Miercoles, 21 de Agosto del 2019
Martes, 30 Julio 2019 01:29

Se permite contaminar

Se permite contaminar Escrito Por :   Silvino Vergara

“En América Latina es lo normal: siempre se entregan los recursos en nombre de la falta de recursos”. Eduardo Galeano


 

En días pasados, se puso a la luz pública la dramática situación en que se encuentra la contaminación del lago de Valsequillo en Puebla, al grado tal que la espuma de jabón que se produce y acumula allí por la alta y descontrolada contaminación, ahogó un vehículo y a una persona; pero como fue una noticia pasajera, se ha olvidado en el camino de tantas noticias de muertes violentas, fosas clandestinas, desapariciones, desplazados, migrantes. Pese a esto, en realidad, se debe abordar con la seriedad necesaria para que no se convierta en una noticia de las que siempre se termina por escuchar que “se estarán tomando las medidas necesarias”.

 

En otros países, donde el cuidado al medio ambiente es uno de los temas centrales, como son los denominados países del primer mundo, desde luego que una noticia así hubiera causado la revocación de concesiones, clausuras, multas millonarias, renuncias, detenciones, fincamientos de responsabilidad de servidores públicos, etcétera. Pero en América latina estamos acostumbrados a ese grado o más de contaminación; algo por lo que incluso los ‘gringos’ en parte nos han denominado como su ‘patio trasero’. América latina se ha convertido, precisamente, en el lugar donde se puede cometer el mayor número de desastres ecológicos sin que nadie diga nada ni se provoque ninguna reacción en su perjuicio; por el contrario, se ve a las industrias contaminantes con buenos ojos porque son inversionistas de nuestros suelos y no contaminadores del medio ambiente.

 

La historia verdadera, la que se debe contar —a decir de Enrique Dussel—, es la de los vencidos y no la de los vencedores. Por ello, no se conoce en los libros de historia oficial toda la serie de catástrofes ecológicas que se ha presentado a lo largo de la historia de México y de Latinoamérica, sobre todo desde los tiempos de la conquista. Además, basta con observar que las grandes empresas se sitúan actualmente en estos territorios analizando los sistemas jurídicos de cada nación, en particular los siguientes: las cargas fiscales, las cargas laborales y las obligaciones medioambientales. Entonces, se instalan donde mayor flexibilidad existe. Por ello, lagunas, tierra, mares, ríos, suelos de esta región se encuentran lamentablemente contaminados y no hay posibilidad alguna que se puedan revertir esos daños ni, menos aún, existe interés en darle algún seguimiento a esas catástrofes ambientales para, por lo menos, disminuir el impacto de las mismas.

 

Basta con leer las obras de Noam Chomsky, Eduardo Galeano, Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, entre otros muchos más para darse una idea de lo que está sucediendo y lo que ha sucedido con la contaminación del medio ambiente en esta región del mundo. Por ejemplo, golpes de Estado para proteger empresas contaminantes es el signo distintivo en Guatemala; mismos golpes de Estado en Nicaragua para evitar pago por indemnizaciones de las empresas norteamericanas al contaminar el lago más representativo de esa nación; también está el desplazamiento forzoso de personas en México por la instalación de nuevos centros turísticos, campos de golf, desarrollos habitacionales. Todo ello es un singo distintivo de la ‘modernidad’ de los últimos años en México, que hoy sigue con el proyecto del Tren Maya y otras obras en el Istmo de Tehuantepec.

 

Las políticas públicas del país no se han preocupado por esta catástrofe ambiental, pues las instituciones que se encargan de estas labores trabajan sin recursos económicos, con poco personal y con regulaciones jurídicas absurdas. Se trabaja con leyes y reglamentaciones preocupados en que se vigile puntualmente que la industria contaminante mantenga sellada o actualizada la libreta de control de contaminantes, en que se tenga la autorización de laboratorios, muchas de las veces de dudosa creencia y, por ende, procedencia. Un ambiente en el que las autoridades ambientales imponen multas absurdas y exorbitantes e impagables, la cuales provocan, al final, la quiebra de las empresas y el desempleo inherente a ello; donde las autoridades no están sino confundidas en que si las regulaciones que están observando son de orden federal, estatal o municipal y, en tanto, se presenta toda esa serie de calamidades.

 

Hay un partido político cuya bandera es la protección al medio ambiente y la cual ha sobrevivido normalmente como apéndice del partido que se encuentra en el poder. Sin embargo, todas ellas son propuestas partidistas que se han limitado en gastar el presupuesto de los contribuyentes en publicidad para cuidar a los animalitos del circo, de los delfinarios y en insistir en la prohibición de la tauromaquia, de las peleas de gallos y del deporte nacional, que es el jaripeo. Por ello, definitivamente, “se permite contaminar”.

 

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