Miercoles, 20 de Noviembre del 2019
Miércoles, 26 Septiembre 2018 02:21

Conservadurismo: el nuevo bicho raro de la sociedad contemporánea

Conservadurismo: el nuevo bicho raro de la sociedad contemporánea Escrito Por :   Héctor Hernández Álvarez

Las olas progresistas y la moda de las democracias liberales irán destruyendo los valores tradicionales


 

Si les tocó vivir en la década de los 90, inclusive antes o menos, pueden imaginarse cómo era la vida en aquellas épocas con las historias que han escuchado; se darán cuenta de que las ideologías han cambiado y que la sociedad está adquiriendo nuevos valores. Los líderes de las democracias liberales lo ven como algo positivo. El hecho de que, en teoría, se cuenten con más libertades y derechos, los hace pensar que están haciendo bien su trabajo a la vez que fomentan el sano desarrollo de su población. Sin embargo, preguntémonos: ¿esos nuevos valores, son realmente positivos para nuestra sociedad? Ciertamente no todo es responsabilidad del sistema político, al contrario, corresponde especialmente al tejido social la conformación de su sistema de pensamiento.

 

Temas tan complejos y sensibles para analizar, como son la legalización del aborto, el reconocimiento a la identidad sexual de las personas, la libertad plena de la mujer, la legalización de las drogas y la amnistía a ciertos delitos son cuestiones polémicas en la actualidad. El mundo occidental ha sido el principal responsable por promover, permitir o legalizar prácticas que tienen que ver con estas cuestiones. Un ejemplo notable es el que está ocurriendo en Canadá. Hay iniciativas de ley que promueven la libertad de los niños a reconocer su identidad sexual por sí mismos sin que sus maestros y ni siquiera sus padres puedan impedírselo. En efecto, es una idea descabellada y terriblemente irresponsable, pues un niño no ha alcanzado la madurez y, por lo tanto, tampoco ha terminado de formar su identidad sexual.

 

El caso de la legalización del aborto. Ciertamente es uno de los temas más controvertidos. Probablemente dicha práctica no sea una decisión fácil para una mujer, puede ser que en caso de violación o falta de recursos que impidan el correcto desarrollo del individuo, esta medida pueda ser una solución para algunos. No obstante, considero que se equivocan. Mi argumento es que, aun siendo legal, las violaciones, la falta de recursos, así como la falta de responsabilidad y de educación sexual seguirán existiendo. En mi opinión, las personas que están a favor de esta práctica pecan de inocencia al pensar que una mujer aborrece la idea de abortar; la especie humana puede llegar a ser tan ruin, que hacerlo, puede ser una cosa de niños dada su perversidad, con el fin de ayudarse a sí mismos y proteger sus propios intereses. Alternativas como mejorar el sistema de seguridad y justicia para castigar a los responsables de una violación; tener de verdad un buen sistema de salud que brinde asesoría personalizada en materia de educación sexual; así como mejorar el saneamiento y fomentar los valores tradicionales podrían ayudar a revertir el número de embarazos no deseados.

 

Po otra parte, la libertad plena de la mujer y la ola de “pseudofeminismos” han provocado que se malentienda el propósito original de los movimientos auténticamente feministas. Lograr la igualdad entre hombre y mujer no es algo malo. Sin embargo, ha provocado frustración en las propias mujeres, haciendo que se piense que, si alguna decide dedicarse a su familia y no tener un empleo formal, es automáticamente señalada como inferior, tonta y retrógrada. Asimismo, su pareja será señalada de machista. Cuando, en realidad, si pensamos desde el punto de vista biológico y evolutivo, la forma de integración entre hombre y mujer era que el hombre tenía que ir a cazar para llevar alimento a su mujer. El ser humano, en realidad, no ha cambiado demasiado desde sus orígenes y varios de sus comportamientos pasados pueden ser totalmente vigentes en la actualidad. Aunque, dados los movimientos modernos, las ideologías han ido transformándose con el pasar del tiempo.

 

De los casos de la legalización de las drogas y la amnistía a ciertos delitos, no hay mucho más que decir. Desde el punto de vista pragmático pudiera haber cierto beneficio en cuanto a la no saturación de las prisiones y la reducción de algunas cifras de incidencia criminal. Aunque, ¿a qué costo?, ¿a tener una sociedad que se puede permitir hacer más cosas sin temor a un castigo? Esto podría provocar más violaciones a la integridad de las personas y fomentar la maldad y la perversión de la gente.

 

Es muy curioso observar de qué forma las personas que se autodenominan “progresistas” o que al menos tienen comportamientos afines, se jactan de ser tolerantes a las ideologías y en realidad no lo hacen. El progresismo y el conservadurismo son como el agua y el aceite, no se pueden mezclar. Tener diferencias es natural y normal en el ser humano. No obstante, parece ser que a medida que avanza el tiempo, las personas que practicamos y creemos en el conservadurismo nos vamos transformando en el ‘bicho raro’ de la sociedad. Dada mi experiencia, lamentablemente, esto es particularmente notorio en los profesionales de las ciencias sociales, cada vez hay menos adeptos al conservadurismo. En repetidas ocasiones, mucha gente conservadora no expresa su opinión respecto a los temas polémicos de interés social por miedo a ser juzgados y criticados. Pareciera que se nos tacha inmediatamente de retrógrados, misóginos, ignorantes e intolerantes, cuando en realidad muchos de nosotros creemos que es al revés.

 

Por último, es verdad que no todo lo pasado fue mejor; factores a considerar como erradicar la violencia en contra de las mujeres, evitar el clasismo, el racismo o la xenofobia son elementos que deberían desaparecer de la conducta humana. Resulta sumamente complejo erradicar dichos comportamientos, ya que forman parte de la vena malvada de nuestra especie. Por lo tanto, vale la pena reflexionar si la modernidad y los nuevos valores que se están fomentando nos llevarán a tener una mejor sociedad o sólo es una bomba de tiempo que acabará por estallar con efectos lamentables.

 

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