Domingo, 19 de Enero del 2020
Martes, 11 Septiembre 2018 03:07

En la primera batalla los morenovallistas tocaron la retirada

En la primera batalla los morenovallistas tocaron la retirada Escrito Por :   Arturo Rueda

Si esta es la estrategia, convendría que los diputados morenovallistas no se pararan en el Congreso los siguientes tres años. Abandonar la sesión es ajeno a la doctrina e historia de Acción Nacional, que soportó con paciencia y estoicismo décadas de mayoriteos. No tenían los números, pero eran poseedores de la fuerza de la razón, de la congruencia, que expresaban en magníficos discursos pronunciados en tribuna que desnudaban el autoritarismo, las contradicciones e incongruencias


 

La pesadilla de la Sexagésima Legislatura comenzó de la peor forma posible para el morenovallismo: no sólo fueron aplastados en la votación por la Mesa Directiva, sino que fueron humillados al abandonar el pleno del Congreso sin una razón legítima entre gritos de ¡Fuera Moreno Valle! y ¡Barbosa, gobernador!

 

Generales novatos, a la primera escaramuza ‘Chelo’ y ‘Gerry’ tocaron la retirada del minigrupo de 14 diputados. Se los comieron Gabriel Biestro —quien por fin dejó su chalequito de Morena— y José Juan Espinosa. Bastó negarse a protagonizar la secuela del Planeta de los Simios: no hubo ni gritos ni sombrerazos, pues su propuesta de Mesa Directiva incluía a un morenovallista de CPP, a una diputada del PRI y a Juan Pablo Kuri, representante del Verde.

 

En sentido estricto, fue una planilla incluyente, aunque no tanto. Incluyente porque incorporó a tres fuerzas opositoras a Morena —PRI, PVEM y CPP, aunque éste al último se bajó— y no tanto negaron asiento para el PAN pese a que representa el 14 por ciento del Congreso.

 

Rebasados, el morenovallismo hizo una propuesta que era inocua y carente de sentido político, armar una Mesa Directiva con puras mujeres, con el objetivo trazado previamente de abandonar la sesión para exhibir el ‘agandalle’ de los morenos. Pero nadie compró el argumento ni de la equidad de género, ni del autoritarismo, precisamente porque el morenovallismo no se ha caracterizado por promover la equidad de género ni por ser democráticos. En síntesis, nadie lloró por ellos.

 

Entonces, Marcelo y Gerardo Islas ordenaron la salida de su grupo parlamentario del pleno para euforia de los simpatizantes de Morena que se habían apostado en la galería, quienes desataron la gritería, los alaridos de felicidad al humillar, por primera vez, a los morenovallistas que cedieron el protagonismo a sus rivales de Juntos Haremos Historia abandonando el campo de batalla.

 

Si ésta es la estrategia, convendría que los diputados morenovallistas no se pararan en el Congreso los siguientes tres años. Abandonar la sesión es ajeno a la doctrina e historia de Acción Nacional, que soportó con paciencia y estoicismo décadas de mayoriteos. No tenían los números, pero eran poseedores de la fuerza de la razón, de la congruencia, que expresaban en magníficos discursos pronunciados en tribuna que desnudaban el autoritarismo, las contradicciones e incongruencias.

 

Los panistas históricos eran estoicos porque ya sabían que iban a perder, pero sabían que algún día  el futuro les daría la razón, como ocurrió en los 80 del siglo pasado. Pero abandonar el campo de batalla legislativa, si no es cobardía, es berrinche improductivo.

 

Los diputados morenovallistas no deben equivocar su diagnóstico: carecen de legitimidad. La mayoría de poblanos que vocifera en las redes sociales expresaba júbilo por la humillación. Marcelo y Gerardo van a perder todas las votaciones, pero su reto es ganar la razón en la opinión pública.

 

No parece el papel ideal para los cabecillas del morenovallismo. Marcelo es repudiado en muchísimos medios de comunicación e Islas representa todo el estilo de ‘mirreynato’, mientras que Biestro —por más que ayer estrenara traje con chalequito— habla como pueblo, parece del pueblo y se comporta como del pueblo.

 

No fue lo peor de la mañana, sino la exhibición de que, por el momento, el PRI y el PVEM van por su lado, lejos de los intereses del morenovallismo. Esos cinco votos son la bisagra de las reformas constitucionales y de la mayoría para designar cargos. Con ellos, Juntos Haremos Historia se queda a un voto de la mayoría calificada y sin esos cinco votos el morenovallismo se desfonda.

 

Todo Puebla daba por sentado que PRI y PVEM jugarían del lado morenovallista, pero tras lo visto ayer, cuando ocuparon los espacios que Morena les negó al Frente, parece que de momento seguirán su propio juego, lo que debilita aún más al bloque morenovallista de cara a la conformación de un gobierno de coalición.

 

Se trata de la primera derrota, pero no la última ni la más dolorosa. Islas y Marcelo tendrán que encontrar mejores fórmulas de resistencia a la ‘aplanadora’ de Morena que ponga la opinión pública de su lado. No lo lograrán mañana, sino algún día.

 

Eso, o que mejor ya ni se presenten durante los siguientes tres años.

 

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