Jueves, 20 de Febrero del 2020
Martes, 17 Diciembre 2019 02:19

¿Qué nos pasa?

¿Qué nos pasa? Escrito Por :   Irma Sánchez

Francamente estoy atónita y molesta.


 

No se trata de una película de enredos, pero sí hay enredos y me refiero al traído y llevado TMEC.

 

Toda mi vida me he considerado exclusivamente reportera, y el reportear es la esencia del periodismo. Dígase lo que se diga. Así por este oficio he tenido la oportunidad de adentrarme en la economía de la cual no me considero especialista, pero sí a través de gente de la Academia y la iniciativa privada he aprendido mucho.

 

Recuerdo el exitoso  TLC que fue firmado en 1994 por el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y que el tiempo le ha dado la razón de que fue estupendamente asesorado  por verdaderos especialistas como Jaime Serra Puche, Herminio Blanco, Jaime Zabludovsky,  Juan Gallardo, y Claudio X González. Ese tratado analizado con objetividad  ha servido para detener paradas, y alcanzar la estabilidad  de México en lo económico. Desde luego nadie ya se acuerda de esto, y para el gobierno de la 4T, Carlos Salinas es el innombrable, el creador de las políticas neoliberales y el responsable de todo lo malo que le ha pasado a México y, desde luego, lo que le pasará en este sexenio.

 

Después, para renovarse este nuevo tratado, el gobierno del defenestrado presidente Enrique Peña Nieto nombró a varios asesores, entre ellos a Ildefonso Guajardo, Luis Videgaray y otros. Tratado que no pudo ser firmado en el sexenio pepita porque llegó el señor Trump y todos sabemos de lo que es capaz.

 

La semana pasada y después de dimes y diretes a favor y en contra, el presidente AMLO anunció con bombos y platillos que el TMEC, nueva denominación del TLC, se firmaría en cuestión horas. Y así fue, las estrellas de la negociación Jesús Seade Kuri y Marcelo Ebrard crecieron como muñecos de malvavisco de la película de los fantasmas. El presidente AMLO estuvo eufórico. Tuvo los elogios más grandes para el señor Trump y reiteró que además de respetarse tenían grandes afectos entre sí.

 

La euforia en el Palacio Nacional motivó un efecto telúrico para los políticos de la 4T y empresarios. Pero bien dicen que uno propone, Dios dispone, llega el diablo y todo lo descompone. Y la gente acuciosa que fue desoída por el presidente AMLO, a la que identificaban “el cuarto de junto”, compuesto por empresarios mexicanos; empezaron a leer el acuerdo firmado y encontraron una serie de bombas ocultas que los políticos republicanos de Estados Unidos adicionaron o anexaron al documento y entre otras cosas comprometen  a México especialmente en la parte laboral, ya que los Estados Unidos tendrían derecho a agregar attaches o agregados o supervisores que juzgarían las relaciones entre sindicatos, obreros, patrones y autoridades para igualar  las tarifas de salarios, principalmente en la industria automotriz de México con los de Canadá y Estados Unidos los que resulta imposible.

 

Claro que sería extraordinario que el trabajador mexicano ganara tres mil pesos diarios, pero desencadenarían un desequilibrio con otros trabajadores mexicanos. A partir de ese momento las rentas de casa se irían al doble o triple, los alimentos sufrirían un desbalance, y las mismas fábricas automotrices tendrían que encarecer su producción.

 

Así yo como muchos mexicanos me pregunto, ¿por qué no leyeron antes nuestros negociadores?

 

Me queda la moraleja de pensar que una cosa es gobernar y otra criticar, atacar y defenestrar a los que gobernaron antes.

 

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