Sábado, 19 de Octubre del 2019
Martes, 12 Marzo 2019 03:38

El feminismo como escudo al desgobierno de Claudia

El feminismo como escudo al desgobierno de Claudia Escrito Por :   Arturo Rueda

Claudia invoca el feminismo como escudo, porque sabe de debilidad política provocada por su gestión desastrosa. Ansiosa de fortalezas que le permitan salir avante del futuro ominoso que le espera cuando Luis Miguel Barbosa amarre la candidatura de Morena, la visita de López Obrador fue su tabla de salvación para transmitir el mensaje de que tiene la confianza del presidente, aunque tenga el repudio de los poblanos.


 

Claudia Rivera Vivanco es una rara avis de la Cuarta Transformación. ¿La razón? Es a la única funcionaria a la que no le alcanza el ‘manto protector’ de Andrés Manuel López Obrador. Los pecados de su gestión como presidenta municipal no le son perdonados por el simple hecho de provenir de Morena, algo extraño, ya que todos los simpatizantes de la izquierda son muy benevolentes con todo lo que huele al partido del tabasqueño.

 

De hecho, en Puebla ella se ha convertido en el ejemplo viviente de cómo Morena sí puede hacer las cosas mal. Y mientras los denominados ‘chairos’ hacen todo tipo de maromas para justificar al presidente en sus decisiones polémicas, nadie sale en defensa de la presidenta municipal, y todavía peor, son los primeros en condenarla.

 

La alcaldesa no tiene benevolencia ni justificación a su gestión, mitad errática, mitad desastrosa. Los juicios sobre ella son absolutos y con duros calificativos: ni por la edad, ni por ser mujer, nadie le da el beneficio de la duda. El repudio social ya era grande cuando el INEGI dio a conocer la ENSU, pues nueve de cada 10 poblanos reprobaban su trabajo. Y sin duda ha incrementado.

 

Sin base social de apoyo, sin aliados mediáticos, sin la simpatía de los creyentes en la Cuarta Transformación, Claudia Rivera vive en un permanente delirio de persecución y se siente víctima de una conspiración que, según cree, tiene su origen en su género femenino. Ella se siente, lo vive, como una víctima permanente de violencia política de género.

 

En el fin de semana del Día Internacional de la Mujer, Rivera Vivanco se dio libertad para vivir con frenesí su delirio de persecución, su sentimiento de víctima por ser mujer. En el #8M abrazó con furia su causa feminista como bandera única de su gobierno, sin entender que su desempeño como presidenta municipal es lo que la condena, no su género, ni sus tenis, ni sus convicciones feministas.

 

No es, sin embargo, cualquier feminismo. Se trata de la variante conocida como supremacismo, no la que busca igualdad de derechos, sino la supremacía del género femenino sobre el masculino. La guerra de sexos, vaya.

 

En sus redes sociales se llevó una golpiza brutal en sus propios posts que colocó para festinar su condición de víctima en el #8M. “Mi estado civil, los tenis, la maternidad, no marcan mi capacidad ni la calidad ética que tengo para ejercer como presidenta municipal. Soy libre y en mi cuerpo y en mi cargo yo decido, aunque no lo entienda la vieja clase política. Mi compromiso está con las y los ciudadanos. #TodasSomosPuebla #DíaInternacionalDeLaMujer.”

 

Otra publicación, en relación a un foro de violencia en medios de comunicación, señaló que “mi gobierno se compromete a no contratar campañas de publicidad con medios de comunicación que difundan contenidos sexistas o promuevan campañas de odio en contra de las mujeres.

 

Así, por fin, se resuelve el misterio de la concepción de gobierno para Claudia Rivera: no está ahí para dotar de seguridad a los poblanos, ni para mejorar los servicios públicos o el alumbrado. Tampoco para sacar de las calles a los ambulantes. Su gobierno está al servicio de su causa, su única causa: el feminismo como supremacía sobre el género masculino.

 

Al principio de su administración, los grupos feministas le compraron, e incluso crearon una estrategia mediática como escudo, aquello de los tenis como signo de diferencia. Pero los radicalismos siempre acaban por morderse la cola y el sábado 9 de marzo fueron víctimas de su ineficiencia, de su entrega a las calles en favor de las mafias del ambulantaje.

 

No menos de 24 horas de diferencia, un colectivo feminista fue agredido por ambulantes en la 10 Poniente cuando realizaban una “Auditoría de Caminabilidad” —cualquier cosa que eso signifique—. Entre las agredidas se encuentran Edurne Ochoa, Lizeth Mejorada y hasta la propia secretaria de Movilidad, Alejandra Rubio Acle. Algunas de ellas, por no decir todas, fueron las que crearon artificialmente el escudo de los tenis.

 

Claudia invoca el feminismo como escudo porque sabe de debilidad política provocada por su gestión desastrosa. Ansiosa de fortalezas que le permitan salir avante del futuro ominoso que le espera cuando Luis Miguel Barbosa amarre la candidatura de Morena, la visita de López Obrador fue su tabla de salvación para transmitir el mensaje de que tiene la confianza del presidente, aunque tenga el repudio de los poblanos.

 

Acabada la gira del tabasqueño, su equipo de comunicación movió intensamente la línea de la supuesta cercanía que le había mostrado el presidente, así como su esposa Beatriz. La alcaldesa confirmó esa línea en declaraciones mañaneras, cuando dijo que platicó con él y le expresó su apoyo.

 

Así que ya nadie se rompa la cabeza descifrando el desgobierno de Claudia: ella es una víctima de la violencia de género y nadie la va a sacar de eso. Que nadie espere seguridad o más policías. El único platillo que nos va a servir a los poblanos son notables raciones de feminismo radical.

 

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