Domingo, 05 de Abril del 2020
Miércoles, 05 Septiembre 2018 02:17

¿Cuarta Transformación o Transformación de Cuarta?: borrachos y cantineros

¿Cuarta Transformación o Transformación de Cuarta?: borrachos y cantineros Escrito Por :   Arturo Rueda

La Cuarta Transformación avanzará así, un paso adelante y dos atrás, por un buen tiempo, y en ese lapso la coalición heterogénea que llevó a López Obrador comenzará a desmoronarse. Unos, los Noroña, se decepcionarán por los principios traicionados, y los otros, los Muñoz Ledo, serán alejados cuando dejen de ser útiles al poder


 

A cuatro días de su arranque es difícil exigirle algo a la Cuarta Transformación cuando muchos de sus integrantes se confunden de papel, es decir, todavía no saben si deben ser borrachos o cantineros. El mayor ejemplo de esa confusión es Fernández Noroña, quien pese a formar parte de la nueva mayoría en el gobierno, continúa en su papel de agitador sin darse cuenta que ahora agita, pero a la Cuarta Transformación encarnada en Porfirio Muñoz Ledo, quien sí entiende su nuevo papel de cantinero.

 

Es probable que se trate de la ausencia de una vida parlamentaria, caracterizada por la grisura de sus diputados y senadores, pero el choque entre Muñoz Ledo y Fernández Noroña encandiló a las redes sociales por el enfrentamiento de dos hombres del mismo proyecto que reclaman diferentes direcciones al sentido del voto a favor de López Obrador. Es decir, la contradicción intrínseca al proyecto de la Cuarta Transformación.

 

Noroña proviene del radicalismo del movimiento social. Al margen de sus protagonismos, sus posturas representan a aquellos que creen en la ‘mafia del poder’, en el fraude del 2006, en que Peña Nieto hereda un “país en ruinas” y que los principios del movimiento no deben ser traicionados. Por eso se presentó en Palacio Nacional para ingresar al informe del mexiquense, fue rebotado por el Estado Mayor Presidencial, trató de pegarse a Muñoz Ledo y Martí Batres, quienes lo dejaron a su suerte en medio de gritos de ¡traidores! de los seguidores de Noroña.

 

Para Noroña, la presencia de Muñoz Ledo y de Martín flanqueando a Peña Nieto es una traición al sentido del voto de 30 millones de votos, pero para el ex priista es la continuidad del régimen republicano, como se lo expresó en el zafarrancho luego de definirlo como “golpeador” mientras Noroña lo acusaba de “lacayo”.

 

La misma contradicción se dio prácticamente al mismo tiempo en el Senado, cuando la mayoría de Morena le negó a Manuel Velasco la licencia al escaño para poder regresar a terminar su gobierno a Chiapas y consumar el fraude a la ley que supone tener un cargo y postularse a otro.

 

El descontrol de Ricardo Monreal fue evidente, tanto como su falta de control sobre los senadores morenos. Tuvo que subir a tribuna a regañarlos, pues el ‘güero’ Velasco es aliado estratégico de la Cuarta Transformación tanto en la entrega de Chiapas, el pastoreo a los gobernadores desde la CONAGO o la suma de votos verdes en San Lázaro para alcanzar el número mágico de 252.

 

En tribuna, Monreal se pegó un ‘berrinchazo’ regañando a su bancada en defensa del derecho que tiene cada senador “a irse cuando le plazca” y ordenó reponer la votación para que el Senado reculara. Al final, Velasco se salió con la suya, Monreal evidenció que no trae control y la Cuarta Transformación se llevó otro raspón al confirmarse que la simulación también cabe en ella, así como las mafias del poder, las camarillas contra las que votaron 30 millones de mexicanos.

 

Pero nada fue peor que la contradicción en que hicieron caer al diputado Mario Delgado, que en tribuna dijo que el proyecto de Morena recibía “un país en trizas”, pero después del Sexto Informe, López Obrador dijo que “había problemas”, pero no una “crisis política, crisis financiera”.

 

¿A quién le creemos? ¿Al diputado federal o al presidente electo?

 

Entre borrachos y cantineros, aquellos que quieren seguir siendo oposición ruidosa a algo, aunque sea a su propio proyecto, y los pragmáticos que entienden su nuevo papel, hay la contradicción natural que surge de sus biografías, pues muchos de ellos no han ejercido el poder de alguna forma —Fernández Noroña— y aquellos que conocen la responsabilidad de sus acciones —Muñoz Ledo—.

 

La Cuarta Transformación avanzará así, un paso adelante y dos atrás, por un buen tiempo, y en ese lapso la coalición heterogénea que llevó a López Obrador comenzará a desmoronarse. Unos, los Noroña, se decepcionarán por los principios traicionados, y los otros, los Muñoz Ledo, serán alejados cuando dejen de ser útiles al poder.

 

El dilema no es si se trata de una Cuarta Transformación o si es una Transformación de Cuarta, sino el natural acomodo que sufrirán las élites políticas de aquí al 1 de diciembre, las sacudidas que conllevará las modificaciones posibles y las inercias realistas que no podrán romperse. 

 

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