Lunes, 23 de Septiembre del 2019
Jueves, 05 Septiembre 2019 03:28

El poder de la turba

El poder de la turba Escrito Por :   Arturo Rueda

El objetivo es claro: todas las mafias delincuenciales —llámense saqueatrenes, huachicoleros, huachigaseros— han aprendido a dominar el poder de las turbas como escudo para impedir la aplicación de la ley. Estos pobladores pasaron de ser cómplices pasivos —mirones que volteaban a otro lado ante las ilegalidades— a activos para ganarse unos pesos del lado de los delincuentes


 

A diferencia de la macabra matanza de Tepexco y Cohuecan, cuando malas decisiones de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) a cargo del vicealmirante Amezaga cobraron la vida de por lo menos cinco linchados, en la crisis de Cañada Morelos ahora sí hubo reflejos, sobre todo desde Gobernación, que permitió la liberación pacífica, sanos y salvos, de los 14 policías que habían sido retenidos por pobladores de la zona, manejados por las bandas de saqueatrenes.

 

Esta vez no hubo descontrol y sí mucha coordinación desde la planta superior de Casa Aguayo que instruyó a Fernando Manzanilla la negociación con los pobladores, mientras el vicealmirante Amezaga no se durmió en sus laureles y preparó un contingente de 500 agentes —federales, estatales, municipales— para entrar al rescate si fallaban los buenos oficios.

 

Pero no fallaron: Manzanilla envió a Cañada Morelos a su mejor hombre, el subsecretario José Luis Márquez, quien con paciencia le fue quitando dinamita a una turba que en defensa de tres detenidos —más otros cinco la semana— fueron manipulados por las mafias de saquea trenes que chantajeaban con el linchamiento de los 14 policías.

 

El objetivo es claro: todas las mafias delincuenciales —llámense saqueatrenes, huachicoleros, huachigaseros— han aprendido a dominar el poder de las turbas como escudo para impedir la aplicación de la ley. Estos pobladores pasaron de ser cómplices pasivos —mirones que volteaban a otro lado ante las ilegalidades— a activos para ganarse unos pesos del lado de los delincuentes.

 

Lo mismo lo hemos visto en toda la zona de San Martín, que en Tepeaca con los huachigaseros, que en Cañada con los saquetrenes: disfrazados de pueblo bueno, en realidad están del lado de los delincuentes y siempre amenazan con un estallido social. En realidad sólo hacen una defensa de sus intereses ilegales.

 

Pero desde arriba AMLO se ha instruido a los cuerpos de seguridad a no actuar contra “el pueblo bueno”, con los que se multiplican videos de agresiones a militares, Guardia Nacional, increpados y hasta golpeados por delincuentillos disfrazados de pobladores. Una y otra vez en las mañaneras, López Obrador ha elogiado a los soldados que no responder las agresiones del “pueblo bueno”.

 

Ese temor paralizante de los cuerpos de seguridad ante las turbas, quizá sea una orden expresa, detonó la macabra matanza de Tepexco y Cohuecan. En vez de entrar a rescatar a los que todavía estaban vivos, los 170 elementos se sentaron para no provocar mayores daños, según dijo el vicealmirante Amezaga.

 

El poder de la turba culmina en la impunidad, en la falta de castigo. A un mes de ese linchamiento no hay un sólo detenido, como no los hay cada vez que el “pueblo bueno” la toma contra los cuerpos de seguridad o contra los que bloquean carreteras, como hace un par de semanas lo hicieron manifestantes de organizaciones campesinas. Ante el poder de la turba no hay castigo.

 

Ayer mismo se festeja que los 14 policías fueron rescatados ilesos, de forma pacífica. ¿Pero qué pasa con los delitos cometidos por los pobladores de Cerro Gordo, Cañada Morelos, al detenerlos, retenerlos, vejarlos, ingresarlos a la cárcel municipal y desarmarlos? Nada. Es el “pueblo bueno” reaccionando ante la injusticia.

 

No parece que AMLO vaya a cambiar esa forma de pensar, así que cada vez ese “pueblo bueno” continuará envalentonándose para humillar a las fuerzas de seguridad e imponer el poder de su impunidad para lograr los objetivos de seguir violando la ley.

 

Lo rescatable de ayer es que por primera vez se vio a un equipo en el gobierno que comienza a articular sus talentos: Barbosa coordinando, Manzanilla con su gente negociando, y el vicealmirante Amezaga preparando un operativo de grandes proporciones en caso de que los pobladores se pusieran más agresivos.

 

Lo mejor de ayer es que esos policías pudieron retornar con sus familias, ilesos, sanos y salvos, sin otra tragedia macabra que reseñar. Ayer fue un buen día.

 

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