Viernes, 19 de Octubre del 2018
Indicador Político

Si el equipo de seguridad pública del gobierno electo de López Obrador sabe leer con mentalidad estratégica el anuncio del fiscal general de la Casa Blanca, Jeff Sessions, sobre una ofensiva contra el crimen organizado transnacional, se dará cuenta de que tiene que ver con la estrategia timorata mexicana del próximo sexenio ante la violencia de los cárteles.

Benito Juárez y la invocación al pueblo son un coctel políticamente peligroso. La fascinación del presidente electo, López Obrador, por el Benemérito, no puede ocultar la intentona del oaxaqueño, en 1867, para instaurar la dictadura presidencial… clamando al pueblo.

La disputa por el PRI será destructiva, y se resolverá antes del 1 de diciembre porque tiene que ver con los tiempos del presidente Peña Nieto. Esta semana, el principal indicio estará en la imposición del ex gobernador oaxaqueño, José Murat Casab, como secretario general de la CNOP y punta de lanza de la candidatura del gobernador campechano, Alejandro Moreno ‘Alito’, a la presidencia del partido.

Los foros sobre seguridad no se suspendieron por razones de organización y tiempo para diseño de estrategias, sino porque bandas criminales amenazaron con atacar las reuniones con violencia.

En medio de dardos envenenados que parece que nada tienen que ver con definiciones de fondo pero envenenan el ambiente de inseguridad, el tema central que va a definir la línea estratégica del gobierno formal de López Obrador será el de la seguridad interior.

A Pablo Marentes y a la memoria de su hijo asesinado de manera vil

El principal problema de las propuestas del presidente electo López Obrador sobre seguridad no radica sólo en no saber lo que se quiere, sino en cómo se va a llegar a donde no se sabe. Y se agrava cuando el debate al interior del lopezobradorismo no se da en la lucha autoridad-criminales, sino entre los radicales que quieren disolver al Ejército y un López Obrador indeciso que un día dice que no y otro que sí.

La boda de César Yáñez -resumida en el reportaje de la revista Hola- ha tenido tres efectos en la imagen de gobierno del presidente electo López Obrador:

En febrero del 2015 el INE inició un litigio contra el columnista Carlos Ramírez y su columna Indicador Político concluyendo con una multa y una amonestación por haber ejercido la libertad de opinión. La sala superior del Tribunal Electoral Federal anuló el castigo del INE, pero dejó abierta la necesidad de corregir el reglamento de elecciones para evitar la coerción legal contra la libertad de prensa.

Lo único que está claro es que la intentona de Morena por apropiarse de la gubernatura de Puebla nada tiene que ver con el veleidoso ex priista Miguel Barbosa, sino con el objetivo de Andrés Manuel López Obrador de convertir a su partido-movimiento en el PRI de los próximos 30 años.

Aun en el supuesto caso de que efectivos militares hayan actuado en el 68 como dicen las acusaciones más radicales, el hecho real fue que las fuerzas armadas nunca decidieron/operaron por sí mismas y siempre lo hicieron obedeciendo institucionalmente instrucciones superiores civiles.

A 50 años de distancia del movimiento estudiantil del 22 de julio al 4 de diciembre de 1968 sólo existe una certeza: los responsables de la crisis de violencia institucional fueron el sistema político, el régimen de gobierno y el Estado constitucional.

Todos los recuerdos, efemérides y convocatorias del movimiento estudiantil del 68 han parcializado a sus héroes civiles. Y una de las figuras emblemáticas que encaró al presidente Gustavo Díaz Ordaz el 3 de octubre, el poeta Octavio Paz, ha sido de nueva cuenta desdeñada.

El Porfirio Muñoz Ledo que presidirá mañana 2 de octubre de 2018 la ceremonia de recordatorio del Movimiento Estudiantil del 68 es el mismo Porfirio Muñoz Ledo que justificó la represión y apoyó incondicionalmente al presidente Díaz Ordaz por Tlatelolco.

Abrumados por el descubrimiento de su potencialidad revolucionaria, los estudiantes del movimiento del 68 ganaron las calles con gritos por la libertad, contra el autoritarismo y por la revolución. Sólo una voz no atendida fijó la realidad: las revoluciones las hacen los proletarios, no los estudiantes.

A la vuelta de 50 años, la gran pregunta no respondida sobre el 68 estudiantil se puede plantear así: ¿por qué el rector Javier Barros Sierra, priista, lideró la protesta juvenil? Es cierto que el ingreso de fuerzas de seguridad en instalaciones universitarias y el ‘bazucazo’ a la Prepa 1 fueron un exceso, pero la política es la administración de las desproporciones.

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