Miercoles, 23 de Octubre del 2019
Miércoles, 23 Enero 2019 03:18

La verdadera historia de cómo se perdió el interinato

La verdadera historia de cómo se perdió el interinato Escrito Por :   Arturo Rueda

Los días pasaron sin concretar la negociación y solitos los morenovallistas se pudrieron como grupo. Banck fue apartado de las negociaciones, Eukid se salió, Tony Gali primero movió la posibilidad de una reforma constitucional que le abriera la puerta, luego se fue a París a un foro de Smart City y finalmente retornó a asumir el liderazgo del grupo para abrir su propia línea de negociación con una terna de la que acabó impulsando a Gerardo Islas, no a Jesús Rodríguez Almeida.


 

El día después del desastre, lo que queda del morenovallismo utilizó las pocas energías restantes en acusaciones mutuas de traición y el consecuente ajuste de cuentas. Como el hilo siempre se corta por lo más delgado, Marcelo García Almaguer ‘pagó los platos rotos’ por ser el coordinador y diputado panista al que le tocaba defender la elegibilidad de Jesús Rodríguez Almeida como la propuesta del CEN para interino. Pero no lo hizo. Y además, votó a la propuesta de Morena, dejando sin argumentos a Marko Cortés para reclamar el incumplimiento.

 

La estrategia fallida, por no decir desastrosa, se cristalizó en la derrota en la Comisión de Gobernación y luego en el pleno. Pero en realidad no comenzó ahí, sino en la pusilánime política de comunicación en las horas y días posteriores al accidente, cuando permitieron que la indignación por un aparente magnicidio desapareciera para ser sustituida por la fantástica versión de que Martha Erika Alonso y Moreno Valle fingieron sus muertes para fugarse a algún paraíso.

 

Si 51 por ciento de los poblanos no cree en la muerte de ambos personajes —Mas Data dixit— por tanto, no hay presión social para conocer las causas del ‘helicopterazo’. La posibilidad de que todo sea un homicidio, dado que a un mes no se explican las causas del fallo de la aeronave Agusta, se volvió un tema que prácticamente fue abandonado por las agendas de los medios de comunicación, pese al misterio que rodea la muerte del principal opositor a López Obrador y de una gobernadora.

 

Quienes propiciaron el abandono de la indignación fueron los morenovallistas con el bulo de que necesitaban espacio político para negociar al interino sin que López Obrador u Olga Sánchez se enojaran más, luego de los gritos en el funeral de la Plaza de la Victoria. Es decir, se autodesactivaron.

 

No se puede acusar de mala fe a la titular de Gobernación, quien en las horas posteriores al accidente frenó a Biestro y compañía que querían dar un ‘albazo’ con los cuerpos calientes. El espacio para la negociación fue real, y quizá también el compromiso de colocar a alguien cercano al gobierno de Martha Erika Alonso. Pero la presión social disminuyó dramáticamente en los días posteriores al trágico accidente, y con ello, la presión hacia López Obrador.

 

Para la mañana del 27 de diciembre, el mensaje de que habían fingido su muerte había permeado a todas las clases sociales sin pasar por los medios tradicionales de comunicación. Sólo se usaron redes sociales y a gran escala en cadenas de WhatsApp. Fue una operación subterránea exitosa. Tres días después ya nadie se preguntaba por el accidente, menos acusaba a López Obrador y, sin esos elementos, no vería a Morena como beneficiario de la tragedia si colocaban a alguien afín.

 

Entonces empezó la danza de traiciones y ambiciones. Cada vez se pensaba más en el interinato, en la disputa por la candidatura de las elecciones extraordinarias, que en mantener la presión hacia las autoridades federales en la investigación del accidente, así como en desmontar la versión de la fuga fantástica de Moreno Valle y la gobernadora.

 

Hoy en día, excepto a los personajes cercanos a ambos, el tema de la muerte trágica no mueve a nadie, ni las sospechas del posible magnicidio, mucho menos indagar la posible culpabilidad del atentado en varias líneas de investigación. Nuevamente, sin presión social, Olga Sánchez no tenía incentivos ni urgencia para designar al interino.

 

Los días pasaron sin concretar la negociación y solitos los morenovallistas se pudrieron como grupo. Banck fue apartado de las negociaciones, Eukid se salió, Tony Gali primero movió la posibilidad de una reforma constitucional que le abriera la puerta, luego se fue a París a un foro de Smart City y finalmente retornó a asumir el liderazgo del grupo para abrir su propia línea de negociación con una terna de la que acabó impulsando a Gerardo Islas, no a Jesús Rodríguez Almeida.

 

Lo peor es que, como documenta CAMBIO este día, el ex titular de SGG sí tenía constancia de su residencia en Puebla desde hace cinco años. Se la otorgó el Ayuntamiento de Atlixco. ¿Por qué no se exhibió y se defendió? Nadie lo sabe.

 

En resumen, el interinato fue una operación fallida de todo el morenovallismo, pero el pagano es Marcelo García Almaguer. Las consecuencias las sufrirán todos, pues no duraron como grupo ni 30 días tras la muerte de Rafael Moreno Valle. Dilapidaron la herencia. Huérfanos que hoy viven abajo del puente de Ovando.

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