Domingo, 23 de Febrero del 2020
Martes, 14 Enero 2020 02:00

O me voy o te vas: de bros y relaciones tóxicas

O me voy o te vas: de bros y relaciones tóxicas Escrito Por :   Arturo Rueda

¿Cuál ha sido la lealtad definida de Manzanilla, su bando permanente durante los últimos veinte años de carrera política? ¿A qué idea, a qué grupo, a qué personaje, salvo él mismo, le ha sido leal? ¿En este tipo de perfil es tan sorprendente la traición contra quien es ahora su jefe político, pero al que aborrece desde que lo convirtió en un minúsculo secretario de Gobernación, sin poder ni presencia, cuando imaginó que llevaría las riendas del gobierno de Luis Miguel Barbosa?


 

Fue el jurista alemán Carl Schmitt quien descubrió que el contenido fundamental de lo político es el eje amigo/enemigo. La única categoría posible que la explica, en ese sentido, son los bandos en los que se alinean unos y otros, o unos contra otros. Bandos que no tienen contenido específico, sólo la alineación de un grupo contra otro.

 

Fernando Manzanilla y Eukid Castañón son miembros originales del bando morenovallista. Estuvieron ahí en sus primeros días de la secretaría de Finanzas, en la conquista del poder en 2010 y luego, aunque eran bros, se pelearon en 2013, cuando Moreno Valle pulverizó a su cuñado y nombró a Castañón como el operador plenipotenciario del régimen, además de espía eficaz.

 

Pero antes de esa pelea lo compartieron todo. En estricto sentido, construyeron una hermandad. ¿A quién puede sorprenderle entonces que, superados sus pleitos y muerto quien los dividió, retomen esa hermandad, esa brosidad que tanto los caracterizó en el pasado reciente?

 

Lo único que se necesita es un motivo. Una razón, y ninguna mejor que el aborrecimiento que ambos le tienen hoy a Luis Miguel Barbosa.

 

De Eukid no sorprende, pues se trata del primer huérfano del morenovallismo cuyo objetivo en la vida es vengar la muerte de su padre político y, por si fuera poco, enfrenta un proceso de congelamiento de cuentas desde la UIF e investigaciones por enriquecimiento ilícito en varias instancias.

 

Su cascada de problemas es tal que no busca quién se la hizo, sino quién se la pague.

 

En el caso de Manzanilla, su personalidad política está configurada por sus arrebatos emocionales que lo llevan a saltos cuánticos de bandos políticos y preferencias.

 

 ¿No era el cuñado de Moreno Valle, su estratega y mejor amigo, y de todas formas terminó aborreciéndolo?

 

¿No en su odio a Moreno Valle se acercó a Morena, a Barbosa, y juntos denunciaron el espionaje político?

 

¿Cuál ha sido la lealtad definida de Manzanilla, su bando permanente durante los últimos veinte años de carrera política?

 

¿A qué idea, a qué grupo, a qué personaje, salvo él mismo, le ha sido leal?

 

¿En este tipo de perfil es tan sorprendente la traición contra quien es ahora su jefe político, pero al que aborrece desde que lo convirtió en un minúsculo secretario de Gobernación, sin poder ni presencia, cuando imaginó que llevaría las riendas del gobierno de Luis Miguel Barbosa?

 

¿No sus personajes cercanos circularon que Barbosa sería un gobernador de papel, y si se moría por su enfermedad, Manzanilla asumiría el poder?

 

En este tipo de bros, Fernando y Eukid, nada sorprende, porque los hemos visto ser capaces de todo. Carecen de prurito e ideología, así que si un día fueron amigos, luego enemigos, no hay nada que les impide volver a ser bros.

 

Bros que arman estrategias contra sus enemigos comunes, en pos de objetivos específicos. ¿No es eso la política? ¿No son ambos políticos profesionales? Nada personal hay entre ellos, sólo negocios.

 

De Manzanilla lo único que sorprendería es que permaneciera un día más en la Secretaría de Gobernación, en el gabinete barbosista, pues entonces se confirmaría que él y el gobernador han construido una relación tóxica: uno no se va, y el otro no lo corre.

 

Un juego del gato y el ratón que divierte unos días, unas semanas, pero después se vuelve tóxico, perjudicial.

 

En estos casos lo único prudente ya lo dijo Marco Antonio Solís en ese clásico “O me voy o te vas”:

 

Si te hago tanto mal

 

Mejor déjame tranquilo antes que se

 

 

Rompa el hilo que quedó

 

Sosteniendo lo poco que se salvó

 

De nuestro amor.

 

 

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