Jueves, 20 de Febrero del 2020
Miércoles, 22 Enero 2020 02:56

El callejón de los madrazos

El callejón de los madrazos Escrito Por :   Arturo Rueda

El anuncio de que el Bufete Universitario BUAP defenderá gratis a todos los poblanos encabronados por el pago de 965 pesos para reemplacar es, simplemente, dinamita que va a estallar en las manos de alguien. Un anuncio que se viralizó a velocidad de la luz pues, es cierto, hay miles de poblanos que no quieren pagar por un nuevo juego de placas. ¿Y quién no quiere una defensa jurídica gratuita ante una medida recaudatoria impopular?


 

Es una ley de vida que cuando uno entra al callejón de los madrazos, no se sabe cómo va a salir: si triunfante con la furia en los puños, o madreado y vapuleado entre abucheos. A algo semejante se refiere el genial Tyler Durden, interpretado por Brad Pitt: “En el club de la pelea, luchas contra todas las cosas que odias en esta vida.”

 

El rector Alfonso Esparza y el gobernador Luis Miguel Barbosa se citaron en fecha indeterminada en un callejón oscuro sin precisar lugar. Chismes vinieron, rumores fueron, llamados a la serenidad de ambas partes, interlocutores, intermediarios de reuniones, convocatorias al respeto de la autonomía.

 

Todo fue inútil: la pelea en el callejón comienza hoy. Hubo un desafío inesperado y eso es suficiente para colgar el cartel de la batalla estelar llamada con la muerte en los puños.

 

La auditoría preventiva arrancada por Romero Serrano en diciembre de 2019, unos días después de tomar protesta como titular de la ASE,  desató los demonios y lo que siguió fue un guion más o menos previsible: el desplegado de los 43 directores de unidades académicas, el respaldo del Consejo Universitario, la convocatoria en defensa de la autonomía, los reclamos vs Romero Serrano. Guion previsible porque ni modo que Esparza se quedara cruzado de brazos.

 

La batalla se cerró  en dos instituciones: la BUAP vs la Auditoría Superior del Estado, aunque muchas voces trataban de jalar al ring a Gabriel Biestro.

 

Como no funcionó el escudo del Consejo Universitario, ni las fotos ni la definitividad a Beatriz Gutiérrez, ni la pobre defensa mediática de sus aliados, ni la campañita para despertar el fervor por la autonomía universitaria —que en esta época ya no dice nada a los estudiantes de la BUAP—, el rector Esparza decidió doblar la apuesta y escalar el pleito, ahora sí, directamente hacia el gobierno estatal y su política recaudatoria del reemplacamiento.

 

El anuncio de que el Bufete Universitario BUAP defenderá gratis a todos los poblanos encabronados por el pago de 965 pesos para reemplacar es, simplemente, dinamita que va a estallar en las manos de alguien. Un anuncio que se viralizó a velocidad de la luz pues, es cierto, hay miles de poblanos que no quieren pagar por un nuevo juego de placas. ¿Y quién no quiere una defensa jurídica gratuita ante una medida recaudatoria impopular?

 

Pero Esparza juega con fuego pues no hay forma de explicar que la BUAP, de golpe y porrazo, preste sus recursos a la sociedad de forma desinteresada. ¿Por qué no lo hizo en otras medidas impopulares, por ejemplo, la privatización del agua, la firma de los contratos leoninos de los PPS o la violación a los derechos humanos en Chalchihuapan?

 

¿Por qué habiendo tantas causas, en tantos momentos desde que Esparza es rector, de pronto la Universidad recobra su conciencia social? Lo hace por lo menos mediáticamente, porque en la vía jurídica es difícil que los abogados de la BUAP frenen el reemplacamiento.

 

No hay explicación, salvo la guerra del rector para impedir las auditorías y que se conozcan los movimientos, el tejemaneje de los Lobos BUAP, tanto el desvío de los 466 millones de pesos como la venta fraudulenta del equipo que nunca fue patrimonio universitario.

 

Pero Lobos BUAP es la punta del iceberg porque debajo hay un cochinero que va desde el manejo opaco de los recursos propios o autogenerados —por ejemplo Farmacias Fleming—, hasta los contratos de obra pública como la Torre de Rectoría, que ya tiene un retraso de cuatro meses y nadie sabe cuándo se va a terminar ni cuánto va a costar.

 

Quizá Esparza están tan desesperado que realizó su última y arriesgadísima jugada: convertirse en un vehículo movilizador del descontento social en contra de Morena, de Luis Miguel Barbosa, y convertirse en la oposición que hoy no existe en Puebla, pues tanto el PAN como el PRI lucen desvencijados.

 

La BUAP, de acuerdo con esta visión, dejó de ser una universidad pública y autónoma, sino que se convirtió en un partido político: un partido antibarbosista. Y eso tiene sus consecuencias, por lo que el tablero político se moverá con rapidez en dos direcciones.

 

Una, pactar con Esparza para impedir que la BUAP se convierta en ese vehículo opositor al gobierno y sus políticas recaudatorias. Dejarlo en paz, cerrar las auditorías y dejar que conduzca su sucesión en paz, sin que se meta la Fiscalía o la Auditoría a husmear donde no deben. Que el caso Lobos se muera.

 

Dos, llevar el callejón de los madrazos hasta sus últimas consecuencias, donde los puños del gobernador —como sea que se llame— tienen más dinamita que los puños de un rector.

 

Apuesta peligrosísima de incierto resultado. Pero en una de esas, la jugada le sale a Esparza.

 

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