Viernes, 13 de Diciembre del 2019
Viernes, 06 Julio 2018 03:24

Ignorancia y poder

Ignorancia y poder Escrito Por :   David Peral Rodríguez

Nuestra identidad poblana, de manera vergonzosa, se acerca más al huachicol, a la corrupción criminal de policías como en Texmelucan, Ciudad Serdán o Tecamachalco, a la de los candidatos que se reeligen sin escrúpulos en municipios anquilosados por la delincuencia.


 

Te encuentras entre el clima bochornoso de las tardes de julio, el smog asfixiante de los autobuses que prometían modernidad y que ahora tienen que ser remolcados; con las pisadas inquietas de los fantasmas que fulminan el tiempo observando los colores grisáceos de algún espectacular donde prometen igualdad, las aves trinan en los pocos árboles que aún quedan en las avenidas, a veces, el sonido de los pájaros es ofuscado por una bocina imprudente de algún automovilista desesperado. Entre todo ese caos, recuerdas el cuestionamiento de Santiago Zavala -personaje de la magistral novela de Vargas Llosa Conversación en la Catedral- te tomas unos segundos y piensas ¿En qué momento se jodió Puebla?

 

El texto puede resultar fatalista, sin embargo, nuestra realidad habita en la tétrica obscuridad, tan sólo basta con ojear un poco el diario para darnos cuenta de que la situación se vuelve funesta, entre los 217 alcaldes que comandarán los ayuntamientos poblanos, desfilaron en las boletas electorales, personajes siniestros, ligados al crimen organizado, al trasiego de huachicol, con pasados tapizados de corrupción, escándalos, violencia y tropelías.

 

Estos obscuros personajes abanderan la supuesta esperanza, enarbolan los principios partidarios de López Obrador, no es de extrañarse que Morena esté conquistando el territorio poblano con más de 50 municipios, ni qué decir de la hegemonía que tendrá en el Congreso del Estado, sin embargo, Barbosa no pudo triunfar, y es que quizá las poblanas y poblanos pueden aceptar a criminales como líderes, pero nunca a doble caras, la incongruencia no fue perdonada.

 

Nuestra identidad poblana, de manera vergonzosa, se acerca más al huachicol, a la corrupción criminal de policías como en Texmelucan, Ciudad Serdán o Tecamachalco, a la de los candidatos que se reeligen sin escrúpulos en municipios anquilosados por la delincuencia.

 

Puebla, sin quererlo o imaginarlo, se volvió el paraíso de los demonios que con cándidas sonrisas y guiños pretenden eliminar sus delitos, algunos son empresarios huachicoleros, otros fingen ser demócratas. Y allí los vemos, armados con tarjetas de crédito American Express, durmiendo en palacios y visitando a psicólogos para olvidar la culpa de abandonar algún cuerpo desmembrado en un paraje o camino comunitario.

 

La política en nuestro estado es mercancía que puede ser marcada como defectuosa y venderse en los anaqueles de la ignorancia.

 

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