Sábado, 14 de Diciembre del 2019
Martes, 08 Enero 2019 03:38

¿Los Moreno Valle están vivos?: el absurdo fantástico

¿Los Moreno Valle están vivos?: el absurdo fantástico Escrito Por :   Arturo Rueda

El operativo para difundir la fake news de que Moreno Valle y Martha Erika Alonso no murieron en el ‘helicopterazo’ es digno de un estudio cualitativo de cómo se viralizan las versiones más estúpidas, pues fue a través de cadenas en WhastApp, videos en Facebook y hasta portadas clonadas de Proceso como se difundió está versión


 

En vida, a Rafael Moreno Valle le acompañó siempre el adjetivo de “autoritario” para definir su estilo personal de hacer política, y cientos de anécdotas se tejieron a su alrededor para ejemplificar la dureza con la que trataba a sus colaboradores en búsqueda de la máxima eficiencia, como aventarles celulares y bajarlos de la camioneta a gritos. Si había una frase que lo definía, era “por las buenas, bueno, por las malas, mejor”.

 

En muerte, el mismo Moreno Valle se ha elevado a la categoría de mito. Sólo así se puede creer que miles de poblanos crean aquella historia fantástica de que no murió en el ‘helicopterazo’, sino que fingió su muerte junto a Martha Erika para fugarse a algún paraíso y gastarse la “exorbitante” cantidad de 150 millones de pesos sin rendirle cuentas a nadie y eludir una supuesta auditoría.

 

Sí, lo sé. Es bastante estúpido tratar ese tema por tratarse de una imbecilidad mayúscula que no puede discutirse seriamente, y que algunos resentidos o ignorantes se han dedicado a difundir. Pero el impacto es real, pues en todas las clases sociales la historia fantástica de la #FugaFantástica ha permeado.

 

No conozco otras encuestas, pero cifras dadas a conocer ayer por Pepe Zenteno de Mas Data refieren que 51 por ciento de entrevistados de una muestra pequeña cree que Moreno Valle y Martha Erika están vivos y fingieron su muerte, mientras que 18 por ciento cree que se trata de un accidente y sólo una minoría de 10 por ciento considera el atentado como causa de la tragedia.

 

Sí, es imbécil, pero una mayoría de poblanos cree en la fuga. Aquí nos tocó vivir. O los poblanos de verdad son tan tontos para pensar esto, pese a que el propio López Obrador ha confirmado en diversas ocasiones la muerte de ambos, así como la de los pilotos y del asistente, o en verdad otra cosa pasó.

 

Y sí pasó: en las horas posteriores a la tragedia, se puso en marcha un tsunami en redes sociales digno de los rusos para contrarrestar al hashtag #AMLOAsesino que se difundió en Twitter, acusando al presidente de casi casi ser el autor del accidente en algunos casos, pero implicando su responsabilidad en el clima político.

 

El operativo para difundir la fake news de que Moreno Valle y Martha Erika Alonso no murieron en el ‘helicopterazo’ es digno de un estudio cualitativo de cómo se viralizan las versiones más estúpidas, pues fue a través de cadenas en WhastApp, videos en Facebook y hasta portadas clonadas de Proceso como se difundió está versión.

 

Sin quererlo, los impulsores de esta fake news elevaron a Moreno Valle a la calidad de mito, pues sólo unos pocos personajes en el imaginario popular tienen esta capacidad de fingir su muerte para después retornar.

 

Ese imaginario popular, por ejemplo, refiere que Elvis Presley no murió en el accidente automovilístico, ni Pedro Infante en el ‘avionazo’, sino que ambos, cansados, hastiados de la fama, fingieron su muerte para desaparecer de la escena pública y vivir una vida tranquila, alejada de los reflectores.

 

Recientemente el ex representante de Juan Gabriel dijo que el ‘Divo de Juárez’ no había muerto de un infarto, sino que había fingido y hasta puso fecha para su retorno a los escenarios, convirtiendo en nota viral el regreso del cantautor de entre los muertos. Por supuesto, se cumplió el plazo y Juan Gabriel no volvió a la vida.

 

Jesús de Nazaret murió y no murió en la cruz, según sus apóstoles, y con ese mito de la reencarnación crearon el cristianismo, la religión más poderosa de Occidente. De Emiliano Zapata se dice que no murió en Chinameca, sino que todavía recorre a caballo las montañas del sur.

 

La idea es a la vez tonta y sofisticada. ¿Cómo puedes convencer a alguien de que un muerto está muerto? Las características del accidente dejaron irreconocibles los cuerpos, prácticamente calcinados. Incluso si esto no hubiera ocurrido, ¿a poco se necesitaría mostrar los cadáveres en féretros, mortajas? Simplemente es absurdo: los muertos están muertos.

 

La creencia masiva en este absurdo no sería posible sino en la era en la que los seres humanos pueden ser pirateados, como escribió ayer Yuval Noah Harari en El País: “Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática. La Inquisición y el KGB nunca lograron penetrar en los seres humanos porque carecían de esos conocimientos de biología, de ese arsenal de datos y esa capacidad informática. Ahora, en cambio, es posible que tanto las empresas como los Gobiernos cuenten pronto con todo ello y, cuando logren piratearnos, no sólo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos.

 

“Todo arranca con detalles sencillos. Mientras alguien navega por Internet, le llama la atención un titular: “Una banda de inmigrantes viola a las mujeres locales”. Pincha en él. Al mismo tiempo, su vecina también está navegando por la Red y ve un titular diferente: “Trump prepara un ataque nuclear contra Irán”. Pincha en él. En realidad, los dos titulares son noticias falsas, quizá generadas por troles rusos, o por un sitio web deseoso de captar más tráfico para mejorar sus ingresos por publicidad. Tanto la primera persona como su vecina creen que han pinchado en esos titulares por su libre albedrío. Pero, en realidad, las han hackeado.

 

“La propaganda y la manipulación no son ninguna novedad, desde luego. Antes actuaban mediante bombardeos masivos; hoy, son, cada vez más, munición de alta precisión contra objetivos escogidos. Cuando Hitler pronunciaba un discurso en la radio, apuntaba al mínimo común denominador porque no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades concretas de cada cerebro. Ahora sí es posible hacerlo. Un algoritmo puede decir si alguien ya está predispuesto contra los inmigrantes, y si su vecina ya detesta a Trump, de tal forma que el primero ve un titular y la segunda, en cambio, otro completamente distinto. Algunas de las mentes más brillantes del mundo llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para hacer que pinchemos en determinados anuncios y así vendernos cosas. El mejor método es pulsar los botones del miedo, el odio o la codicia que llevamos dentro. Y ese método ha empezado a utilizarse ahora para vendernos políticos e ideologías”. Un artículo imperdible.

 

¿Quién nos pirateó para vendernos la idea de que los Moreno Valle están vivos? ¿Quién tiene esa capacidad operativa para ocasionar un terremoto en las redes sociales?

 

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