Martes, 22 de Octubre del 2019
Martes, 17 Septiembre 2019 01:44

¿No era más fácil reformar el fondo y no la forma?

¿No era más fácil reformar el fondo y no la forma? Escrito Por :   Silvino Vergara

“Hay montaje de un aparato represivo violento y gigante para controlar a los excluidos en su proyecto de desigualdad social” Eugenio Raúl Zaffaroni


 

La oportunidad única, porque el tiempo no se detiene, para esta Cuarta Transformación de modificar el sistema tributario que hay en México (arbitrario, desproporcional, corrupto, inequitativo) era precisamente la iniciativa de reforma para el ejercicio fiscal de 2020, pues en los últimos tiempos de la historia de México, el segundo año de la administración pública es en el que se imponen las reformas tributarias que prácticamente regirán hasta el final de esa administración.

 

En el caso, observando la iniciativa de reforma a las leyes tributarias que entrarán en vigor en 2020, evidentemente la Cuarta Transformación no tuvo en cuenta el ámbito tributario. Cambio y transformación eran dos cosas abismalmente diferentes. Aquí solamente llegamos a una reforma fiscal más, como las que se han dado en los gobiernos de los últimos treinta años, es decir, represiva, que pone en duda el Estado de Derecho, que contraviene los derechos fundamentales, que se sustenta en estadísticas y comparaciones mundiales, que sigue recomendaciones de los organismos internacionales. Es decir, no hubo nada nuevo bajo el sol; simplemente, la misma tecnocracia y la política tributaria de un derecho fiscal de la sospecha hacia el contribuyente.

 

Dentro de las diversas propuestas de reforma a las leyes fiscales para 2020 nos encontramos con la creación de nuevas instituciones legales, esto con el afán de combatir lo que la administración pública alcanza a comprender, en el ámbito tributario, por persecución de las operaciones inexistentes. Pero desafortunadamente todos los impulsos, todos los esfuerzos y las reformas se quedan en la superficialidad y no ahondan en la profundidad del problema; respecto al cual, si bien todos coinciden que es un lastre de la economía nacional, en la academia, es decir, en la doctrina jurídica, queda muy claro que ese problema bien podría (y debería) combatirse desde el fondo y no desde la superficie. Sin embargo, esto es lo que está sucediendo con la creación del denominado “tercero colaborador fiscal”, que es aquel que informa a las autoridades fiscales de los hechos que versen sobre la existencia de operaciones inexistentes y sean de su conocimiento.

 

Se pretende modificar el código fiscal de la federación para crear un nuevo artículo 69-b ter que indique textualmente lo siguiente: “Las autoridades fiscales podrán recibir y, en su caso, emplear la información y documentación que proporcionen terceros colaboradores fiscales […]. Se considera tercero colaborador fiscal a aquella persona que no ha participado en la expedición, adquisición o enajenación de comprobantes fiscales que amparen operaciones inexistentes, pero que cuenta con información que no obre en poder de la autoridad fiscal, relativa a contribuyentes que han incurrido en tales conductas y que voluntariamente proporciona a la autoridad fiscal la información de la que pueda disponer legalmente y que sea suficiente para acreditar dicha situación. La identidad del tercero colaborador fiscal tendrá el carácter de reservada […]”.

 

Con esta disposición se crea una nueva figura jurídica: el “tercero colaborador fiscal”. Figura que proviene del derecho penal anglosajón pero ahora administrativizado en México. Por ende, no hay pensamiento nacional; nuevamente tropicalizamos las instituciones de otras naciones, de otras doctrinas, de otros pensamientos y culturas. Desde luego que la adecuación mexicana va a dar consecuencias muy diferentes a esta institución y a sus nobles propósitos; es muestra clara de que será materia de simples chantajes, amenazas, intimidaciones y de lo que, supuestamente, se está tratando de combatir en esta nueva administración pública: la corrupción.

 

Bien sostiene uno de los principales opositores que, en América latina, permanentemente se estén tropicalizando las legislaciones de otros Estados, porque copiamos para involucionar: “Mientras los pobres se matan, al mismo tiempo se eliminan y reducen y no tienen tiempo ni oportunidad de coaligarse racionalmente” (Zaffaroni, Eugenio Raúl, El derecho latinoamericano en la fase superior del colonialismo, Ediciones Madres de Plaza de Mayo, Buenos Aires, 2015).

 

Este denominado tercero colaborador fiscal será materia de lo sentenciado por el profesor argentino, a saber, que en tanto se estén peleando los iguales, se crearán problemas y chantajes donde no habrá confianza entre colaboradores de las propias empresas, entre los asesores, consultores, etcétera; y no podremos observar los verdaderos problemas de la nación que son la falta de oportunidades económicas que brinda el país, la destrucción del medio ambiente vía concesiones mineras y la apropiación privada del agua, la inseguridad pública, los feminicidios, las desapariciones, los homicidios, etcétera. Por ello, era más viable y sencillo resolver el problema de las operaciones inexistentes de fondo y no la simple forma, como sigue sucediendo en los últimos años. Los problemas artificiales se resuelven con más problemas artificiales.

 

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