Viernes, 21 de Enero del 2022
Indicador Político

El aparato de propaganda del establishment mediático anti Trump ha enfocado con eficacia todas sus baterías contra el presidente por la irrupción de vándalos al Capitolio y ha tratado de construir una narrativa ideológica para alertar sobre un fascismo doméstico de masas supremacistas. Sin embargo, poco ha dicho ese sector discursivo sobre el fascismo de Estado que el gobierno de la Casa Blanca construyó en la guerra fría contra el comunismo y después del 9/11 contra el terrorismo.

Entre el silencio del ex presidente Barack Obama como líder de la tibia ala progresista de los demócratas y la desaparición del presidente electo Joseph Biden, sin control dominante sobre el Partido Demócrata, la reina Nancy Pelosi se ha erigido como la presidenta en funciones de los EEUU en los últimos quince días del periodo constitucional del presidente Donald Trump, y con sus acciones ha definido el margen de maniobra estrecho de la próxima administración.

De hoy miércoles 13 al miércoles 20 de enero el sistema/régimen/Estado/democracia de los EEUU enfrentará una insurrección acreditada –aunque no apoyada– por 47 % de los electores trumpistas y el presidente demócrata electo Joseph Biden jurará el cargo en medio de un estado de sitio.

De hoy miércoles 13 al miércoles 20 de enero el sistema/régimen/Estado/democracia de los EEUU enfrentará una insurrección acreditada –aunque no apoyada– por 47 % de los electores trumpistas y el presidente demócrata electo Joseph Biden jurará el cargo en medio de un estado de sitio.

Si los halcones de China, Rusia, Corea del Norte e Irán o hasta los radicales de Venezuela, Cuba y Nicaragua hubieran querido, habrían aprovechado el golpe de poder de la reina Nancy Pelosi como tercera en la línea de sucesión del poder presidencial de los EEUU, saltándose al arrinconado Trump y al institucional vicepresidente Mike Pence para trabar el botón nuclear de la Casa Blanca.

La tranquilidad personal de Donald Trump se basa en el hecho histórico, político y de seguridad nacional de que los presidentes de los EE. UU. son inimputables de cualquier delito porque poseen secretos del poder que son su seguro de vida… y del imperio.

Como acción concertada, los representantes del establishment que no pudieron impedir que el candidato republicano Donald Trump acumulara 47 % de los votos populares (74.4 millones) quieren llevar los disturbios poselectorales del miércoles 6 al tono de que representan una “amenaza para la democracia”.

Después del campanazo en elecciones locales en Hidalgo y Coahuila por la capacidad de operación política local del PRI, en este año dos de las quince gubernaturas en disputa fueron mal calculadas por la dirección nacional de Morena: Sinaloa (PRI) y Querétaro (PAN) al desdeñar el papel clave de los gobernadores salientes.

Además de una serie de circunstancias geopolíticas y de una inquietud planteada por el gobierno de Peña Nieto en 2013, por segunda ocasión desde el sector público emerge hoy la necesidad de diseñar una doctrina de defensa nacional, que no es otra cosa que la construcción de un escudo de seguridad nacional estratégico y geopolítico ante las presiones internacionales, sobre todo las estadunidenses.

Como no había ocurrido antes, las celebraciones de año nuevo 2021 fueron vacías, bastante porque no pudieron cerrarse los grandes temas del 2020 y mucho también porque el COVID-19 vino a romper todas las expectativas.

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