Sábado, 20 de Julio del 2019
Miércoles, 15 Mayo 2019 03:14

El cagadero de contaminación histórica que hicimos todos

El cagadero de contaminación histórica que hicimos todos Escrito Por :   Arturo Rueda

Pero los ciudadanos no nos quedamos atrás en las culpas. En vez de exigir una mejora al transporte público, nos pusimos a comprar coches. El padrón vehicular creció casi 40 por ciento desde 2015, y ahora ahogan la capital casi 500 mil vehículos de servicio privado, más los que tienen placas foráneas, más del transporte público, según una investigación de CAMBIO. En total, deben circular alrededor de 700 mil vehículos. ¿En serio? ¿700 mil vehículos circulando en la capital para 1.8 millones de habitantes? ¿Un vehículo por cada 2.5 habitantes?


 

El 14 de mayo de 2019 es un parteaguas en la historia de Puebla, un antes y un después. Sabíamos que ese día llegaría, pero no imaginamos que “ese día” iba a ser ayer cuando por primera vez en la historia sobrepasamos los 150 puntos IMECA de partículas PM10. Cuando la estación de monitoreo Las Ninfas llegó a 159 puntos, alcanzamos el máximo histórico para declarar contingencia ambiental en la capital.

 

Se trata de un parteaguas porque, excepto para una minoría de poblanos, el tema del medioambiente está fuera de la agenda pública no sólo para los políticos, sino también para los ciudadanos. Hasta ayer, no éramos conscientes de nuestra carrera imparable hacia el desastre que viven, o han vivido, las grandes megalópolis. A partir de ayer, tenemos que darnos cuenta que necesitamos ser parte de la solución.

 

El gobierno estatal encuentra su explicación a esta contingencia ambiental histórica en factores coyunturales: el alud de incendios forestales, la falta de viento, el retraso de la temporada de lluvias. Cuestiones climáticas que nos quitan responsabilidad a los ciudadanos, pero también al gobierno que no atina a reaccionar pese a que Puebla forma parte de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe).

 

Total, pese a que ayer se rebasó la puntuación de calidad de aire a muy malo, no hubo reacción. Apenas unos tuits del gobernador interino y de Fernando Manzanilla sugiriendo no realizar actividades al aire libre, unos miles de cubrebocas regalados por el Ayuntamiento, pero nada más. Ni siquiera reaccionó la SEP para ‘tirar línea’ a las escuelas para determinar qué hacer con niños y jóvenes.

 

No es extraño ese pasmo gubernamental: todo esto es inédito. Dudo que este gobierno interino, o los anteriores de Gali y Moreno Valle, hayan definido un protocolo en caso de rebasar los 150 puntos IMECA: puesta en marcha del ‘Hoy No Circula’, suspensión de actividades escolares al aire libre, encierro de vehículos oficiales, apagón a ciertas industrias contaminantes.

 

Lo cierto es que se trata de eso: hay pasmo porque no se sabe cómo reaccionar, ni hay protocolo. Y también se trata de medidas que afectan la vida diaria, la productividad, la industria. Pero antes que todo eso, se encuentra la salud de los poblanos.

 

Todos rogamos porque llegue la temporada de lluvias, se acaben los incendios forestales, lleguen vientos fuertes que dispersen los contaminantes PM10 instalados sobre nosotros. Que pase eso nos evitará darnos de santos, volver a nuestra vida normal, olvidar que nos instalamos en nuestro ‘Chernóbil’ durante unos días.

 

Sobre todo, nos permitirá olvidar las causas estructurales que nos llevaron a este desastre. Una de ellas es la simulación de una política medioambiental que impulsó Moreno Valle, pero que a excepción del Parque Metropolitano y de algunas ciclovías, destruyó la movilidad de la ciudad con la puesta en marcha del sistema RUTA.

 

El metrobús poblano, la RUTA, especialmente la Línea 3, no mejoró la movilidad ni el medioambiente en la capital. Todo lo contrario: creó mas embotellamientos, más dispersión de contaminantes, más horas tráfico, y no cumplió el compromiso de sacar de las calles a los concesionarios del sistema tradicional. Solamente los escondió en calles interiores para descomponer por completo la movilidad.

 

En este caso, más transporte público se tradujo en peor movilidad. Un caso de estudio.

 

Pero los ciudadanos no nos quedamos atrás en las culpas. En vez de exigir una mejora al transporte público, nos pusimos a comprar coches. El padrón vehicular creció casi 40 por ciento desde 2015, y ahora ahogan la capital casi 500 mil vehículos de servicio privado, más los que tienen placas foráneas, más los del transporte público, según una investigación de CAMBIO. En total, deben circular alrededor de 700 mil vehículos.

 

¿En serio? ¿700 mil vehículos circulando en la capital para 1.8 millones de habitantes? ¿Un vehículo por cada 2.5 habitantes? ¿De verdad no nos damos cuenta del cagadero de contaminación y movilidad que hicimos? ¿Ese es el precio del progreso morenovallista? ¿Cómo lo vamos a arreglar si es una agenda inexistente?

 

Por supuesto, no olvidamos la parte de la corrupción. ¿Cómo puede haber 17 verificentros para 1.5 millones de vehículos que es el padrón estatal? ¿Y los operativos de contaminación por parte de la SIMT para el transporte público? ¿Otro caso de corrupción? ¿Y el Atoyac?

 

Pues sí: entre todos hicimos este cagadero.

 

Y entre todos lo estamos pagando, pues todos respiramos el mismo aire contaminado.

 

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