Sábado, 19 de Octubre del 2019
Martes, 17 Septiembre 2019 03:39

La renuncia a la frivolidad y la parafernalia. ¿Un nuevo país viene en camino?

La renuncia a la frivolidad y la parafernalia. ¿Un nuevo país viene en camino? Escrito Por :   Arturo Rueda

Los enemigos de López Obrador, los amlofóbicos, se quedaron sin argumentos. Esperaban burlarse por la lentitud al hablar, por errores en la pronunciación, por una mala imagen de Beatriz Gutiérrez Müller, por la presencia de sus hijos o Juniors, por el incumplimiento en su promesa de austeridad. Pero como nada de eso ocurrió, no tuvieron más remedio que aceptar que fue un Buen Grito de Independencia


Con la Cuarta Transformación hay días en que parece que sí hay un nuevo país en marcha. Un nuevo país en sentido cualitativo, es decir, mejor. Un síntoma de ese nuevo México es la inesperada expectativa del primer Grito de Independencia de Andrés Manuel López Obrador.

 

Como hace muchos años no ocurría, las familias se reunieron en torno a la televisión para ver a su presidente arengar a los Héroes Nacionales. El resultado no pudo ser mejor, pues la conversación pública se dirigió a resaltar la austeridad de AMLO frente a años y años de frivolidad, lo mismo con Fox, Calderón que con Peña Nieto, especialmente con el priista.

 

Cada año, cada noche del 15 de septiembre era un eterno retorno de discutir los errores del presidente, el vestido de la Gaviota, los costos de los festejos, los excesos de las familias, los Juniors en el balcón.

 

En esas noches del Grito, con Fox, Calderón, Peña Nieto, desapareció el sentido patriótico, nacionalista, del Festejo. Es decir, desapareció el fondo, pues todo estábamos pendientes de la forma: que si el vestido de Angélica era de tal o cual diseñador y había costado tantos miles de pesos.

 

Sin sentido patriótico, la concentración en el Zócalo capitalino se vio desprovista de fondo, de sentido. Entonces todo se convirtió en forma, en parafernalia.

 

Y ni así funcionó, pues año con año las concentraciones populares en el Zócalo se fueron haciendo más exiguas, por lo que Peña Nieto tuvo que recurrir al acarreo de pobladores del Estado de México, que, como acarreados, no ponían ni una pizca de entusiasmo: llegaban con desgano, se iban con desgano.

 

Total, hace años que el Grito de Independencia no ofrecía nada nuevo —excepto los granadazos ocurridos en Morelia en 2008, un acto terrorista en toda regla—.

 

En este 2019, el primer Grito de AMLO,  no se vio el acarreo, ni cientos de autobuses, ni mexicanos en actitud de desgano resignados ante la tragedia social del país. Tampoco se vio la parafernalia ni el derroche ni la discusión anual del vestido. En resumen, un Grito sin frivolidad. El país lo agradeció.

 

Los enemigos de López Obrador, los amlofóbicos, se quedaron sin argumentos. Esperaban burlarse por la lentitud al hablar, por errores en la pronunciación, por una mala imagen de Beatriz Gutiérrez Müller, por la presencia de sus hijos o Juniors, por el incumplimiento en su promesa de austeridad. Pero como nada de eso ocurrió, no tuvieron más remedio que aceptar que fue un Buen Grito de Independencia.

 

Un buen Grito de Independencia porque AMLO, pese a todas sus contradicciones, mantiene sólo una línea: alejar al poder público de la frivolidad, el derroche y la corrupción. Esa, y no otra, es la razón que nos permite creer que sí viene un nuevo país en camino.

 

 

Contrario a las cenas del Grito que con Fox, Calderón y Peña llegaron a costar 21 millones de pesos en las que se servían los mejores vinos y viandas, según la información revelada por el Embajador de EU en México, ahora se sirvieron tostadas de picadillo, pambazos, tamales de mole, chicharrón en chile verde, aguas frescas de sabores y mole.

 

¿Somos menos país porque celebramos nuestra Independencia sin vestidos de diseñador, los mejores alcoholes, las grandes viandas a precios millonarios? Claro que no, sino al contrario.

 

Por eso la producción televisiva del Grito no tuvo recato en transmitir las porras que no sólo celebraban a México sino las exclamaciones de apoyo popular a Andrés Manuel López Obrador que lo mantiene arriba del 70 por ciento de aprobación entre los ciudadanos, pese a que las élites y sus expresiones en redes sociales chirríen. ¡No estás sólo! ¡Sí se pudo! ¡Es un honor estar con Obrador!

 

En Puebla, Barbosa supo mantener la misma línea de austeridad para alejarse de la parafernalia del morenovallismo que hizo dos fiestas: el Grito oficial en Palacio y la fiesta particular en Los Fuertes, donde grandes artistas eran traídos a precios de oro.

 

La Cuarta Transformación podrá cometer muchos errores, pero mientras mantenga la congruencia, contará con un apoyo mayoritario de mexicanos cansados del despilfarro de nuestros políticos y gobernantes.

 

Por primera vez en mucho tiempo, el Grito dio una nota positiva y fue en uno de esos días en que parece que sí se construye un nuevo país.

 

 

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