Domingo, 13 de Octubre del 2019
Lunes, 28 Enero 2019 03:35

Crónica de un asalto violento en primera persona

Crónica de un asalto violento en primera persona Escrito Por :   Arturo Rueda

¿A quién se le ocurre caminar por las calles de Puebla antes de las 10 de la noche, en la colonia Universidades, una de las señaladas por su incidencia delictiva, sobre todo contra estudiantes y universitarios de la BUAP? ¿A quién se le ocurre practicar ese deporte extremo que es caminar por las calles de Puebla para convertirse en una cifra de incidencia delictiva?


 

Puebla es una Ciudad Incluyente con Claudia Rivera Vivanco. Es cierto. Puedo dar fe de ello, pues a partir de la noche del viernes 25 de enero he sido incluido en la estadística criminal de robo con violencia a transeúnte.

 

La culpa, por supuesto, la tengo yo.

 

Yo y nadie más que yo.

 

¿A quién se le ocurre caminar por las calles de Puebla antes de las 10:00 de la noche, en la colonia Universidades, una de las señaladas por su incidencia delictiva, sobre todo contra estudiantes y universitarios de la BUAP?

 

¿A quién se le ocurre practicar ese deporte extremo que es caminar por las calles de Puebla para convertirse en una cifra de incidencia delictiva?

 

De ese asalto violento salí con unos cuantos golpes, sin teléfono celular, y sin cartera. Y de todos los comentarios o mensajes que he recibido en estos días, una idea predomina: te ‘salió barato’.

 

Es cierto. Pero es un pensamiento triste y alegre al mismo tiempo, ya que comenzamos a conformarnos con no pagar con la vida o la salud en este tipo de eventos.

 

Afortunadamente no me ocurrió como a la estudiante del Centro Universitario Cristóbal Colón, Karla Fernanda, a la que unos ‘raterillos’ mataron en noviembre del año pasado cuando salía muy de mañana rumbo a su escuela. Le dieron un tiro por resistirse al asalto, al despojarla de 500 pesos y su computadora.

 

Tampoco me pasó como a los hermanos de la colonia Aquiles Serdán, que al resistirse al atraco del minisuper que atendían, fueron baleados sin misericordia.

 

O como a las decenas de casos con finales trágicos en el transporte público, como el caso del joven Erick Bolio que quiso ponerse héroe.

 

Repito, la culpa fue mía. Pensé, ¿qué puede pasar en 200 metros, el trayecto de la casa de mi novia al Oxxo ubicado en bulevar Valsequillo, junto a la facultad de Contaduría?

 

Pues pasó.

 

A eso de las 9:50 pm, tras comprar unos cigarros, cinco tipos descienden de un PT Cruiser color vino.

 

Dos me amagan a mí, dos van contra ella, uno se queda en el automóvil.

 

—Entreguen celulares y carteras, ¡órale cabrones!— grita imperativo un sujeto de 1.75, como de 25 años, moreno, fornido, con jeans.

 

Es el primer asalto violento de mi vida, pero recuerdo tantas historias de lo mal que terminaron; intentos de resistirse, de defender las pertenencias… que subo los brazos en posición de ‘va, no hay pedo’, y saco cartera y teléfono celular del pantalón.

 

Se los entrego al fornido.

 

Mientras el otro sujeto me retiene, observo que mi novia continúa el forcejeo, como si quisieran algo más.

 

— ¡Ya, no chingues! Déjanos ir! , ¡ya te dimos todo!— le digo al líder de la banda.

 

— ¡Ni madres! Ella se va con nosotros, nos la vamos a llevar— responde amenazante.

 

Ante una amenaza así, patria o muerte. No hay de otra.

 

Forcejeo con ellos y recibo el primer puñetazo.

 

Mis anteojos salen volando.

 

Otro golpe.

 

Otro, mientras me retiene el segundo sujeto.

 

A ella la despojan del abrigo, le piden que se quite los tenis, la maltratan.

 

Eran dos mujeres. Una le tira un ‘cachetadón’ al aire, que quizá acierta, o no. Ya no se sabe.

 

Con el abrigo en las manos, corren al PT Cruiser y se suben con el tercer sujeto.

 

Ya es evidente que no cumplirán su amenaza de ‘levantarla’. Me controlo para no morir con un balazo o una cuchillada.

 

Recibo el quinto puñetazo, momento que aprovecha el ‘cabecilla’ para subirse al asiento del conductor.

 

—La mirada abajo, cabrones, la próxima vez les doy un tiro por pendejos— nos advierte al tiempo que arranca el vehículo y huye a toda velocidad.

 

Caminamos a la casa de mi novia, mientras el escándalo crece en la calle.

 

El único saldo es una herida abierta en el rostro de la que manan algunas gotas de sangre.

 

Después de cancelar tarjetas bancarias, bloquear el acceso al teléfono y cancelar la línea, comienza la aventura de denunciar en la Fiscalía General del Estado.

 

Pese a que las mesas de Flagrancia han sido trasladadas al C5 de Cholula, una amable agente del MP toma mi denuncia por robo violento a transeúnte.

 

No hay médico legista que valore mis heridas —ya no lo manda el TSJ, dice la agente del MP— ni perito que realice los retratos hablados. Hay que marcar luego.

 

A eso de las 3:00 de la madrugada, ha quedado levantada la Carpeta de Investigación (CDI) 1438/2019/ZONA CENTRO.

 

 

Oficialmente, soy parte de la estadística de incidencia delictiva, de los 379 robos violentos a transeúntes denunciados en los últimos seis meses, según datos del SNSP. De ellos, 229 corresponden al gobierno municipal actual.

 

Por supuesto, soy uno de los delitos denunciados, pues la cifra negra en el estado es de 95 por ciento, es decir, sólo se denuncian cinco de cada 100 delitos.

 

¿Cuántos asaltos violentos así ocurren en colonias relativamente céntricas, como la Universidades? ¿Por qué una colonia urbanizada, con tanto universitario, es considerado ‘territorio comanche’, no defendible por los cuerpos de seguridad?

 

También soy uno más de los que ha perdido la confianza en caminar por las calles de Puebla. Uno más de los que empeorarán la percepción de inseguridad en la próxima ENSU. Vamos volando a ser la ciudad más insegura del país.

 

Y uno más, sí, de los que creen que con Claudia Rivera Vivanco ha empeorado la situación, pues en 42 años de vivir en Puebla no me había tocado ni con Pacheco Pulido, ni con Rafa Cañedo, ni con Gabriel Hinojosa, ni con Mario Marín, ni con Luis Paredes, ni con Enrique Doger, ni con Blanca Alcalá, ni con Lalo Rivera, ni con Tony Gali, ni con Luis Banck.

 

Esta es la crónica de un asalto violento en primera persona.

 

*** Gracias a todos los funcionarios de gobierno atentos a dar seguimiento al caso. Aprecio el trato humano, pero pienso en todos lo que no tienen ese privilegio.

 

*** Gracias también a todos los amigos y familiares preocupados. Como se dice en estos casos, ‘salió barato’ y seguiremos dando la batalla.

 

*** Sigo sin teléfono, pero respondo por redes sociales.

 

*** Gracias, Caro y familia, por su valentía.

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