Domingo, 13 de Octubre del 2019
Martes, 13 Agosto 2019 02:53

De regreso a la escuela, de regreso a la educación domesticante

De regreso a la escuela, de regreso a la educación domesticante Escrito Por :   Silvino Vergara

“[…] lo que pretenden los opresores es transformar la mentalidad de los oprimidos y no la situación que los oprime.” Paulo Freire


 

En estos días del mes de agosto de 2019 en el que poco a poco se están incorporando los alumnos a las clases de las universidades, escuelas preparatorias, secundarias, primarias y hasta pre-primarias (a causa de que a partir de la administración pública anterior se volvió un desorden y desastre el calendario escolar, pues al parecer cada universidad, institución, escuela hace lo que quiere con sus horarios y fechas).

 

De nueva cuenta se pone en la palestra la educación de nuestra nación, pues ante esta denominada Cuarta Transformación, el primer paso de un verdadero y eficaz cambio en el país de esa transformación que exigen padres de familia y alumnos, era iniciando el gobierno con una gran convocatoria nacional para revisar los programas educativos de todos los niveles de gobierno donde participaran profesores, alumnos, padres de familia, trabajadores, profesionistas, así como los empresarios para fijar un claro horizonte de lo que se quiere en la educación.

 

Sin embargo, esto no sucedió y, por el contrario, todos los últimos debates sobre el tema son verdaderamente lamentables. Todo lo cual es muestra del bajo nivel educacional que ha tenido el país durante décadas, que va desde el uniforme neutro, las faldas permitidas para niños y no exclusivamente para niñas, la entrega de la cartilla moral en las propias escuelas, la reforma educativa aprobada en el sexenio anterior revertida. Pero de fondo no pasa absolutamente nada; pareciera que la propuesta sigue siendo la misma.

 

En palabras de Paulo Freire, tenemos “una educación domesticante” que no sirve para emancipar, sino para sujetar; no para liberar, sino para paralizar, y, desde luego, nunca para reflexionar, menos para redimir. Esta es la perfecta propuesta, es decir, mantener la educación el statu quo que consiste en profesores y alumnos inertes, incapaces de pensar en un futuro fuera de un empleo no vocacional, es decir, un trabajo fuera del simple interés económico y, desde luego, con interés vocacional, profesional y personal en su desempeño.

 

¿Qué es lo que nos queda? Desde luego, buscar alternativas a esta realidad. Existen resquicios del sistema que permiten colarse y provocar una educación reflexiva, menos instrumental y que alcance a comprender la utilidad de lo que se enseña; pese a que —por lo que parece— el sistema siempre pretenda esconder las razones por las cuales se dan determinadas materias y se excluyen otras. Un ejemplo de esto son las matemáticas en la secundaria, la cual se impone sin saber cuál es la utilidad de la misma, el beneficio que representa para los alumnos conocer los procedimientos matemáticos para su madurez mental. Por ello, ante la ausencia de razones, tales asignaturas se entienden más como imposiciones y, entonces, se da el rechazo hacia ellas. Una consecuencia que, muchas de las ocasiones, pareciera ser el propósito firme para que no haya desarrollo tecnológico en nuestras universidades ni en la industria nacional para llegar al punto de tener que importarla.

 

Así, debemos considerar que hay que buscar alternativas en la educación que permitan dar las razones de lo que se enseña, la explicación de lo que sucede en los temarios, los motivos que dan origen a las materias que se enseñan: esta puede ser la diferencia de la educación menos instrumental y más reflexiva. El problema de esta última es que levanta capacidades y demuestra talentos; algo que, posiblemente, es lo que el sistema no quiere permitir y, por el contrario, procura pisar.

 

Ahora bien, tampoco es nueva esa tendencia o procuración hacia una educación más reflexiva. Hay mucho camino andado en nuestras naciones. En América latina se ha hecho un esfuerzo monumental al respecto por muchas y muchos desde el siglo XIX e incluso antes. Existen muchos textos al respecto que vale la pena repasar. Por ejemplo, los discursos y textos de Bartolomé de las Casa en defensa de los pueblos originarios y sus derechos; otros escritos como los del maestro Simón Rodríguez, profesor de Simón Bolívar; del cubano José Martí, del brasileño Paolo Freire; y, más recientemente, del escritor uruguayo Eduardo Galeano; del argentino naturalizado mexicano Enrique Dussel o del portugués Boaventura de Sousa Santos. Ellos no son muestra de que se esté inventado algo nuevo, sino, simplemente, de que se pone en la palestra un rumbo que se puede recorrer y que hay posibilidades de ello. Algo notorio es que ya hay muchas instituciones, profesores con verdadera vocación y que la están emprendiendo; quienes, posiblemente, no son tan visualizados (porque el propio sistema se encarga de oscurecerlos), pero que, finalmente, existen y ayudan a trazar esa brecha del camino de una educación menos instrumental y más reflexiva.

 

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