Sábado, 20 de Julio del 2019
Viernes, 18 Enero 2019 04:08

El morenovallismo es un orfanato

El morenovallismo es un orfanato Escrito Por :   Arturo Rueda

La familia morenovallista estalló en pedazos con el ‘helicopterazo’, pero el ex gobernador les hace falta hasta a sus rivales o enemigos, que se definían en oposición a él. Lo acusaron de todo, pero siempre pactaron con él, pues fueron beneficiarios de sus victorias electorales. Ahora tienen el reto de demostrar sus auténticos alcances ya que Lalo Rivera, Aguilar Coronado, Rafa Micalco o Pablo Rodríguez pueden regresar a su nivel de liliputienses de la política, como lo eran antes de Moreno Valle.


 

La muerte trágica de Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso convirtió a Puebla en un orfanato de grandes dimensiones: acostumbrados a la tutela que durante más de una década ejerció el ex gobernador sobre políticos de todos los niveles y de todos los partidos, nadie sabe qué hacer en la ausencia del padre fallecido, ni tiene una hoja de ruta para resolver el crucigrama de definir un nuevo jefe de la familia. 

 

No es el único mal, pues en el ‘helicopterazo’ también falleció la autoridad sustituta y quien podría haber puesto orden, organizar prioridades, ejercer mando y dar shampoo de cariño a los dolientes. En un mismo accidente trágico, que ahora el CEN del PAN dirige a atentado o magnicidio, se rompió el escalafón de mando.

 

Sin padre ni madre, el morenovallismo se convirtió en un orfanato en el que cada doliente ha reaccionado de forma diferente, pues tras los primeros días del duelo, los viejos agravios explotaron sin que nadie tuviera la autoridad para mediar y poner orden en la mesa. La guerra civil se instaló por más esfuerzos que se hacen por minimizarla.

 

Inmediatamente la familia se dividió en dos: un cuadrado conformado por los operadores directos —Max Cortázar, Eukid Castañón, Roberto Moya y Luis Banck—. Del otro lado, Tony Gali Fayad, ex gobernador y el hombre más popular de Puebla, quien cargaba sus propios agravios tanto con los finados como con alguno de los miembros del cuadrado.

 

Muchas cosas han pasado en tres semanas a velocidad de la luz, pero el resumen final es que Banck se inhabilitó cuando encarnó la indignación del morenovallismo en el funeral y asumió el papel de candidato. Eukid Castañón, el mejor operador electoral, decidió alejarse de la familia por voluntad propia en un retiro que puede ser corto o definitivo, dependiendo de las circunstancias.

 

Sin ellos de por medio, Gali Fayad, Cortázar y Moya han acercado posiciones para fijar una sola línea de negociación. El ex gobernador viajó a París para un foro de Smart City, pero su hijo Gali junior apareció en el cónclave panista —pese a su perredismo— tanto para representar los intereses de su papá, pero también para alimentar la especulación de que podría convertirse en el candidato a la gubernatura, de acuerdo con su posicionamiento en las encuestas.

 

Pero la orfandad afecta a todos de manera diferente. Eukid se salió ante la ausencia definitiva de su “líder moral”, y aunque muchos dentro de la misma familia festinan su alejamiento, hacia afuera se trata de una más de las señales debilidad, cuando menos, o de miedo ante un escenario incierto o de derrota, cuando más. Para bien o para mal, se trataba del operador, brazo ejecutor y depositario de mil secretos.

 

Otros, por ejemplo, ante la falta de atención y mimos, de plano optan por el ‘berrinchazo’ estilo Fernando Morales, quien acarreó a los otros huérfanos del Panal, PRD, el PSI, a rebelarse ante sus hermanos mayores panistas, berreando que ellos también son importantes, que las victorias se lograron gracias a ellos, y que si no les hacen caso se pueden vender al mejor postor.

 

En este escenario de orfandad el mayor misterio es el de Antonio Gali Fayad, quien juega a convertirse en el nuevo patriarca, pues cuenta con los blasones para ello, pero en las horas más difíciles privilegió ir a un foro de Smart City en París y no a quedarse en el país para destrabar la designación del interino con sus buenas relaciones tanto en Los Pinos o Segob, pese a que dejó como operadores a Ernesto Echeguren y a Gerardo Islas.

 

La familia morenovallista estalló en pedazos con el ‘helicopterazo’, pero el ex gobernador les hace falta hasta a sus rivales o enemigos, que se definían en oposición a él. Lo acusaron de todo, pero siempre pactaron con él, pues fueron beneficiarios de sus victorias electorales. Ahora tienen el reto de demostrar sus auténticos alcances, pues Lalo Rivera, Aguilar Coronado, Rafa Micalco o Pablo Rodríguez pueden regresar a su nivel de liliputienses de la política, como lo eran antes de Moreno Valle.

 

Claro, en toda familia siempre hay locos a quienes la orfandad les roba la razón, como el caso de Florentino Alonso, hermano de Martha Erika, quien en las últimas semanas ha tratado de arrastrar a cuanto parroquiano se le atraviesa en el sueño delirante de asumir el papel de su hermana, ya sea como interino, ya sea como candidato a la gubernatura, argumentando lo ocurrido en Tamaulipas cuando fue asesinado el candidato Torre Cantú.

 

Pasan los días y los huérfanos tratan de buscar un nuevo patriarca que sea capaz de instaurar un nuevo orden. Hermanos mayores, tíos, primos lejanos, todos son buenos candidatos en busca de un asidero emocional. Por ello, la mayoría de los asistentes al cónclave con Marko Cortés salieron contentos, dándose ánimos mutuos, felicitándose de la voluntad para entender e ir juntos a la nueva guerra.

 

Con el paso de los días, de los meses y quizá de los años, entenderán que ninguno de ellos tiene el tamaño para llenar los zapatos del que se fue. Siempre añorar al padre perdido es el sino de la orfandad.

 

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