Sábado, 23 de Marzo del 2019
Lunes, 09 Julio 2018 01:45

Un hospital del odio para Puebla

Un hospital del odio para Puebla Escrito Por :   Arturo Rueda

Lo peor es sin duda el estado de crispación en el que queda Puebla tras los hechos violentos del domingo 1 de julio, a los que se suma la barbarie sin sentido en el Hotel MM. Los primeros sirvieron para crear la percepción de un fraude electoral del que nadie tiene pruebas, pero una parte de la sociedad poblana acepta como hecho real pese a las evidencias de lo contrario, especialmente el conteo rápido del INE y la apertura del 50 por ciento de los paquetes en los cómputos que sólo sirvió para sumarle otros 25 mil votos a Alonso Hidalgo.


 

El morenovallismo requiere una refundación a partir de su evidente agotamiento como grupo político. Aunque han conseguido un logro heroico al colocar a Martha Erika Alonso en Casa Puebla y obtener su tercera gubernatura consecutiva, no hay rastros de alegría popular en las calles, como en 2010 o la conformidad silenciosa de 2016. El virus del odio ha inoculado en miles de poblanos.

 

No es gratuito el adjetivo “heroico” para la victoria: un grupo de morenovallistas, a sangre y fuego, logró contener el ‘tsunami’ del lopezobradorismo y evitar que la elección federal contaminara la elección de gobernador.

 

El análisis de los cómputos finales muestra la dimensión del reto: Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencial en Puebla con un millón 754 mil votos, una cifra que rebasó todos los cálculos previos, pues fue la cuarta entidad que más sufragios aportó a la victoria nacional.

 

Martha Erika Alonso ganó con un millón 152 mil votos, 600 mil votos menos que el tabasqueño pero 124 mil más que Barbosa. Eso significa que entre el candidato presidencial de Morena y el candidato a la gubernatura hubo poco más de 700 mil votos diferenciados.

 

Lo heroico también enmascara tragedias. Para que Alonso Hidalgo sobreviviera al ‘tsunami’ se pagaron costos altísimos.

 

Numerosos aliados perdieron sus elecciones municipales como consecuencia de la estrategia de fragmentar las candidaturas comunes en los ayuntamientos. Las principales ciudades del estado como Puebla capital, Tehuacán, Texmelucan, San Andrés, San Pedro, Izúcar, Amozoc y Huauchinango quedaron en manos de Morena.

 

El morenovallismo también perdió la mayor parte del Congreso, lo que provocará un gobierno acotado en lo político, pero también en lo financiero, y que requerirá mucho talento y apoyos sociales para sacarlo adelante, además de mucha imaginación y conciliación. Por supuesto, hace falta conocer cuál será el desequilibrio real al terminar los cómputos distritales y la posibilidad de explorar un gobierno de coalición.

 

Lo ocurrido en el Congreso local también muestra la profundidad de las derrotas de otros gobernadores arrasados por el tsunami con el Estado de México, Hidalgo, Sinaloa, Baja California Sur, Colima o Sonora. En teoría, tenían un alto margen para manejar la situación y terminaron perdiendo el control.

 

Aunque Martha Erika Alonso tendrá a Rafael Moreno Valle en el Senado, prácticamente está desguarnecida de apoyos en el Congreso federal, pues sólo Maiella Gómez sacó el triunfo por el Frente. También Mario Riestra se quedó fuera del Senado y el perfil político diminuto de Nadia Navarro no indica un refuerzo que sume.

 

Si a ese escenario sumamos la victoria de Andrés Manuel López Obrador y la incógnita por saber cómo será el nuevo manejo político-financiero del país, donde los Moreno Valle carecen de simpatías y pocos aliados, el futuro inmediato para Martha Erika Alonso se muestra complicadísimo pues prácticamente gobernará con las manos atadas.

 

Lo peor es sin duda el estado de crispación en el que queda Puebla tras los hechos violentos del domingo primero de julio, a los que se suma la barbarie sin sentido en el Hotel MM. Los primeros sirvieron para crear la percepción de un fraude electoral del que nadie tiene pruebas, pero una parte de la sociedad poblana acepta como hecho real pese a las evidencias de lo contrario, especialmente el conteo rápido del INE y la apertura del 50 por ciento de los paquetes en los cómputos que sólo sirvió para sumarle otros 25 mil votos a Alonso Hidalgo.

 

La violencia sin sentido en el Hotel MM, una vez que la Fepade comprobó que no había un laboratorio electoral, le quitó la máscara a numerosos morenos que se sentían la encarnación de la democracia para dejarles su rostro auténtico que hiede a intolerancia y persecución. Sirvió también para mostrarle a López Obrador la clase de trogloditas que se infiltraron en su partido y ahora serán diputados, alcaldes, regidores, senadores con la bendición de su triunfo.

 

Martha Erika debe partir de un hecho: miles de poblanos consideran ilegítimo su triunfo, y así como fueron capaces de generar esa percepción de robo que se tradujo en violencia, utilizarán a esos provocadores profesionales como José Juan Espinosa para hacer de su gobierno un infierno duradero.

 

Claro, todo se puede sufrir con la gubernatura en las manos. Ya se sabe que las tristezas con pan son menos.

 

 

 

 

 

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