actual. Ya será el momento para cambiar de enemigos; pero, por lo pronto, a falta de enemigos, los migrantes.

 

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