Sábado, 19 de Octubre del 2019
Martes, 30 Abril 2019 03:08

PRI y PAN se olvidan de su pasado reciente

PRI y PAN se olvidan de su pasado reciente Escrito Por :   Gabriel Sánchez Andraca

            Tal vez desesperados porque ven con más claridad su derrota en las elecciones extraordinarias del próximo 2 de junio, el PRI y el PAN, a través de la secretaria general del primero, Xitlalic Ceja García y de la presidenta estatal del segundo, Genoveva Huerta, arremetieron ayer contra el candidato de Morena a la gubernatura del estado, Luis Miguel Barbosa, llamándolo oscuro y mentiroso y acusando a los priistas que se han pasado del lado del partido gobernante a nivel nacional, como lo peor de Puebla.


 

            Los dirigentes de los partidos que han gobernado a México en los últimos 30 años y que por lo tanto, son los responsables de la decadencia del país en lo político, en lo social y en lo económico, no pueden darse el lujo, como hicieron quienes les antecedieron en las direcciones de sus respectivos partidos, de pensar que el pueblo no tiene memoria, que los mexicanos somos retrasados mentales.

 

           Todos recuerdan que el desmantelamiento del sistema nacionalista y revolucionario instaurado por el PRI, que nos permitió avanzar en la construcción de un país moderno, con una clase media fuerte, que se formó en los gobiernos revolucionarios gracias al impulso a la educación, a la salud, al campo y a la organización de los obreros, burócratas y pequeños y medianos empresarios, lo iniciaron los tecnócratas priistas que arribaron al poder con Carlos Salinas de Gortari y terminaron su obra, que por poco termina con el país, con Enrique Peña Nieto, pasando 12 años, dos largos sexenios de panismo representado por Vicente Fox y Felipe Calderón, cuyos gobiernos fueron igual o peor que los de la tecnocracia priista.

 

             En Puebla hubo un sexenio panista que dejó a la entidad con una deuda de miles de millones de pesos, que se emplearon en realizar obras suntuosas, con costos elevadísimos y sin ninguna repercusión social, como el Museo Internacional del Barroco, cuyo edificio, sólo el edificio, tuvo un costo superior a los siete mil millones de pesos; un sexenio en el que con autorización de un Congreso local comprado, incluyendo a los diputados priistas que eran fracción minoritaria, se privatizó el sistema de agua potable, lo que ha repercutido en un encarecimiento de ese servicio contra el que se han pronunciado miles de personas que están sufriendo las consecuencias de esa decisión, que sólo beneficia al gobernante de entonces y a un grupo de amigos empresarios fuereños.

 

            La secretaria general del comité estatal del PRI reconoció que la dirigencia de su partido se había alejado de las bases. No, no sólo se alejó, las golpeó y las humilló hasta hacerlas sentir basura.

 

           Abandonó el trabajo que todo partido político debería realizar y que sólo el PRI llevaba a cabo, de formar cuadros capacitados y entrenados, para el desempeño de las tareas políticas y de gobierno.

 

          La mayor ofensa que los priistas recibieron de sus dirigentes fue la de no reconocer su trabajo dentro de su organización partidista y empezar a favorecer con las candidaturas para los puestos públicos, a familiares y empleados cercanos. El amiguismo y el nepotismo, en todo su esplendor.

 

         Se queja de traición a su ideología y a sus principios. ¿Quién les enseñó, de hace 30 años a la fecha, esa ideología y esos principios que los tecnócratas que se apoderaron del priismo, fueron los primeros en rechazar y eliminar?

 

         Nadie pone en duda que el candidato del PRI, el ingeniero Alberto Jiménez Merino, es un muy buen candidato. ¿Por qué no lo lanzaron antes? Porque al luchar por el impulso a la agricultura de subsistencia para hacer autosuficientes a los campesinos minifundistas que son la mayoría, estaba colocándose en contra de la política neoliberal que nos fue impuesta desde fuera, aprovechando que los gobernantes mexicanos eran egresados de universidades ‘gringas’, como Harvard.

 

          Jiménez Merino no encajaba en esa política del capitalismo salvaje, pues él, como funcionario de Agricultura y como diputado federal, siempre estuvo luchando  por la independencia alimentaria de nuestro país, que en vez de producir sus alimentos básicos como maíz, frijol, arroz, leche y otros lácteos, los importaba, porque esas eran las indicaciones que recibían del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, operadores del en otro tiempo llamado “imperialismo yanqui”.

 

           Además, el ahora candidato del PRI era egresado de la Universidad de Chapingo, institución de gran prestigio en nuestro país y que él llegó a dirigir, pero para los gobiernos de entonces lo relevante era tener un doctorado de Harvard o de la Universidad de Boston, no de nuestra antigua Escuela Nacional de Agricultura, ahora Universidad de Chapingo, que llegó a tener fama internacional, al grado de que en ella se formó como ingeniero agrónomo un nieto del emperador de Etiopía.

 

             Ya en su etapa final, los partidos políticos han empezado a utilizar la ‘guerra sucia’ traída a México en el año 2000, por el cristianísimo Partido Acción Nacional.

 

              ¿Por qué no mejor presentan sus planes y proyectos de gobierno, por qué no hablan de lo que se proponen hacer para aminorar, que no acabar, con la inseguridad y la violencia que prevalece en el país y en el estado?, ¿por qué no exponer sus planes para mejorar la procuración e impartición de justicia? ¿Cuáles son sus proyectos para impulsar la agricultura y la ganadería a fin de terminar o aminorar la emigración de los campesinos a Estados Unidos o a las grandes ciudades de nuestro país a realizar trabajos de servidumbre o de vendedores ambulantes?

 

              Hay mucho de lo que los candidatos pueden hablar para convencer a los electores, pero los políticos de ahora prefieren utilizar los insultos, las acusaciones sin pruebas, las descalificaciones, etc.

 

              Todos, políticos y partidos, tienen ‘cola que les pisen’. Es mejor actuar en positivo que en negativo, hacer esto último es lo que ha contribuido a desprestigiar a la actividad política en general y a los partidos y a los políticos en particular.

 

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