Martes, 22 de Octubre del 2019
Viernes, 08 Febrero 2019 03:43

Ni entre sus amigos ni entre sus enemigos hay otro Moreno Valle

Ni entre sus amigos ni entre sus enemigos hay otro Moreno Valle Escrito Por :   Arturo Rueda

¿Qué se fizieron los Juan Carlos Mondragón, Rafael Micalco, Humberto Aguilar Coronado, Lalo Rivera, Ana Teresa Aranda, Pablo Rodríguez Regordosa? Ya no hay nadie que los bloquee, ni nadie que los maltrate, ni nadie que los exilie, ni que los presione con sus cuentas públicas, que los exhiba mediáticamente. ¿No que eran muy ‘gallitos’?


 

Si la esperanza es lo último que muere, el panismo ya puede proceder al entierro. Esa última esperanza era Eduardo Rivera Pérez, el ex alcalde de Puebla capital que durante el morenovallismo se erigió como figura de contrapeso al grupo dominante y aglutinó a aquello que podría denominarse como panismo tradicional. También él, Lalo, ejecutó el ‘gallinazo’: no buscará la candidatura albiazul a Casa Puebla.

 

El morenovallismo se pulverizó a la velocidad de la luz, por inexplicable que parezca. Pero ¿y dónde están todos aquellos que a lo largo del dominio de Moreno Valle se quejaron de los bloqueos, desplazamientos y ocupación del vehículo denominado Acción Nacional?

 

Ese panismo tradicional lo dejó entrar al partido en 2006 y ya luego no pudieron ganarle una en vida. Muerto Moreno Valle, este era su momento de brillar, de demostrar que sus talentos eran mejores, que podían obtener el mismo nivel de victorias, forjar alianzas electorales y aglutinar intereses empresariales y regionales más allá de los partidos políticos. Una política transversal, capaz de mover todas las piezas necesarias para ganar.

 

Pues resultó que no. Que nadie dio el paso adelante. Y que al igual que los integrantes de su equipo, el llamado morenovallismo, sus opositores también resultaron de tamaño minúsculo, por no decir liliputiense.

 

¿Qué se fizieron los Juan Carlos Mondragón, Rafael Micalco, Humberto Aguilar Coronado, Lalo Rivera, Ana Teresa Aranda, Pablo Rodríguez Regordosa? Ya no hay nadie que los bloquee, ni nadie que los maltrate, ni nadie que los exilie, ni que los presione con sus cuentas públicas, que los exhiba mediáticamente. ¿No que eran muy ‘gallitos’?

 

Ninguno de ellos quiere competir. Nadie quiere arriesgarse, pero lo peor, nadie se ve con capacidad de construir un aparato electoral semejante al que construyó Moreno Valle desde la oposición en 2010. Ese año, la construcción de su emporio partió desde la inferioridad. No tuvo miedo de enfrentarse a Mario Marín y sus cuantiosos recursos públicos.

 

Aquí la palabra es esencial, es: miedo; nadie quiere arriesgarse. Ni los morenovallistas ni los que en su momento se definieron antimorenovallistas. Así de simple. No son gallos, sino gallinas. Tienen un temor brutal. Se saben pequeños y débiles.

 

Precisamente por esa pequeñez, por esa debilidad, en vida nunca pudieron ganarle una a Moreno Valle. Juan Carlos Mondragón fue expulsado de la dirigencia y prefirió exiliarse, destino parecido al de Rafael Micalco. Pablo Rodríguez fue el aliado yunquista, y aunque es presidente del comité municipal en la capital, guarda un silencio sepulcral.

 

Ana Teresa Aranda fue vencida una y otra vez hasta que se volvió irrelevante. En 2016 logró la candidatura ciudadana a la gubernatura con una participación intrascendente del 4 por ciento de la votación. No movió la aguja ni fue capaz de molestar la victoria de Tony Gali.

 

Aguilar Coronado fue fórmula de Moreno Valle en 2006 al Senado y llegó a la Cámara Alta gracias a él. Pero después se diluyó, desapareció, y ahora no quiere perder la comodidad ganada en la Fundación ‘Rafael Preciado’ tras ocho años de ‘vacas flacas’ presupuestales.

 

De todos ellos, el único que parecía tener tamaño propio era Lalo Rivera, ganador de la alcaldía en 2010, pero arrasado por el tsunami lopezobradorista en 2018 por la insulsa Claudia. Tras resolver sus asuntos de las cuentas públicas, se fue al retiro con toda la tranquilidad del mundo.

 

El ex edil era la última esperanza del PAN de presentar un candidato medianamente competitivo.

 

“En las condiciones en la que estamos actualmente, la respuesta definitivamente es: no. Estas condiciones que definitivamente tiene el PAN, esta indefinición, esta crisis por la que atraviesa el partido, me parece que estas condiciones no ponen la plataforma para poder ganar la gubernatura. Yo quiero ser gobernador, no solamente candidato, y las condiciones que yo veo en el partido no son las mejores y hay mucho por hacer al interior del partido y tanto en el estado como a nivel nacional; no se ha hecho la tarea”, dijo Rivera Pérez al son del ‘gallinazo’.

 

Cuarenta y cinco días después de su muerte, queda claro que ni entre sus amigos, y tampoco entre sus enemigos, hay otro Rafael Moreno Valle.

 

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