Martes, 15 de Octubre del 2019
Martes, 16 Abril 2019 03:36

En 2019 sigue pagando la cruda de la borrachera de 2005

En 2019 sigue pagando la cruda de la borrachera de 2005 Escrito Por :   Arturo Rueda

La justicia de Lydia Cacho es lenta, pero también es poética, pues en caso de que sea capturado, ahora le tocaría a Mario Marín hacer el viaje a Cancún esposado, custodiado por ministeriales, listo para ser exhibido, justo como a ella le pasó en ese diciembre de 2005, cuando el ‘precioso’ decidió hacerle un favor a su amigote Kamel: darle un coscorrón a la “vieja cabrona”.


 

El tiempo le ha quitado impacto al desprestigio de Mario Marín, muy famoso en la década anterior con el apodo de ‘góber precioso’, pero cuasi desconocido para los jóvenes millennial de 2019 que sólo lo conocen por ser un ex gobernador de ingrata memoria por algún escándalo en el que se metió.

 

La noticia de su orden de aprehensión girada por un tribunal federal casi ha pasado desapercibida, excepto para los nostálgicos que recordamos ese oscuro 2006, cuando la vida política del estado se torció y que todavía no recupera el rumbo 13 años después.

 

En el mundo de las noticias en esta era, Mario Marín significa muy poco. En parte porque el escándalo Cacho nació cuando los medios de comunicación todavía hacíamos una oferta informativa cada 24 horas, no nos preocupábamos por las notas virales ni la tiranía del minuto a minuto, los intercambios soeces en redes sociales, ni vivíamos al pendiente de las transmisiones de Facebook Live en tiempo real.

 

Era otra era noticiosa, sí.

 

Pero en realidad Mario Marín significa muy poco porque el ‘góber precioso’ se murió un 14 de febrero de 2006, hace 13 años, y como cadáver insepulto, todos sus intentos por revivir se han estrellado contra la realidad de su desprestigio.

 

En estricto sentido, Marín sobrevivió al escándalo en calidad de piltrafa, pues no fue destituido en su momento, ni encontrado culpable por la Suprema Corte de Justicia. Deslegitimado, apestando a muerto, terminó su sexenio refugiado en el interior del estado, y en 2010 tuvo que entregarle Casa Puebla a Rafael Moreno Valle y esperar angustiado a que no llegara el mal día en que le cortaran la cabeza.

 

No dudo que Mario Marín fue uno de los que festejaron la muerte de Moreno Valle en el ‘helicopterazo’. En la extinción de su verdugo, así como de su grupo político, el ‘góber precioso’ encontró un rayo de esperanza para renacer políticamente, por lo menos para no ser un apestado, pues su ex empleado Jiménez Merino lo dejó aparecer en la campaña, a diferencia de Blanca Alcalá y Enrique Doger.

 

Ese renacimiento tampoco podrá ser ahora. El jueves pasado, su desprestigio tocó fondo cuando el Primer Tribunal Unitario del 27 Circuito del Poder Judicial Federal le libró orden de aprehensión por el delito de tortura, junto a los inefables Adolfo Karam y el empresario Kamel Nacif, así como el jefe de grupo de aprehensiones de la extinta Procuraduría General de Justicia.

 

De ser un impresentable, el ex gobernador ahora es indiciado, y al mismo tiempo prófugo de la justicia, pues la Fiscalía General de la República ya lo busca, aunque a esta altura es probable que ya se encuentre en otro lado del mundo, lejos de la justicia mexicana.

 

Los poblanos nos enteramos de la orden de aprehensión por Mario Alberto Mejía, pero el periodista no rompió el sigilo de la orden de aprehensión, pues parece que alguien le dio el ‘chivatazo’ desde dentro del Tribunal, pues tuvo tiempo de presentar un amparo para ganar tiempo y evitar la detención.

 

Como el delito de tortura es de ‘lesa humanidad’, no prescribe, así que es probable que nunca volvamos a saber de Mario Marín, ese hombre que se embriagó de poder —y otras cosas más— en ese 2005, el primer año de su sexenio, pero todavía paga la cruda en 2019.

 

Quizá nunca volvamos a saber de él, pues vivirá agazapado, huyendo de un lado a otro, como su otro compinche, Javier García Ramírez, a quien ni la muerte de Moreno Valle lo hizo reaparecer. ¿De qué les ha servido todo el dinero que se robaron?

 

La justicia de Lydia Cacho es lenta, pero también es poética, pues en caso de que sea capturado, ahora le tocaría a Mario Marín hacer el viaje a Cancún esposado, custodiado por ministeriales, listo para ser exhibido, justo como a ella le pasó en ese diciembre de 2005, cuando el precioso decidió hacerle un favor a su amigote Kamel: darle un coscorrón a la “vieja cabrona”.

 

En esto también hay un poco de karma, pues toda la corte de aduladores que rodeaban al ‘precioso’ ha sido alcanzada por la flecha tardía. Armenta era el titular del DIF estatal en ese 2006, así como Jiménez Merino era el de Desarrollo Rural, Zavala de Gobernación y hasta Estefan Chidiac en Sedesol.

 

Pero al primero en herir de muerte, además del propio Mario Marín, es al don nadie de Adolfo Karam, que nunca dejará de ser un don nadie. O mejor dicho, también será ‘Don Prófugo’ por muchos, muchos años.

 

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