Viernes, 07 de Agosto del 2020
Jueves, 13 Septiembre 2018 03:38

Morir en Villa Frontera

Morir en Villa Frontera Escrito Por :   Arturo Rueda

Pero ahí está Villa Frontera junto con muchas unidades habitacionales más en esa franja al otro lado de la autopista donde viven miles de poblanos que, como ocurrió en San Martín Texmelucan en diciembre de 2010, pueden explotar de un momento a otro sin previo aviso en medio de una tragedia de proporciones históricas


 

El ‘huachigas’, la perforación de los ductos de Pemex para extraer ilegalmente gas LP, es una empresa en expansión que pone en riesgo la vida de miles de poblanos que tienen su domicilio y trabajo en el norte de la ciudad, al otro lado de la autopista México-Puebla.

 

El problema es de origen: el Infonavit Villa Frontera no tendría que existir ahí donde fue construido como resultado de la corrupción del Ayuntamiento de Puebla en los años 80 y 90 del siglo pasado. Otorgar permisos para construir sobre ductos de Pemex es una aberración de manual. ¿Dónde carajos pusieron el Atlas de Riesgos?

 

Pero ahí está Villa Frontera junto con muchas unidades habitacionales más en esa franja al otro lado de la autopista donde viven miles de poblanos que, como ocurrió en San Martín Texmelucan en diciembre de 2010, pueden explotar de un momento a otro sin previo aviso en medio de una tragedia de proporciones históricas.

 

Por supuesto, al alcalde corrupto de Puebla en los años 80 —quizá fue Marco Antonio Rojas Flores— y al gobernador corrupto de esos mismos años —Mariano Piña Olaya— no se les ocurrió pensar que más de 30 años después la extracción ilegal de combustibles se iba a convertir en el tipo de delito más productivo de la historia, superando por mucho el trasiego de drogas.

 

El ‘huachigas’ es una derivación del huachicol. Seguramente a estos pillastres, en poder de los mapas de ductos, se les ocurrió cambiar de giro un poco tras la ofensiva que arrancó Tony Gali en el Triángulo Rojo con el respaldo del Ejército y el cierre del poliducto México-Minatitlán.

 

Para el ‘huachigas’ también se creó un mercado que lo consumiera, una vez que en el último año el precio del gas LP subió más del 50 por ciento y superó la barrera de los 20 pesos por litro en cilindro. Extraer el combustible de ductos, clonar pipas con los logotipos de marcas conocidas, revender a empresas con alto nivel de surtimiento y hasta algunas gaseras que se decidieron a llenar inventarios con el producto de las tomas clandestinas —como Tomza— hicieron que esta industria avance viento en popa.

 

En esas operaciones ilegales, sin embargo, a veces hay inevitables accidentes que cuestan vidas humanas. Como en 1992 cuando un supuesto contrabando de gasolina hizo explotar varias manzanas en el centro de Guadalajara: más de 200 personas perdieron la vida, se destruyeron ocho kilómetros de calles, hubo mil 142 viviendas afectadas. Uno de los accidentes más impactantes de la historia.

 

Para no irnos tan lejos, en San Martín Texmelucan, una toma clandestina mal operada por huachicoleros provocó una explosión de grandes dimensiones en diciembre de 2010 que cobró la vida de por lo menos dos docenas de poblanos, además de grandes pérdidas patrimoniales. Los perpetradores nunca fueron castigados.

 

Pero ayer en Villa Frontera tuvimos suerte y tres funcionarios que lo hicieron muy bien. Es obligatorio mencionarlos, así como cuando los tundimos por hacer las cosas mal. Se trata del alcalde Luis Banck, de Manuel Alonso, titular de SSPTM y de Gustazo Ariza Salvatori, de Protección Civil Municipal.

 

De acuerdo con los vecinos, desde alrededor de las 2:00 de la mañana se reportó el olor a gas y la toma clandestina al 911 que, para variar, siempre está inservible. Seguridad Física de Pemex se tardó en llegar cinco horas pese a que esa misma toma clandestina ya había sido denunciada en agosto. No la cerraron por negligentes o por complicidad con los ‘huachigaseros’.

 

En Protección Civil estatal tampoco nunca nadie contesta, donde despacha un amigo oaxaqueño de Diódoro que siempre anda en su estado natal, y Gerardo Islas papá que siempre anda en las aguas y tampoco se cuenta con él.

 

En ausencia de casi todo el esquema de Protección Civil, Banck y sus funcionarios ‘se la rifaron’. El alcalde no tenía nada que hacer in situ, pero dejó la comodidad de su oficina para supervisar personalmente el operativo pese a la alta probabilidad de una explosión. Se la jugó y ganó el respeto hasta de las fuerzas federales.

 

Manuel Alonso coordinó un perfecto operativo de desalojo y resguardo de las viviendas para evitar saqueos con el objetivo de que las más de mil 800 personas evacuadas se resistieran lo mínimo posible. Ariza Salvatori hizo un trabajo de manual para coordinar un desalojo traumático e integrar a las dependencias estatales como Salud y SEP.

 

Un reconocimiento a los periodistas de CAMBIO y otras casas editoriales que también corrieron grandes riesgos. Riesgos que no se van a evaporar, porque el ‘huachigas’ va a continuar, y Villa Frontera y demás unidades habitacionales tampoco se van a mover de ahí, como la Central de Abastos o el camino a Tlaltepango, por lo que seguirán teniendo en el subsuelo los ductos de Pemex, la nueva versión del ‘oro negro’.

 

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