Jueves, 05 de Diciembre del 2019
Miércoles, 13 Noviembre 2019 22:17

La desesperación del PAN

La percepción de la ciudadanía en general es que el Partido Acción Nacional está desesperado por su derrota y por sus graves problemas internos que no encuentra cómo resolver.


 

El espectáculo que dio el senador panista Gustavo Madero en la Cámara de Senadores durante la protesta como presidenta de la Comisión Nacional de Defensa de los Derechos Humanos, es por decir lo menos, lamentable.

 

Fue un reflejo claro de la desesperación que existe entre las cúpulas partidistas que ven alejarse la posibilidad de aumentar su número de diputados en la próxima legislatura, de ver disminuida su influencia en las entidades federativas donde tiene presencia y teme perder muchos de los ayuntamientos que gobierna.

 

Acaba de perder después de más de 30 años de gobernarlo el estado de Baja California y otros estados gobernados por panistas, presentan los más elevados índices de inseguridad y violencia como son: Chihuahua y Guanajuato.

 

Cuando el dirigente nacional de ese partido, Marko Cortés, viene a Puebla y dice que va a defender a “los panistas” que sufren persecución del gobierno estatal, no sabe lo que dice. No quiere darse cuenta de la realidad porque no le conviene. El diputado y coordinador de la bancada de Morena en el Congreso local, Gabriel Biestro Medinilla, le informa lo que al parecer don Marko no sabe o finge no saber, que el gobierno panista que tuvo Puebla “a dónde uno voltee, donde lo tocó el panismo, hay corrupción, hay saqueo, hay abuso de poder, hay tráfico de influencias y eso a la gente no se le olvida. El PAN está muy desacreditado”, dijo.

 

Y a nivel nacional, los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón fueron un ejemplo de ineficiencia, de corrupción, de falta de oficio político y de sensibilidad social.

 

Y ante la acusación de que el secretario general de Gobierno, Fernando Manzanilla, tiene injerencia en el PAN, el propio funcionario lo niega rotundamente, pero aclara que durante ocho años el PAN sí estuvo intervenido desde el gobierno. Fue una intervención directa, señaló.

 

Manzanilla negó que el gobierno estatal de Barbosa Huerta pretenda manejar al PAN o a cualquier otro partido. Las indicaciones del gobernador a los altos funcionarios del gobierno han sido categóricas: ninguna intervención de funcionarios públicos en los partidos políticos, “como sí las hubo en el periodo de Rafael Moreno Valle Rosas, quien desde el poder manejó al PAN e intervino en otras agrupaciones políticas”.

 

Las acusaciones que se hacen al hoy secretario general de Gobierno, dice, provienen de grupos de derecha y de ultraizquierda, tal vez porque mantiene relaciones amistosas con priistas, panistas, perredistas y morenistas, “pero yo continuaré trabajando al margen de los partidos, como son las indicaciones del gobernador y manteniendo las relaciones amistosas con todos por igual”.

 

La diputada panista Mónica Rodríguez Della Vecchia tiene razón al afirmar que el dirigente nacional de su partido, Marko Cortés, no vino a imponer a Luis Alberto Aguilera como enlace con el Comité Ejecutivo Nacional.

 

No hay por qué imponer a un funcionario partidista en tal o cual puesto. Lo que pasa es que en un partido tan dividido, tan fragmentado como lo está el PAN, se protesta por todo, se discute por todo.

 

Acción Nacional de tanto aliarse con el PRD acabó siendo como él: un partido de grupos, de tribus, de corrientes, y ahora ya no sabe cómo hacerle para recobrar la unidad por muchas declaraciones que haga al respecto.

 

No ha pasado desapercibido el rumor, casi confirmado oficialmente, de una probable alianza electoral entre el PRI y el PAN para las próximas elecciones.

 

Esa posibilidad que se ha venido manejando desde hace tiempo y que ahora ha arreciado debido al desplazamiento de priistas y panistas del poder no gusta ni a priistas convencidos de las bondades de su partido surgido de la Revolución de 1910, ni a panistas que consideran una traición a los postulados de sus “padres fundadores”.

 

El PAN nació hace 80 años para combatir al PRI que prácticamente se había adueñado del país.

 

Los panistas en los inicios de su partido proponían una democracia cristiana basada en los principios de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, por ser la religión mayoritaria en ese tiempo. Según algunos estudiosos, el PAN y la Unión Nacional Sinarquistas fueron fundados como un proyecto de la derecha para volver al sistema colonial español de  un gobierno civil aliado con un gobierno eclesiástico para llevar a los gobernados por el camino del bien, aunque eso sí, divididos según las clases sociales: los bien portados, educados en colegios confesionales de hombres y mujeres, con carreras universitarias y con recursos económicos, por un lado haciéndose cargo del gobierno y de los principales medios de producción. Por el otro, a los pobres, los indios y mestizos de clase madia-media para abajo, dedicados a trabajar para los primeros que los educarían a los principios de la religión y la obediencia a las autoridades.

 

Ese sistema fue replantado en el cine Puebla un 24 de febrero de los años setenta, cuando fue fundado el DHIAC, organismo empresarial que fue el principio del plan para adueñarse de Acción Nacional, como si fuera  franquicia de una gran empresa.

 

Fue un buen plan, que llegó a desplazar al PRI de Los Pinos y que durante 12 años asumió el gobierno de la República. Pero los dos presidentes panistas fueron tan carentes de sensibilidad política y social, tan desprovistos de oficio político, que actualmente estamos sufriendo las consecuencias de esos pésimos gobiernos: el desempleo y la decadencia económica se inició con Fox y la inseguridad y el incremento de la criminalidad fue obra de Calderón. Es lo que los panistas olvidan o tratan de olvidar.

 

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