Jueves, 20 de Febrero del 2020
Lunes, 13 Enero 2020 02:32

No entendieron nada

No entendieron nada Escrito Por :   Euripides Flores

Como sucede con algunos grupos de interés a nivel nacional que no logran interpretar la nueva realidad a partir de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México, en Puebla existen grupos, sobre todo vinculados al extinto régimen local, que viven en una continua histeria con el avance del gobierno de Miguel Barbosa. 


 

Desde el triunfo electoral del obradorismo en las elecciones de 2018 inició una nueva etapa en la vida pública de México, una nueva realidad política que ha implicado desafiar prácticamente todos los dogmas del antiguo régimen. A la idea de que la corrupción era una cuestión impregnada en la cultura del mexicano, la sustituyó la visión del México de valores culturales, morales y espirituales. En lo económico se derrumban los fundamentalismos neoliberales, y en lo social quedaron atrás los programas clientelares y asistencialistas, hoy se tiene la inversión más grande de la historia en programas de bienestar con enfoque de derechos universales, entre otros muchos ejemplos.

 

Esta nueva realidad ha golpeado intereses que se habían acomodado y se servían del estado de cosas anterior. Muchos de esos intereses todavía tienen vocerías en medios de comunicación y en partidos políticos de oposición. Como era de esperarse, estos intereses reclaman y se duelen de las transformaciones que se llevan a cabo en el país. En realidad, los reclamos significan la añoranza del pasado que la gente sepultó por la vía electoral.

 

Con la llegada de Miguel Barbosa al gobierno de Puebla y el paulatino despliegue de su acción gubernamental, vemos el mismo fenómeno. Los grupos que se sirvieron del estado de cosas en el extinto régimen sufren y protestan con cada determinación que golpea sus inconfesables intereses.

 

El gobierno barbosista está avanzando en desmontar las premisas y el sistema de corrupción, derroche y excesos que se instauró y llevó hasta el hastío a la gente en Puebla. Ese es el trabajo que está llevando a cabo en la nueva administración poblana, la de acabar con todo lo viejo y establecer un todo nuevo. En ese camino hay de todo, transformaciones de fondo, de forma y hasta simbólicas. Por eso la sustitución de los colores en edificios y bienes públicos; el cuestionamiento al “ícono” cultural, el Museo Barroco; y hasta la ubicación de la Rueda de la fortuna. Todos símbolos de un régimen extinto. 

 

En respuesta, vemos a personajes que hasta hace no mucho tiempo ocupaban los principales espacios de poder en el Estado (con muy pobres resultados, por cierto), vociferando por los cambios que se están llevando a cabo, aunque parecen ignorar que en realidad se trata de la ejecución del mandato popular en las urnas. Porque si no entendieron que la votación de 2019, entre otras cosas, fue por sepultar al régimen anterior, entonces, no entendieron nada.

 

El gobierno de Miguel Barbosa continuará ejerciendo su mandato de transformación. Seguiremos viendo a un gobernador cercano, atendiendo a la gente directamente en audiencias públicas, tomando en sus manos y resolviendo los complejos problemas del Estado; también seguirá sepultándose todo lo viejo y se consolidará el nuevo modelo local de servicio al pueblo. Los que no entendieron,  seguirán en la histeria sin saber cómo enfrentar la nueva realidad política en Puebla.  

 

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