Martes, 22 de Octubre del 2019
Miércoles, 13 Febrero 2019 02:19

El derrumbe de los partidos políticos

El derrumbe de los partidos políticos Escrito Por :   Gabriel Sánchez Andraca

            Lo que está aconteciendo en Puebla es una clara señal de que los partidos políticos se están derrumbando. Los tres considerados más fuertes: Morena, PRI y PAN, confrontan serios problemas para entrar con candidatos propios a la contienda electoral para elegir gobernador del estado.


 

            Morena es el partido político más fuerte por el número de personas que agrupa en sus filas, pero sus debilidades son muchas: está conformado, principalmente, por egresados de otras formaciones políticas, como el PRD, el PRI, el PAN y el Verde. Son muchos, pero carecen de una línea ideológica clara, precisa, que les dé identidad.

 

            Es un partido que carece de estructura, de organización y por lo consiguiente, no es controlable, como lo demuestra el hecho de que haya estallado una fuerte división en su interior por la designación de su candidato al Gobierno del Estado y que se lancen acusaciones y denuestos entre los dos grupos en pugna.

 

             La imagen de división, de desorganización y de carencia de ideología, salta por todas partes.

 

              Sólo hay un punto de unión entre los cientos de miles de morenistas, Andrés Manuel López Obrador, que además, está sufriendo un natural desgaste por su actuación en la primera parte de su gobierno.

 

               El Movimiento Regeneración Nacional sigue siendo eso, un movimiento y no un partido político, lo que es una desventaja, cuando ya se está en el gobierno y se controlan los tres poderes.

 

               Los partidos tradicionales: PRI (liberal) PAN, (conservador) y PRD (de izquierda) han sufrido una caída en la pasada elección, que los coloca al borde de la quiebra económica, política y moral.

 

              Ya no representan lo que dicen representar; todos han perdido su ideología básica y ya son lo mismo ‘Chana que Juana’. Esa es una gran desventaja, pues los expone al surgimiento del  oportunismo que representa a los ‘vivales’ que van en busca de alguna posición de poder para satisfacer sus ambiciones personales o de grupo. Nada que tenga que ver con el servicio al pueblo, con el interés por resolver los problemas que aquejan a la sociedad.

 

             Los priistas estaban cayendo ya en una burda imitación de los gobiernos aristocráticos, colocando a sus familiares y allegados en candidaturas para ingresar al poder político. Ese fue uno de los motivos de su caída. La militancia priista se sentía relegada y hasta despreciada por sus cúpulas y éstas, cegadas por su soberbia y su ambición, o no se daban cuenta o no querían darse cuenta, hasta que una votación aplastante en su contra los despertó a la realidad.

 

              El PAN siempre ha sido un partido mediano que se negaba a crecer. Formado por gentes allegadas a la Iglesia católica y buscando beneficiar desde el poder a la estructura eclesiástica, se mantuvo a flote durante más de medio siglo, hasta que el gobierno de José López Portillo nacionalizó la banca y esa clase social sintió pasos en la azotea.

 

             Los organismos empresariales de derecha adquirieron a Acción Nacional, como si fuera franquicia y desde los años 80 ese partido así ha funcionado. En Puebla fue franquicia del grupo conformado por el fallecido ex gobernador Rafael Moreno Valle, cuya corriente llamada morenovallista desplazó a los panistas tradicionales y controló todo el aparato político, sobre todo después de que en el 2010 ganó el gobierno poblano.

 

                Las extrañas alianzas del PAN con el PRD dieron al traste con este partido sedicente de izquierda. Decepcionó a muchos de sus seguidores que cuando tuvieron oportunidad (el surgimiento de Morena) de buscar una alternativa, la encontraron en ese movimiento, ahora partido político.

 

                 Los partidos políticos en Puebla están deshechos, fuera de combate, pero aun así andan buscando y peleando posiciones, entre ellas la gubernatura.

 

                   Lo que estamos viendo es una lucha desigual entre todos ellos, para llegar al gobierno de Puebla. Para la ciudadanía no es el mejor momento, para los partidos menos. Es de esperarse que la situación que se vive en Puebla haga reflexionar a los políticos sobre la necesidad de hacer de sus partidos organizaciones bien estructuradas, con militantes bien capacitados en cuestiones políticas y con líderes de espíritu democrático con verdaderos deseos de servir y no de servirse o de que los sirvan.

 

              

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