Martes, 15 de Octubre del 2019
Jueves, 07 Marzo 2019 03:16

Aplastaron al panismo poblano para poner al Doctor Incongruencias

Aplastaron al panismo poblano para poner al Doctor Incongruencias Escrito Por :   Arturo Rueda

Para hacer candidato a Cárdenas, Marko Cortés aplastó al panismo poblano que había votado por tres propuestas —Memo Velázquez, Paco Fraile, Blanca Jiménez— de los siete que se inscribieron. Esos siete ingenuos sólo legitimaron la trampa, pues la candidatura nunca iba a ser de ellos. Todo fue una pantomima, una burla, porque la partidocracia ya llevaba una semana cocinando la sorpresita.


 

Antes que a un ciudadano o a un académico, el último trayecto de la biografía de Enrique Cárdenas nos muestra a un hombre muy ambicioso, pero poco hábil para conseguir sus objetivos políticos. Esa ambición lo hizo transitar, en apenas dos años, de simpatizante de López Obrador a precandidato a gobernador de Morena, luego odiador de ese partido tras perder.

 

Resentido contra Morena, se lanzó a la búsqueda de una candidatura independiente de la que quedó muy lejos del umbral de firmas ciudadanas, sólo 11 mil de 132 mil. Construyó un nuevo enemigo, la maldita partidocracia que bloquea a los ciudadanos, y durante semanas se dedicó a atacar al PAN, a MC, a PRD y lo que llamó ‘partidos satélites’ del morenovallismo.

 

Además de odiador de la partidocracia, se adhirió a la teoría del fraude electoral cometido por Martha Erika Alonso, a quien llamó cínica. En la perspectiva de que la elección se repitiera, manejó su nombre entre la lista posible de interinos a propuesta de José Juan Espinosa.

 

El ‘Doctor Incongruencias’ fue descartado tras asumir una postura amlofóbica en sus redes tras la cancelación del NAICM. Con más resentimientos, promovió la creación de un partido local denominado Sumamos que fue descartado por el IEE por registro extemporáneo.

 

Ahora, tras dedicar semanas y meses combatiendo a los malditos partidos políticos, será candidato a la gubernatura por tres partidos políticos, PAN-MC-PRD.

 

Visto desde esa perspectiva, el doctor Cárdenas es una suma de incongruencias alimentadas por su ambición sin límites. Si nuestra clase política se caracteriza por su cinismo, el ex rector de la Udlap no es una opción diferente, sino más de lo mismo. O peor, no sabemos.

 

Por supuesto, la ambición no es mala. Después de muchos años en el cubículo académico, en contacto con otros brillantes académicos, tardíamente se le despertó el ‘gusanito’ de la política. El anhelo de la pompa, del reconocimiento, de ponerse en el centro de acontecimientos, y se fijo un objetivo: que los poblanos lo llamen ‘Señor Gobernador’.

 

O ‘Señor Académico Gobernador’.

 

O ‘Señor Gobernador Académico’.

 

No sé cuál se escuche mejor.

 

Compendio de incongruencias, el problema de Cárdenas ha sido la torpeza para lograr sus objetivos, pues su personalidad de académico no levanta ningún entusiasmo en la vida política-electoral. Dentro de Morena perdió la encuesta y su reacción fue dar un portazo, confirmando que Barbosa era mejor político. No se paró en la campaña, pues su soberbia intelectual siempre lo hizo menospreciar al oriundo de Zinacatepec.

 

Como aspirante ciudadano, no logró reunir ni el 10 por ciento de las 132 mil firmas de apoyo. Dijo que era imposible por una legislación tiránica, restrictiva, pero dos años antes Ana Teresa Aranda superó la meta de forma holgada.

 

El rechazo de Morena, más la frustración por no obtener la candidatura ciudadana, generaron en él un sentimiento de despecho. Se dedicó a atacar los partidos políticos, y en octubre de 2018, se lanzó contra Andrés Manuel López Obrador por la cancelación del NAICM en Texcoco.

 

Pero ahora olvida todo eso, y se entrega a los brazos del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano a los que tanto atacó.

 

¿Cómo acabó esta veleta caprichosa como candidato de Acción Nacional?

 

Ese esperpento no tiene explicación. Lo tiene que explicar: para hacer candidato a Cárdenas, Marko Cortés aplastó al panismo poblano que había votado por tres propuestas —Memo Velázquez, Paco Fraile, Blanca Jiménez— de los siete que se inscribieron. Esos siete ingenuos sólo legitimaron la trampa, pues la candidatura nunca iba a ser de ellos.

 

Todo fue una pantomima, una burla, porque la partidocracia ya llevaba una semana cocinando la sorpresita con el pretexto de atender la petición de unos ciudadanos distinguidos, los clásicos académicos abajo firmantes que nunca han competido por un cargo, ni tienen la mínima idea de cómo ganar una elección.

 

Son los nombres de siempre, la “sociedad civil” cuyo vehículo de expresión política son los desplegados que nadie lee: Casar, Álvarez Icaza, Aguayo, Castañeda. Algunos inteligentes, otros preparados, la mayoría son apantallapendejos.

 

Sí, son los mismo que hicieron perder a Anaya, y fueron arrastrados por López Obrador. No valen nada, y ninguno de ellos vota en Puebla. Pero para que ganaran ellos, perdió la militancia poblana que ahora carece de incentivos para ayudar a Cárdenas.

 

Si esto no fuera trágico, sería cómico.

 

Desde el bad side, Moreno Valle debe darse de topes ante tanta torpeza.

 

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