Jueves, 14 de Noviembre del 2019
Jueves, 31 Enero 2019 02:47

Alguien regálele un kilo de huevos a Armenta

Alguien regálele un kilo de huevos a Armenta Escrito Por :   Arturo Rueda

El caso Puebla es la primera contienda interna que vive el partido de AMLO ya como partido en el poder. No es lo mismo la auto organización previa al 2018 que después del 2018. ¿Habrá en Morena democracia interna? ¿Cuál será el papel de López Obrador? ¿Será árbitro, ‘cargará los dados’, ejercerá de ‘dedo de oro’? ¿Dará garantías para que haya una contienda abierta o reeditará el papel de jefe máximo? ¿Habrá un juego del tapado?


 

Alejandro Armenta, si de verdad quiere ser gobernador, necesita que alguien le regale 32 pesos para irse a comprar un kilo de huevos al Oxxo. Armado con muchos blanquillos, entonces el senador podrá explicarnos por qué debe ser él y no Luis Miguel Barbosa quien reciba la estafeta de Morena para convertirse en candidato a Casa Puebla.

 

En su semana de destape, es lo único que Armenta no ha dicho en las diversas entrevistas que ha dado, pero que tampoco ningún periodista le ha preguntado: ¿Por qué tú sí y Barbosa no? ¿Es mejor que él? ¿Sería mejor gobernador? ¿Considera que tiene más experiencia? ¿Cuál es la diferencia cualitativa entre ambos?

 

Si Morena, como partido político, está viviendo una elección primaria —interna— pese a que la dirigente nacional Yeidckol Polevnsky destapó o ratificó a Barbosa como candidato, ¿cómo pretende arrebatarle la candidatura sin una campaña de contraste? Y una campaña de contraste, las últimas veces que revisé manuales de marketing político, tiene como objetivo exaltar las fortalezas propias y exhibir las debilidades del rival.

 

¿Va a renunciar Armenta a ese derecho como aspirante de Morena? ¿Qué de atractivo tendría su discurso de que “miles de poblanos” le han pedido buscar la candidatura? ¿Hay algún estilo más rancio en la política?

 

No se entiende la tibieza del senador, quien se reserva los descalificativos hacia Barbosa y Manzanilla, pero envía a sus personeros diputados a lanzar las invectivas. ¿A qué le tiene miedo Armenta?

 

Muy simple: el caso Puebla es la primera contienda interna que vive el partido de AMLO ya como partido en el poder. No es lo mismo la auto organización previa al 2018 que después del 2018. ¿Habrá en Morena democracia interna? ¿Cuál será el papel de López Obrador? ¿Será árbitro, ‘cargará los dados’, ejercerá de ‘dedo de oro’? ¿Dará garantías para que haya una contienda abierta o reeditará el papel de jefe máximo? ¿Habrá un juego del tapado?

 

De fondo, en Morena no están preparados para lo que ocurre tras la muerte de Martha Erika Alonso y la elección extraordinaria que se avecina. El partido de AMLO, aun sin consolidarse como organización, experimenta en Puebla su primera elección primaria para definir, más que candidato, gobernador. Este es su primer laboratorio para definir reglas para los años por venir. ¿Cómo resolverá Morena sus conflictos internos?  

 

Un poco como lo que se vivía en el viejo PRI de los 70, donde la verdadera contienda se daba al interior del partidazo, pues el candidato automáticamente se convertía en ganador de los comicios. El candidato tricolor a la gubernatura ya era gobernador, pues.

 

Ahora en Morena se perfila lo mismo: el candidato de Morena tiene cara de gobernador, por no decir ya que lo es. No hay oposición al frente.

 

Sin embargo, existen notorias diferencias en este proceso a diferencia de lo que ocurría en el viejo PRI, cuya contienda interna sólo tenía un objetivo: convencer al Gran Elector, es decir, al Presidente, quien disfrutaba del monopolio de ‘dedo de oro’. Era el único que podía alzar carreras políticas… y destruirlas.

 

Como no existía la competencia democrática, y los partidos de oposición no eran rivales, tampoco existían las encuestas ni se buscaba a los perfiles más competitivos. Por supuesto se aceptaba la popularidad, el consenso, premiar la militancia y equilibrar el poder de las organizaciones. El presidente era el árbitro del pastel. Máximo poder, pero sólo seis años.

 

Pero como los criterios no eran objetivos, sino subjetivos, la competencia al interior del PRI no era abierta, sino una simulación que ocurría en la opinión publicada, en la corte de empleados, familiares y aduladores que rodeaba al presidente, en las adhesiones de sectores y organizaciones. Pero todo se daba con total discreción, como no queriendo, porque al final se imponía el criterio de “el que se mueve no sale en la foto”, como dijo el mítico Fidel Velázquez.

 

Pero de cara a las elecciones extraordinarias, en Puebla se vive una interna muy abierta: aunque Yeidckol Polevnsky destapó —o sostuvo— a Barbosa como candidato de Morena, los senadores Nancy de la Sierra y ahora Alejandro Armenta pugnan por abrir el proceso para competir abiertamente. Pero andan muy tibios.

 

Tan simple y tan sencillo: que nos explique Armenta por qué es mejor que Barbosa. Y quizá ahí le empecemos a creer. Que le eche a su precampaña un kilito de huevos.

 

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