Sábado, 19 de Octubre del 2019
Miércoles, 27 Marzo 2019 02:53

AMLO es un presidente estilo Manny Pacquiao

AMLO es un presidente estilo Manny Pacquiao Escrito Por :   Arturo Rueda

Lo único que puede concluirse de todo esto es que López Obrador no sabe vivir, ni hacer política, ni ser presidente, sin el conflicto. Así entiende la realidad, y si no tiene enemigos-adversarios a la mano, los inventa. Lo importante es seguir tirando golpes, o en su terminología beisbolística, seguir lanzando ‘pejeñomas’ para ponchar a sus adversarios. El presidente vive encerrado en su propio ring


 

Andrés Manuel López Obrador apenas va a terminar su cuarto mes de gobierno y el país da muestras de agotamiento. Tantos golpes ha tirado en tan poco tiempo que parece que vamos a la mitad del sexenio. No hay semana que no sea caótica, llena de sorpresas que a veces surgen de las mañaneras, otras de la ‘prensa fifí’, otras de sus propias ocurrencias.

 

Pero ninguna tan caótica como ésta. Dio inicio con la rechifla monumental en la inauguración del estadio de los Diablos Rojos, siguió con la carta dirigida al rey de España para que pida disculpas por los excesos de la conquista, siguió con la conmemoración de la batalla de Centla que da inicio a un revisionismo histórico, y va en el tumulto de su llegada a Mexicali, donde fue asediado por la prensa local que le exigía respuestas e información.

 

Como presidente de México, AMLO es un tornado que cada mañana busca a su enemigo, real o inventado. Formado en la oposición, en lo antisistémico, ahora que debe ser gobierno, oficialista y sistémico, inventa enemigos para seguir siendo oposición. Lo antisistémico desde lo sistémico. Un golpeador, ahora, desde el ring presidencial.

 

No hay, por supuesto, punto comparativo entre los hombres de poder que han gobernado México previamente. La primera diferencia salta a la vista, pues mientras todos los presidentes se formaron en la administración pública o en la vida parlamentaria del Congreso, AMLO es el primer líder de masas que ocupa el Palacio Nacional.

 

El segundo aspecto que se pasa por alto es que también se trata del presidente más comunicador de la historia. Con motivo de sus primeros 100 días de gobierno, se dio a conocer la estadística de que en sesenta y tantas conferencias de prensa mañaneras ya ha hablado más que Obama en sus ocho años de presidente. Por supuesto, más que Peña Nieto, quien soportó en silencio la lapidación de la prensa crítica.

 

Las encuestas señalan la alta popularidad del tabasqueño pese al asedio de la ‘prensa fifí’: el pueblo está contento con su presidente en grados que van del 65 al 78 por ciento. Pese a sus propias contradicciones internas, López Obrador tiene el tanque lleno de la legitimidad. Su vehículo avanza con rendimiento extraordinario.

 

Por eso, a todos tomó por sorpresa la rechifla en el estadio de los Diablos Rojos. Quizá lo tomó a él también, endiosado en su propia popularidad, que no imaginó una acción activa de aquellos que no comulgan con sus ideas. O simplemente eran aficionados que esperaban el arranque del partido y les daba una güeva terrible escuchar la letanía de la Cuarta Transformación.

 

Como sea, reaccionó López Obrador al estilo López Obrador: insultó a los rechifladores, llamándolos ‘fifís’, y tuvo como único resultado que redoblaran esfuerzos, por lo que el discurso del tabasqueño fue brevísimo. De ese estadio salió con la corona abollada y todavía nadie entiende qué paso.

 

Sin terminar ese pleito, López Obrador inició otro, ahora con la Corona Española para que el rey Felipe VI pida perdón por lo ocurrido hace 500 años. Muchos interpretaron que esa misiva tenía como objetivo hacer de “caja china” para hacer olvidar la rechifla. Pero según publica Reforma, la misiva fue enviada desde el 1 de marzo.

 

Así que no: la exigencia a la Corona Española para pedir perdón por los excesos de la Conquista contra los pueblos originarios era una guerra que ya traía en la cabeza, pese a que Felipe VI fue el único jefe de Estado de nivel que vino a su toma de protesta. En esa visita, según versiones de varios medios, la esposa del presidente ya advirtió lo que se venía a los integrantes de la comitiva del Rey.

 

Lo único que puede concluirse de todo esto es que López Obrador no sabe vivir, ni hacer política, ni ser presidente, sin el conflicto. Así entiende la realidad, y si no tiene enemigos-adversarios a la mano, los inventa. Lo importante es seguir tirando golpes, o en su terminología beisbolística, seguir lanzando ‘pejeñomas’ para ponchar a sus adversarios. El presidente vive encerrado en su propio ring.

 

 

Como López Obrador no va a cambiar, estos seis años serán larguísimos, inacabables, y lo que ayer fue una rechifla excepcional, puede convertirse en una permanente, porque con tantos frentes y enemigos, en algún punto se le van a acabar los aliados. Le van a faltar manos.

 

Si todo es un intercambio de golpes, hay que prepararse para ver más escenas como la de ayer a su llegada a Mexicali para una gira en Baja California: una tormenta de reporteros asediando al presidente, y ante su negativa a hablar, un griterío exigiendo respuestas hasta que una periodista cayó en el tumulto.

 

México pues, es el ring de López Obrador, y él está decidido a ser la versión tabasqueña de Manny Pacquiao.

 

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