Sábado, 08 de Agosto del 2020
Martes, 26 Noviembre 2019 03:02

La limpia de aviadores nunca se acaba

La limpia de aviadores nunca se acaba Escrito Por :   Arturo Rueda

Como en la política no caben los actos de ingenuidad, nadie puede esperar que el barbosismo trabaje con la herencia de burócratas morenovallistas. Para bien o para mal, los triunfos electorales se reflejan en la composición de las estructuras burocráticas. Durante 8 años, los panistas ganaron y todos tuvieron chamba. Ahora que ganó Morena, es lógico que los panistas se vayan a la calle e ingresen los morenistas


 

Suena traumático, pero no lo es. El anuncio de un despido masivo de 15 % de burócratas de confianza o de honorarios dada a conocer mediante una circular firmada por la secretaria de Administración puso más que nerviosos a los cientos o miles de trabajadores morenovallistas todavía incrustados en la nómina estatal, muchos de ellos escondidos como aviadores.

 

No es sorpresa: si el morenovallismo se caracterizó por hacer un negocio de cada acto de gobierno, parece lógico que la nómina también se convirtió en una fuente de ingresos mediante la siembra de aviadores por cada rincón de la estructura.  

 

Por supuesto, habría que definir qué es un “aviador”. No sólo hablamos del personaje incrustado en la nómina que cobra pero no trabaja. También en ese concepto debe incluir a los famosos “operadores políticos”, es decir, personajes que supuestamente trabajan en la administración pública pero en realidad son movilizadores o reclutadores de los partidos.

 

Una última acepción de aviador debería ser aquel funcionario que, incrustado en la nómina, no acude al centro de trabajo porque en realidad desempeña actividades privadas para el jefe en turno, esto es, vigila por su casa, pasa por los niños, la hace de niñera, cocina o supervisa en una empresa del patrón.

 

Tan sólo en la SEP estatal, por ejemplo, se teme que existan por lo menos mil aviadores que cobran en nómina pero no trabajan ni acuden a centros educativos. La intención de auditar esas plazas y encontrarse con que el dueño de las llaves del software era Darío Carmona detonó el conflicto que culminó con su desplazamiento como interlocutor con la SEP federal y Esteban Moctezuma.

 

En el caso del sector Salud se calcula más o menos en mil plazas los morenovallistas que pudieron seguir en la nómina tras el helicopterazo pero que no han sido descubiertos dado que el titular de Salud, Jorge Humberto Uribe Téllez, nomás no da una, tanto que ya le han cambiado todos los directores administrativos como consecuencia de errores garrafales. Ni siquiera pueden pagar a proveedores pese a que el dinero se encuentra en las cuentas, por lo que en próximos días podrían detenerse servicios críticos.

 

 

Frente a ese paraíso de aviadurías no detectadas, el gobernador Barbosa decidió iniciar la cacería lanzando la circular en la que se ordena los despidos masivos de 15 % de la plantilla y en total podría significar la liberación —o despido— de casi mil 500 plazas a las que después se integrarían personajes afines a la Cuarta Transformación.

 

 

Como en la política no caben los actos de ingenuidad, nadie puede esperar que el barbosismo trabaje con la herencia de burócratas morenovallistas. Para bien o para mal, los triunfos electorales se reflejan en la composición de las estructuras burocráticas. Durante 8 años, los panistas ganaron y todos tuvieron chamba. Ahora que ganó Morena, es lógico que los panistas se vayan a la calle e ingresen los morenistas.

 

Por supuesto, en un país civilizado esto no ocurre gracias al Servicio Civil de Carrera que, pese a muchos esfuerzos, no ha logrado instaurarse en Puebla. Así que la lógica de gobierno continuará siendo el amiguismo, o el compadrazgo partidistas.

 

Por supuesto, el PAN de Genoveva Huerta poco podrá criticar, pues en su momento Moreno Valle impulsó la misma lógica: despidió por miles a los identificados con el PRI y Mario Marín para sustituirlos por perfiles panistas que se enquistaron varios años en el servicio públicos.

 

Todo nuevo, nada viejo es el lema de Barbosa. Los aviadores, fuera.

 

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