Miercoles, 16 de Octubre del 2019
Viernes, 02 Agosto 2019 04:17

Barbosa asume el poder en tres tiempos: hay capitán y brújula, la tripulación está a prueba

Barbosa asume el poder en tres tiempos: hay capitán y brújula, la tripulación está a prueba Escrito Por :   Arturo Rueda

Luis Miguel Barbosa asumió la gubernatura que persiguió con persistencia desde 2017 en tres tiempos: un acto republicano ante el Congreso, un acto popular en el Auditorio Metropolitano atestado y un acto prehispánico para asumir el mando ancestral de las comunidades.  En el acto republicano ante el Congreso recibió la legitimidad legal de las instituciones. En el popular la legitimidad carismática, el aplauso de las masas. Mientras que entre incienso, copal, bailables y caracoles, en el acto prehispánico recibió la legitimidad de la tradición, de la Historia ancestral.


CRÓNICA:

 

Luis Miguel Barbosa asume la gubernatura que persiguió con persistencia desde 2017 en tres tiempos: un acto republicano ante el Congreso, un acto popular en el Auditorio Metropolitano atestado y un acto prehispánico para asumir el mando ancestral de las comunidades.

 

En el acto republicano ante el Congreso recibió la legitimidad legal de las instituciones.

 

En el acto popular en el Metropolitano la legitimidad carismática, el aplauso de las masas, propio de los grandes líderes.

 

Entre incienso, copal, bailables y caracoles, en el acto prehispánico recibió la legitimidad de la tradición, de la Historia ancestral.

 

Legitimidad legal, legitimidad carismática, legitimidad tradicional, reunidas en un solo hombre, Luis Miguel Barbosa, lo hacen el gobernador más legítimo a la hora de tomar el poder, lejos de la clandestinidad del sótano de Ciudad Judicial en el que Martha Erika Alonso asumió la gubernatura en diciembre del año pasado.

 

Apenas hubo variaciones sustanciales entre el discurso que pronunció ante los diputados y el que dijo ante más de cinco mil invitados en el Metropolitano. Pequeños matices, pero algunos sustanciales.

 

Entre uno y otro, sin embargo, la tónica común es que ha llegado al poder un gobernador con principios, lejos del pragmatismo con el que lo hicieron Melquiades, Marín, Moreno Valle, Gali, Martha Erika

 

En el barco de Puebla hay comandante, pero también brújula. Lo único que está a prueba es la tripulación.

 

La Legitimidad legal de las instituciones

 

Luis Miguel Barbosa propone en el Congreso local una relación distinta con el Legislativo, distante de la dominación, recordando su vocación parlamentaria.

 

Pero quizá ni falta haga. Entre estos diputados, no hay uno de oposición.

 

 

En las participaciones previas, no hay una voz discordante, ni un reclamo ni un desafío. Todos se pliegan ante el nuevo gobernador, pontifican con las rodillas dobladas, son presurosos de la adulación, de la felicitación al nuevo Ejecutivo.

 

Gabriel Biestro, con Tonantzin Fernández al lado, sonríe satisfecho. Nadie se salió del guión, y de aquel pequeño rebelde llamado José Juan Espinosa sólo quedan los ojos tristes con los que todo lo mira a la distancia. Su única alegría fue breve: estrechar la mano de Ricardo Monreal, sentarse unos minutos a platicar con él, después ver otra vez desde la distancia. Siempre mirando con los ojos tristes.

 

 

José Juan Espinosa es la muestra de cómo el poder barbosista no necesita ser violento para aplastar.

 

Barbosa arriba al salón de Pleno con Olga Sánchez Cordero, titular de Gobernación, quien le otorga la bendición de la 4T.

 

El nuevo gobernador no voltea a ver el cementerio de los elefantes de la primera fila, donde se apilan nombres y apellidos que alguna vez significaron algo, que alguna vez también tuvieron un día así. Jiménez Morales, Piña, Bartlett, Melquiades y la nueva adquisición, Pacheco Pulido.

 

 

“Soy seguidor de un hombre histórico, Andrés Manuel López Obrador” es su primera declaración de principios, y su segundo principio es que Puebla tendrá una participación decisiva en la Cuarta Transformación, como la tuvo el estado en las tres anteriores. “Encontraremos cómo hacer nuestra propia versión”, promete.

 

A su lado izquierdo, en las galerías, todos los diputados federales y los integrantes de su gabinete, muchos de ellos apenas aclimatándose, como la titular de Finanzas y el de Administración, y otros cambiando el vestuario como Abelardo Cuéllar, ultra fifí en un traje de tres piezas.

 

En medio de ellos, una tormenta de tul y gasas, la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco.

 

Del lado derecho, las tres mujeres más importantes en la vida de Barbosa persona, no del político: su mamá, su esposa Charito, su hija.

 

En esa misma línea Javier Pacheco y su esposa, dos sujetos apodados los Chávez, Nancy de la Sierra y Armenta, y los titulares de los órganos autónomos.

 

Ya comenzado el discurso, hace su aparición histriónica Yeidckol Polevnsky, a quien sientan junto a quien no quería sentarse, el diputado federal Mario Delgado, su auténtico contendiente por la dirigencia nacional de Morena.

 

“Soy su gobernador, Miguel o Barbosa, así llámenme”, cerró el hombre que resistió la tormenta del 2018. El peor vendaval de la historia.

 

El aplauso popular en el Metropolitano

 

 

El Auditorio Metropolitano es un caos, pues a todas luces se repartieron más invitaciones de las del cupo previsto. Sin filtros adecuados, la marabunta se apropia de los lugares disponibles y ni siquiera son respetados los de las primeras filas previstas para gobernadores, senadores, diputados federales.

 

Sin lugar a dudas, el invitado estrella es Marcelo Ebrard, quien es recibido con aplauso atronador y peticiones de selfies, pero nadie recuerda que en la campaña 2018, ni en lucha poselectoral ni en la campaña 2019, hizo acto de presencia. Nomás es bueno para la foto.

 

Apenas cuatro gobernadores se hacen presentes: dos del PRI —Hidalgo y Tlaxcala— y dos de la 4T —Veracruz y Chiapas—. Ningún otro miembro de la CONAGO, desaire total de los emanados del PRI y del PAN. Ni sus luces de la Sheinbaum.

 

El discurso en el Metropolitano sigue la misma línea del presentado en el Congreso, con pequeñas variaciones.

 

Los 44 mil millones pesos de deuda, la promesa de realizar auditorías, una nueva Ley de Participación Ciudadana, la compra inmediata de mil patrullas, el mandato a Olivia Salomón de ir a buscar inversiones a Europa, los acuerdos con los ayuntamientos para designar nuevos titulares de seguridad, el coscorrón a los ediles que creen que la inseguridad es participación, la prudencia en el tema de Agua de Puebla.

 

Cuando Barbosa habla del esquema de negocios, el entramado ilegal para que los hombres del gobierno hicieran negocios, por puro reflejo todos voltean hacia donde se encuentra Santiago Nieto, el jefe de inteligencia financiera de Hacienda, vinculado al gobernador en alguna trama que pronto se descubrirá.

 

Ni en el Congreso ni en el Metropolitano, hace acto de aparición Tony Gali, el carismático ex gobernador que entró al círculo de indeseables con la trama de Smart City. El otro acusado, Estefan, hace mutis y muinas desde la cuarta fila.

 

Periodistas y dueños de medios, auténticas divas, quedan desperdigados porque la bufalada no respetó lugares. Los de ego muy grande van a dar al gallinero, y los de ego robusto, terminan un poco más arriba. Iván Mercado, en cuarta fila, hace mimiquis quien sabe porqué y se va antes de empezar el mensaje.

 

Para la burla queda el episodio en que el hijo del gobernador levantó a la ex priista y ex panalista Graciela Palomares, por sentarse en un lugar no asignado. ¡Uscale!

 

El Tlatoani de la Tradición

 

 

Como gobernador de todos, pero primero de los pobres, Luis Miguel Barbosa se pone a tono con la 4T y recupera el ritual tradicional del bastón de mando de los pueblos originarios de las siete regiones del estado.

 

Entre caracoles, tambores, copal, sahumerio, bailables, Barbosa se convierte en el Tlatoani de la Tradición, el que manda porque lleva el bastón del mando.

 

Lo cuidan los xochiapulcas, le rezan los de Coyomeapan, le bailan y ruega por la suerte de su gobierno, ellos que menos sienten la acción del gobierno, aunque quizá, ahora por fin sea el momento.

 

Una forma de encontrar en Puebla su propio modelo de la Cuarta Transformación bajo la inspiración de Andrés Manuel López Obrador.

 

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