Miercoles, 19 de Junio del 2019
Jueves, 03 Enero 2019 20:52

Polarización en Puebla

Polarización en Puebla Escrito Por :   Mario Riestra Piña

Puebla vive un ambiente de gran polarización. Como no sucedía en más de 40 años, tanto la clase política como la sociedad en general se encuentran dividas.


 

 

Las redes sociales han dado muestra de ello. No pocos han sido los que han mostrado nula humanidad ante la tragedia. Juicios, burlas, hipótesis y comentarios fuera de lugar, abundaron. En el otro extremo, de inmediato surgieron inferencias condenatorias que encontraron culpable al nuevo gobierno federal. Además, disparatadas teorías de la conspiración que en nada abonan a la información y reconciliación de la ciudadanía, se hicieron presentes.

 

La polarización, sin embargo, no comenzó el pasado 24 de diciembre. La campaña electoral y el posterior conflicto jurídico –resuelto en definitiva en favor de la gobernadora Martha Erika Alonso (QEPD) una semana antes de su toma de protesta– influyeron para que las pasiones se desbordaran al grado de que diferentes instituciones públicas sufrieron el contagio. Sin embargo, la división política y social en nuestro estado tiene raíces más profundas y añejas. A fin de iniciar una nueva era de armonía y reconciliación, resulta indispensable reconocer que la polarización venía gestándose desde hace años.

 

Incluso al interior del PAN, la polarización y división es cosa de hace tiempo. Se logró transitar la elección de 2013 con un acuerdo que no fue de largo aliento y sólo se postergaron los conflictos. Así transcurrió también el 2016, sin resolver de fondo las diferencias y, durante la elección de 2018, apenas se logró la coincidencia mínima de intereses, enfocados en el inmediato plazo, sin resolver de raíz las divergencias. De una manera similar, se ha venido profundizando también la polarización social.

 

Por ello, todos los actores políticos estamos llamados a hacer un esfuerzo adicional. Retornar al ejercicio cotidiano y tradicional de hacer política debe ser una imperiosa necesidad. Recuperar la capacidad de diálogo con todos los sectores (a pesar de las desavenencias pasadas) no debe extrañar a nadie. Conversar con los que piensan distinto conlleva, en sí mismo, la voluntad de ser empático –ponerse en los zapatos del interlocutor. La interlocución política genera, en automático, la búsqueda de coincidencias y, más importante, hacer política implica la disposición de ceder ante argumentos válidos, así como el esmero sincero de convencer bajo el amparo de la razón y no por el peso del poder.

 

En estos momentos convulsos de Puebla, hacer política de manera transparente y sin una agenda personal no debe espantar a nadie. Así es como muchos esperamos que se procese en el Congreso local la designación del gobernador interino. Por ello, más allá de los supuestos constitucionales para su votación, idealmente, ésta debiera ser unánime. Un nuevo ejecutivo (en tanto se materializa el proceso electoral) con el más amplio consenso en su origen, constituye el mejor de los augurios para construir la armonía y la reconciliación. Si bien la unanimidad por si sola no es un fin, en caso de surgir como resultado de un proceso político, como el antes descrito, traerá seguramente resultados positivos.

 

El próximo proceso electoral, dadas las condiciones antes descritas, será el más complejo y competido en la historia local. Contar con un gobernador interino avalado por todas las expresiones políticas y sociales, podría ser la mejor noticia para arrancar el año 2019.

 

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