Miercoles, 19 de Febrero del 2020
Viernes, 24 Enero 2020 03:10

En el cumpleaños 37 de Selene

En el cumpleaños 37 de Selene Escrito Por :   Arturo Rueda

Escribiré sobre ella como un ejercicio de pura nostalgia, porque así como nos hace falta “Dios en el Poder”, sus reportajes, sus bromas en Juego de Troles, su valentía ante la sentencia de muerte, ella me hace falta a mí, porque Selene y yo lo fuimos todo: colaboradores, coconductores, mejores amigos, competencia, pareja, novios, concubinos y al final, miramos juntos hacia el abismo.


 

Si un agresivo cáncer de pulmón no se hubiera interpuesto en su camino, Selene Ríos Andraca habría cumplido ayer 37 años.

 

Hubiéramos festejado en la casa con sus amigos, con sus centralitos y toda su familia muégano comiendo tacos de milanesa, o las pechugas de pollo rellenas de jamón y queso que le apasionaban.

 

Después, en la noche, hubiera comenzado a atosigarme.

 

—Doooooc, cuando cumpla cuarenta años, ¿me vas a dejar por otra viejaaaa?

 

Tres años después, nada remedia su ausencia.

 

 

Ni en la vida de pareja que teníamos ni en la profesional como periodistas de distintos medios que competíamos por la nota, y mucho menos en la vida pública de Puebla, pues no ha surgido una voz igual de poderosa como la que ella tenía como columnista en “Dios en el Poder” y en Juego de Troles.

 

Deliberadamente, en estos años de ausencia me he negado a escribir sobre ella como una forma de “seguir adelante” —la recomendación común para los viudos o los que han perdido a un ser querido en forma trágica—. Una recomendación, por lo visto, inútil y poco certera.

 

Sí, la muerte de Selene fue trágica en muchas formas, aunque su círculo cercano nos hemos negado a tomarlo así.

 

Trágica por su edad —solo tenía 33 años—, por su talento brutal, por su generosidad como ser humano, y definitivamente, porque su existencia hacía mejor a Puebla.

 

Trágica, además, porque nos hemos perdido de su visión irónica sobre los últimos acontecimientos de la vida pública.

 

¿Qué hubiera escrito Selene Ríos sobre el helicopterazo?

 

¿Cómo habría tomado la muerte de su Rafa (Moreno Valle), a quien lo unió una amistad antes del poder  y un aborrecimiento mutuo que se transformó en despecho después de 2011?

 

¿Y de su viejito López Obrador, al que le lloró en sus dos derrotas presidenciales, cómo hubiera festejado su victoria?

 

¿Qué habría escrito del desmadre que es la 4T, y cómo le hubiera ido con la llegada al poder de su amigo Luis Miguel Barbosa, a quien cubrió como cabecilla del PRD y forjó una gran amistad?

 

Aunque podemos imaginar algunas posturas, Selene ya no está ni hay quien escriba “Dios en el Poder”, y aunque ahora hay muchas más mujeres ejerciendo el periodismo, ninguna por el momento iguala el talante irónico, así como la estructura narrativa de sus columnas.

 

Es un profundo análisis de lo obvio, pero no hay otra Selene.

 

Pues bien, en estos días he decidido escribir más sobre ella, de su enfermedad, del periodismo que practicó en los tres medios que la marcaron, del inesperado diagnóstico, de la novela que escribió y permanece en el horno a la espera de publicarse, de la herida irreparable que le causó la muerte de su primo, del último mes de agonía, de su visita desde el Good Side y de tantas cosas que han quedado pendientes de contar sobre ella.

 

Sus tres medios es algo un poco más sabido. e-consulta, donde debutó y permaneció poco tiempo; CAMBIO, donde nació “Dios en el Poder” y fue reportera, jefa de información y subdirectora a lo largo de siete años.

 

Y por supuesto, Periódico CENTRAL que fundó junto a sus amigos Viridiana Lozano y Yonadab Cabrera a su salida de CAMBIO,  y al que luego se incorporó Edmundo Velázquez con el proyecto de Página Negra.

 

Entre los tres, junto a su hermano Arquímides, han cuidado su legado y CENTRAL se ubica en el top five de los medios nativos digitales con más tráfico e influencia.

 

Escribiré sobre ella como un ejercicio de pura nostalgia, porque así como nos hace falta “Dios en el Poder”, sus reportajes, sus bromas en Juego de Troles, su valentía ante la sentencia de muerte, ella me hace falta a mí, porque Selene y yo lo fuimos todo: colaboradores, co-conductores, mejores amigos, competencia, pareja, novios, concubinos y al final, miramos juntos hacia el abismo.

 

No escribir sobre ella es una injusticia, porque como le dijo Pelo Cohete a Fernando Savater —según narra el escritor vasco en su recién publicado libro La peor parte, que dedica a la vida y muerte de su esposa—…

 

¿Si tú no escribes qué fuimos, quién lo hará?

 

Felices 37, Selene.

 

Léeme desde el Good Side.

 

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