Viernes, 10 de Abril del 2020
Lunes, 10 Febrero 2020 23:19

¡Por fin, a salvar la historia de México!

¡Por fin, a salvar la historia de México! Escrito Por :   Silvino Vergara

“El crimen más grande que puede cometerse contra cualquier ciudadano es negarle una educación que lo emancipe de la miseria”.


 

A partir de la reforma a la ley federal del trabajo y a las diversas leyes que regulan, en México, los días hábiles, así como a la normatividad de las instituciones públicas y de la de educación que se pusieron en vigor en los tiempos de la primera administración pública federal de oposición: 2000-2006, en donde se establecieron los denominados “puentes largos”; a partir de entonces, la población en general y, sobre todo, las generaciones más jóvenes han olvidado la historia de México, pues se asume con gran firmeza que el puente del mes de febrero se debe al “día de los tamales”, y otros más globalizados sostienen que se debe al denominado “súper tazón”. En el caso del puente largo que corresponde al mes de marzo, desde luego, se olvidan del natalicio de Benito Juárez y se sostiene que este puente se debe a la entrada de la estación de la primavera. Por su parte, sobre el puente de noviembre, la generalidad sostiene que es aquel fin de semana en que se lleva a cabo el denominado “buen fin”, que consiste (promulgado durante el periodo de la administración pública federal siguiente de oposición: 2006-2012) en la implementación de los mejores descuentos en el comercio del país, muy al estilo norteamericano o, mejor dicho, como una imposición norteamericana. Por ende, la historia de la revolución y lo que representó para México está borrada.

 

Desde luego que esto de los puentes largos no es un invento de la administración pública federal mexicana de esos tiempos; evidentemente, no se tenía la capacidad suficiente como para elucubrar eso, sino que es una política impuesta y que se ha extendido, por lo menos a una gran cantidad de países en América latina, para incrementar la conformación y constitución de ciudadanos mundiales o globalizados, es decir, consumidores; pues esas fechas han dejado de ser días para recordar algún evento o hecho histórico de los países y se han convertido en días inhábiles para vacacionar (por ello es que la industria del turismo no puede hacerse la víctima), a pesar de que se crearon para recordar precisamente la historia que forjó a la nación.

 

Es evidente que los días inhábiles por los hechos históricos son necesarios para el reconocimiento del ciudadano como miembro de una nación, para que recuerde la importancia que tiene su historia, tradición, sus costumbres, etcétera. Borrar esas fechas de la historia hace que las personas cada día se alejen más de su entorno y se conviertan en sujetos mundializados. Con la pérdida del reconocimiento de una nacionalidad, se va perdiendo, principalmente, la solidaridad entre las personas, que es fundamental para la convivencia en sociedad. Se queda en el tintero una investigación, pero bien se puede decir que dentro de la multiplicidad de circunstancias que ha provocado esta inseguridad pública: los secuestros, homicidios, el tirar los cuerpos por doquier, las muertes deshumanizadas; todo ello es causa de la falta de solidaridad que priva a la sociedad mexicana. Esta solidaridad se ve cada día más disminuida con la pérdida de las fechas emblemáticas que conmemoran la formación de nuestra nación. Por lo tanto, resulta indispensable recuperar esas fechas y mandar al baúl de los recuerdos amargos esos puentes largos; y esta es la propuesta de la presidencia de la república actual.

 

Además, esos puentes largos provocan un país más inoperante, ineficaz y menos productivo, pues normalmente esos días lunes de cada puente largo no son de labores en las oficinas públicas, fábricas, industrias, escuelas, universidades, oficinas, pero sí en los centros comerciales que se atiborran de consumidores. Por ello es que esos puentes largos son un sinónimo de tratar al ciudadano, no como tal, sino como una especia de zombi consumidor. Y se pierde más tiempo y horas de trabajo, porque en el día que efectivamente corresponde a la fecha de la celebración (y como no fue aquel lunes de asueto), se hacen imprudentemente los desfiles, las ceremonias cívicas, etcétera; todo lo cual ocasiona que sea un segundo día no laboral o, por lo menos, que sean una semana nada productiva. Por lo tanto, resulta indispensable que se modifique esos denominados puentes largos, que lo que han ocasionado es un entorno de mero consumismo y, por supuesto, de menos solidaridad y reconocimiento de que formamos parte de una nación.

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