Domingo, 17 de Noviembre del 2019
Lunes, 21 Octubre 2019 01:39

El de AMLO, un gobierno de pendejos confesos

El de AMLO, un gobierno de pendejos confesos Escrito Por :   Arturo Rueda

¿De verdad cree AMLO que los 500 sicarios que tomaron las calles de Culiacán se desplazaron a la unidad habitacional de la milicia para formar a familias enteras y amenazar un fusilamiento masivo de inocentes, o los que liberaron a 55 peligrosos presos del penal de Aguaruto para ayudar en los desmanes, o los que iban a quemar pipas decomisadas al Ejército, no merecen una respuesta contundente y violenta por parte del Estado?


 

Si hemos de creer en todas las explicaciones de Andrés Manuel López Obrador, Alfonso Durazo y el Gabinete de Seguridad sobre la claudicación del Gobierno federal en Culiacán, en el origen se encuentra la incompetencia. Pura pendejez, vaya. El viernes desde temprano tuvimos la confesión de un grupo de funcionarios de alto nivel marcados por su ignorancia supina de las funciones que desempeñan.

 

Según la narrativa oficial, a un pendejo con iniciativa se le ocurrió armar un operativo para detener al Chapito en el mero corazón de su plaza sin avisar previamente al Gabinete de Seguridad. Primera pendejada.

 

A otro pendejo con iniciativa se le ocurrió entrar a la casa del Chapito, fotografiarlo y trasladarlo… sin orden de cateo, lo que tumbaba todo el proceso. Eso impidió que pudiera ser sacado de Culiacán con prontitud, lo que dio tiempo a los sicarios del Cártel de Sinaloa de reaccionar de forma eficiente y organizada frente a los pendejos desorganizados del gobierno.

 

Otro pendejo tuvo la ocurrencia de quitar a la Marina de esos operativos, el cuerpo de seguridad con más experiencia en la persecución de los grandes capos, y seguramente otro pendejo no compartió información con la DEA, que pudo anticipar si el momento de la detención era el adecuado.

 

De pendejada en pendejada, Luis Crescencio Sandoval tuvo que reconocer que el operativo para capturar al Chapito fue “apresurado” y por eso fallido. Y eso provocó que miles de culichis quedaran atrapados en el fuego cruzado y las familias de la milicia en riesgo de ser ejecutadas.

 

Un sólo párrafo de su confesión es suficiente para crucificarlo: “El grupo responsable de esta acción fue personal de la Policía Ministerial. Este personal, en un afán de obtener resultados positivos, actuó de manera precipitada con deficiente planeación, así como falta de previsión sobre las consecuencias de la intervención, omitiendo además obtener el consenso de sus mandos superiores, consecuentemente el gabinete (falla de transmisión) dar el tiempo que tardaría la obtención de la orden de cateo”.

 

Otra confesión más de la pendejez: “La fuerza participante fue agredida cuando se encontraba en espera de esta orden de cateo, configurándose la flagrancia en el uso de armas de fuego, desencadenándose una acción directa al interior del domicilio en donde se ubicó al presunto delincuente (falla de transmisión) delincuente se desestimó el poder de convocatoria y la capacidad de respuesta de la organización delictiva para evitar el aseguramiento de Obdulio Guzmán López”.

 

La liberación del Chapito no es fruto de la creencia de AMLO de que es mejor salvar vidas al rendirse antes que provocar más muertes. Tampoco es fruto de esta rara versión pacifista del tabasqueño en la que el cumplimiento de la ley es opcional, y que los criminales son víctimas de la sociedad al estilo Arthur Fleck, a los que se puede redimir sin necesidad de acciones violentas.

 

No señor: el problema es que su gobierno está lleno de pendejos.

 

 

No puede dejarse de anotar que el tabasqueño cree en una moralidad que ya no existe. O como diría el Batman de Cristopher Nolan: quiere ser decente en tiempos de indecencia.

 

¿De verdad cree AMLO que los 500 sicarios que tomaron las calles de Culiacán se desplazaron a la unidad habitacional de la milicia para formar a familias enteras y amenazar un fusilamiento masivo de inocentes, o los que liberaron a 55 peligrosos presos del penal de Aguaruto para ayudar en los desmanes, o los que iban a quemar pipas decomisadas al Ejército, no merecen una respuesta contundente y violenta por parte del Estado?

 

Y si habla de un conteo de vidas salvadas al rendirse, ¿cuántos muertos más van a provocar el escape del Chapito, los 49 presos del penal que no han sido recapturados, los cientos de sicarios que tomaron Culiacán y salieron triunfantes, así como los miles de delincuentotes y delincuentitos que ahora saben cuál es la medida para echar atrás al Gobierno federal de AMLO?

 

Y todo, señores, por una pendejada. Por un gobierno desorganizado que no pudo armar un operativo coordinado, mientras los criminales se organizaron a la velocidad de la luz.

 

Aquí no funciona ninguna retórica pacifista, presidente: los criminales son criminales, no víctimas sociales, y los pendejos son pendejos y debería echarlos de su gobierno.

 

Ese Durazo no tiene nivel y el general Sandoval fue llevado a hacer el papelón de su vida.

 

El pacifismo es una doctrina loable pero no para estos tiempos de indecencia.

 

Por último.

 

Su teoría del Estado es muy mala, presidente: precisamente el uso de la fuerza que hace el Estado es el único racional, pues su objetivo es salvaguardar la paz social. Son los criminales los que hacen un uso de la fuerza irracional y a los que el Estado combate con su fuerza racional.

 

La defensa del incapaz secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, así como de toda la cadena de mando que armó un operativo fallido por apresurado, nos decepciona, señor presidente.

 

Si sigue así, la derecha que pregona mano dura va a revivir políticamente.

 

Un gobierno no puede estar lleno de pendejos confesos como los que hoy tiene en su gabinete.

 

Con tantos horrores y errores, sólo queda un acierto: relevar a Alfonso Durazo a la de ya.

 

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