Lunes, 23 de Septiembre del 2019
Miércoles, 20 Febrero 2019 01:49

La política exterior mexicana siempre ha sido mediocre

La política exterior mexicana siempre ha sido mediocre Escrito Por :   Héctor Hernández Álvarez

Dejemos de alabar lo “excepcionalmente bueno”


 

La historia ha demostrado que México no se ha caracterizado por ser ejemplo de política exterior. Desde la implementación de las doctrinas más famosas, como la Juárez (no intervención en asuntos internos de otros Estados), la doctrina Carranza (igualdad jurídica de los Estados), y la doctrina Estrada (no conceder reconocimiento a un régimen y respetar la soberanía interna). Se ha visto que, debido al pasado de conquistas contra nuestro país, México se adecuó y tuvo que conformarse con protegerse y alejarse de los conflictos debido a su bajo nivel de fuerza.

 

En efecto, los libros de texto de la primaria y la educación tradicional han promovido en los mexicanos, la honra y el orgullo por los llamados héroes nacionales. Sin embargo, no olvidemos que en las guerras más importantes en que México ha sido parte, el resultado casi siempre ha sido negativo. Contra Estados Unidos perdimos aproximadamente la mitad del territorio; contra los franceses durante la primera intervención, igualmente caímos. Finalmente, en la segunda intervención francesa de 1861, fue la única vez que resultamos triunfadores frente a una potencia militar, aunque hay que decir que el ejército francés que mandaron a México no era precisamente el más capaz. Esto por batallas previas que tuvieron, como la lucha de independencia en Argelia y la guerra franco-prusiana que estaba a la vista; los franceses tenían otras prioridades.

 

Si revisamos las doctrinas más famosas empleadas por los gobiernos de México, nos daremos cuenta de que todas han sido diseñadas supuestamente para promover los principios de política exterior, es decir: la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

 

Todos los elementos que conforman los principios de la política exterior de México, y que, por cierto, están plasmados en el artículo 89 fracción X de nuestra Constitución, hacen pensar que nuestro país es un pacifista. Entonces, ¿por qué nuestro himno nacional sigue siendo belicoso? ¿Tan dañados hemos quedado de las conquistas en nuestra contra? Recordemos que el himno es uno de los símbolos patrios que nos representan, ¿de verdad queremos que se nos siga identificando como víctimas?

 

De acuerdo con la mejor teoría para analizar la política, el Realismo, cada país debe defender su interés nacional. No obstante, con la instauración de una supuesta y mal llamada democracia, el interés nacional de México no existe. Gobiernos van y vienen, cada sexenio cambia burocracia y políticas que no son de su agrado y muy pocas prevalecen. Eso no es defender el interés nacional. Pensemos, por cuáles otras cosas aparte del tequila, los tacos, las playas, y la manufactura para la creación de los televisores, los refrigeradores y los automóviles, México es reconocido. Seguramente por muy pocas otras cosas.

 

Ciertamente, sería muy complicado comparar a México con otros países para analizar realmente su alcance respecto al resto del mundo. No obstante, desde ya, podemos asegurar que ha quedado corto en los dos aspectos más importantes para medir el poder de una nación: su economía y capacidad militar.

 

¿Lo dudan?, simplemente vean cómo tenemos un Estado y un Ejército que están doblados de manos y a merced del crimen. Con un gobierno que dice que la guerra contra los capos de la droga ha llegado a su fin ¿Así nos atrevemos a seguir con un himno nacional incongruente y rebasado en la actualidad? Ni siquiera hemos podido con nuestra seguridad interior.

 

A decir verdad, las potencias mundiales siempre han tenido la cualidad principal de tener fuerzas armadas impresionantes, que no sólo podrían contra cualquier enemigo interno, sino que son capaces de responder en otros países con mira a mejorar sus intereses nacionales y aumentar su poder en el mundo.

 

En cuanto a la economía, no está tan mal si pensamos en términos macroeconómicos, aunque podría ser mejor. Recordemos que aun existe una brecha muy importante entre ricos y pobres. La desigualdad ha creado en México más inseguridad y falta de desarrollo. Para constatarlo, sólo hace falta ir a la capital de nuestro país, ir caminando y observar edificios, así como automóviles de lujo y, por otro lado, a poco tiempo de ahí, pobreza, casas muy endebles y desempleo generalizado. Aun tenemos a casi la mitad de la población total en situación de pobreza. La desigualdad es normal, el problema es que en México hay demasiada.

 

Nuestro país debe ir hacia adelante y ser congruente con los mensajes que manda. La llamada Cuarta Transformación, ojalá pueda resolver los principales problemas que nos aquejan. Aunque, lamentablemente, tengo mal pronóstico. La delincuencia seguramente irá en aumento. No se invierte lo suficiente en nuestras fuerzas armadas. La inversión en ciencia y tecnología es escaza y su dirección está en las manos equivocadas. Sin esos elementos, y con esas lamentables características e incongruencias “pacifistas” es difícil pensar en que México pueda llegar a ser llamado algún día potencia mundial.

 

   El Realismo en el análisis.

 

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