Viernes, 06 de Diciembre del 2019
Indicador Político

Como primera premiación de la ‘Belisario Domínguez’ de un nuevo gobierno con siglas diferentes al PRI, impulsado por la mal llamada 4ª Transformación y salido de la disidencia priista, la entrega de la presea al periodista Carlos Payán Velver se debe medir por el discurso de aceptación: el viejo modelo de loas al presidente en turno para significar la sumisión de la prensa crítica y del legislativo.

En una de sus conferencias matutinas, el presidente López Obrador contestó la queja de personal del servicio diplomático sobre la baja en salarios y prestaciones en el exterior con un argumento de largo plazo: habrá personas que trabajen con los nuevos salarios.

El análisis del contenido del ingreso-gasto 2019 y los tiempos políticos sexenales han dejado en claro una certeza: no hay ni habrá 4ª Transformación; la política económica/modelo de desarrollo/Estado de bienestar que se deriva del presupuesto que es un híbrido de neoliberalismo con asistencialismo mínimo.

En medio de actos populistas distractores como las críticas contra los ricos y la resurrección de la Madre Tierra, la esencia de todo gobierno se resume en la definición de su política económica. Y ésta, a su vez, se concentra en la política antinflacionaria.

Para que no pueda abusarse del poder es absolutamente preciso que el poder contenga al poder El espíritu de las leyes, barón de Montesquieu, 1748.

Los todopoderosos hombres de la toga y birrete demostraron que nada entienden de política y lucha por el poder, pero lo más grave fue que también demostraron ser ignorantes de los caminos secretos del litigio judicial. La crisis López Obrador-Suprema Corte no fue por salarios, sino por una nueva redistribución del poder real que implica la ruptura del orden constitucional en materia de división de poderes.

Sin tener una alternativa al sistema político/régimen de gobierno/Estado priista, el presidente López Obrador está metiéndose en problemas porque su objetivo se ha reducido a reconstruir la estructura de dominación del régimen priista anterior para su propio modelo de presidencialismo caudillista, sólo que con dos variables negativas: Morena no es un PRI de corporaciones y el presidencialismo lopezobradorista no negocia con nadie.

La disputa del presidente López Obrador y sus bancadas legislativas contra la Suprema Corte de Justicia de la Nación por la ley de salarios es otra de las batallas que no tiene como fondo un cambio de régimen porque el actual es y seguirá siendo presidencialista, sino revela un reacomodo de poderes a favor de la nueva élite lopezobradorista mayoritaria.

A lo mejor no va a ser necesario tomar tan en serio al presidente López Obrador en sus abruptos políticos: en el 2006 mandó al diablo las instituciones electorales y en el 2018 las elogió porque le dieron la victoria.

Una de las palabras que podrían resumir las posibilidades del proyecto de gobierno del presidente López Obrador es ‘oxímoron’, la mezcla de dos posiciones encontradas y hasta excluyentes. Su populismo político estará acotado por la dominación del neoliberalismo en economía y desarrollo: será populismo neoliberal.

Como era de esperarse, el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador como movilizador de masas quiere reproducirse como presidencialismo de pueblo. Por esos objetivos, su modelo presidencial representa un retroceso al avance en la deconstrucción de la institución que ha dominado y controlado la política y la sociedad desde las comunidades indígenas originarias.

1.- El neoliberalismo entró a México de la mano del Fondo Monetario Internacional. La política económica del gobierno de Echeverría aumentó el gasto y expandió el Estado en 10 puntos porcentuales, pero sin asegurar incremento en los ingresos. La inflación pasó de un promedio anual de 2% hasta 1970 a 20% en 1973-1976 y subió a 35.7% en el sexenio de López Portillo.

La resolución final de la elección de gobernador en Puebla va a definir el rumbo de la política electoral del gobierno del presidente López Obrador: o seguir los pasos del viejo PRI que se quedaba con todas las posiciones electorales usando su fuerza institucional o fundar un mecanismo realmente democrático donde impere el respeto al voto.

Si el presidente López Obrador quiere iniciar su sexenio 2018-2024 con una nueva etapa en el ejercicio del poder, lo más importante radicará en dos cosas: reconocer que su modelo es populista y convertir al populismo en una propuesta de socialdemocracia con nuevos pactos sociales con empresarios, trabajadores y grupos sociales y presidencialismo acotado.

1.- La nueva fase histórica de México, que se inauguró el sábado 1 de diciembre de 2018 con López Obrador, en realidad comenzó en 1981: en el escenario de un congreso del Colegio Nacional de Economistas se confrontaron dos posiciones de proyectos de nación; de un lado el popular, encabezado por sectores progresistas de profesionales ligados al Congreso del Trabajo; por otro, el neoliberal, perfilado por la élite gobernante administrativista y tecnocrática que se encaramó en la presidencia de la mano del Fondo Monetario Internacional en 1975 y su cabeza de playa José López Portillo.

Para el politólogo José Luis Reyna, pionero del análisis del sistema-PRI