Jueves, 17 de Octubre del 2019
Lunes, 21 Mayo 2018 03:36

Anaya Canallín: la risa como el arma fundamental de debate

Anaya Canallín: la risa como el arma fundamental de debate Escrito Por :   Arturo Rueda

Por centrarse en tantos temas lejanos a la realidad común del mexicano es que este debate tuvo menos rating que el primero. Lo de Trump, los problemas de los migrantes, las crisis financieras internacionales para ellos, es un asunto lejano fuera de sus manos. Estos mexicanos quieren resolver sus problemas inmediatos, los que están a la mano, no los del mundo


 

El momento queda para la historia: Ricardo Anaya se acerca a Andrés Manuel López Obrador en estilo bully, intimidante, para reclamarle algo de la inversión extrajera. Seguro el panista lo ensayó muchas veces. Pero el tabasqueño lo desarma con el recurso de la risa. Se saca la cartera del bolsillo y la protege entre sus brazos. “Voy a cuidar la cartera… no te acerques mucho”.

 

El país estalló en risas. Simplemente glorioso. El video de ese momento recorre con furia las redes sociales pues ese, el irónico, es el AMLO que estuvo ausente en el primer debate y todos esperaban en el segundo.

 

No falló el tabasqueño, que volvió a aplicársela al panista. Primero lo abofeteó con la portada de su libro fake. Luego, en medio de la polémica por la estancia de sus hijos en Atlanta, lo apodó ‘Ricky Rickyn… Canallín’. El país volvió a estallar en risas. Para terminar, le llevó la revista Proceso donde un excelente reportaje de Álvaro Delgado da cuenta de las finanzas oscuras del queretano y su esposa.

 

Probablemente Anaya tuvo razón cuando le dijo al tabasqueño que el problema no era su edad, sino lo viejo de sus ideas. Que el problema no era que no supiera hablar inglés, sino que no entendía cómo funcionaba el mundo. En muchos momentos López Obrador se vio así. Repetitivo y aferrado a sus concepciones del mundo.

 

El problema para Anaya es que, precisamente, así como millones de mexicanos. No entienden cómo funciona el mundo globalizado. No hablan inglés. Son aferrados a sus concepciones tradicionales. Estos mexicanos se sienten más cercanos a López Obrador que a Anaya, quien imposta conocer el mundo, habla inglés a la perfección y por su extremo pragmatismo es capaz de cambiar de ideas con rapidez.

 

Por centrarse en tantos temas lejanos a la realidad común del mexicano es que este debate tuvo menos rating que el primero. Lo de Trump, los problemas de los migrantes, las crisis financieras internacionales para ellos, es un asunto lejano fuera de sus manos. Estos mexicanos quieren resolver sus problemas inmediatos, los que están a la mano, no los del mundo.

 

 

Por la variedad de temas a tocar, entre ellos las relaciones internacionales de México y su economía en el mundo, se suponía que José Antonio Meade estaba destinado a brillar gracias a su preparación académica, además de la experiencia de haber desempeñado en dos ocasiones la Secretaría de Hacienda, así como la cancillería.

 

El sabio Meade no apareció por ningún lado, y única nota que dio fue cuando AMLO le dio un abrazo a sugerencia del ‘Bronco’. No lo pudimos ver por un error en el manejo de cámaras, pero el tabasqueño le negó el abrazo a Anaya usando, otra vez, el pretexto de cuidar la cartera.

 

Ya sin Margarita Zavala, Meade ocupó sin problemas el último lugar del debate. Fue directamente perjudicado por la salida de la carrera de la esposa de Calderón, pues ella era quien peor lo hacía, y ahora quien peor lo hace por su falta de emotividad es el ciudadano disfrazado de priista.

 

Excepto la propuesta de expropiar Citi-Banamex, ‘El Bronco’ no nos dejó tantas ocurrencias como en el primer debate, pero eso sí, nos dejó un poema a la madre insuperable, como eso de que su mamá es la única figura que admira. Casi casi un mi mamá me ama y mi mama me mima.

 

El índice de efectividad de Anaya descendió dramáticamente, pues aunque su preparación para ese tipo de ejercicios es evidente, su forma cuadrada de esquematizar, su poca credibilidad como un mexicano más al revelarse que gana más de 400 mil mensuales, así como líos de lavado de dinero, provocaron que ante la escena de la cartera el país se desternillara de risa. Si se había despegado claramente de Meade para asumir el segundo lugar, ahora volverá a pelearse el tercero. Perdió su momentum.

 

La risa, la ironía, como todo polemista sabe, es el arma suprema del debate. Con ella, López Obrador dejó tendido en el campo al ‘canallín’.

 

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