Lunes, 14 de Octubre del 2019
Viernes, 15 Marzo 2019 03:22

Krauze en el paredón: terremoto en la República de las Letras

Krauze en el paredón: terremoto en la República de las Letras Escrito Por :   Arturo Rueda

López Obrador ya venció en la batalla político-electoral. Mantiene el pulso contra los poderes económicos, pero ya arrancó la batalla más importante, la de la hegemonía en términos de Gramsci. Esto es, la batalla por las ideas: ¿quién le dirá ahora qué pensar al pueblo mexicano? El primero en el paredón es Enrique Krauze.


 

La República de las Letras, con un liderazgo estable e indiscutible desde hace 30 años, sufre un ‘terremoto’ como proceso colateral de la Cuarta Transformación que vive México. Si los liderazgos políticos tradicionales fueron barridos el año pasado, toca el turno a los liderazgos intelectuales.

 

El actual presidente de la República de las Letras, Enrique Krauze, quien recibió el cargo de manos de Octavio Paz y Gabriel Zaid, ha sido colocado en el paredón público bajo el cargo de orquestar la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador en la reciente elección presidencial.

 

La encargada de enviarlo al paredón fue Tatiana Clouthier, hija de Maquío, quien fue gran amigo de Krauze y de Zaid. En su libro testimonio sobre la campaña electoral de 2018, la ‘tía Tatis’ expone la confabulación del historiador-intelectual con empresarios como Coppel y Alejandro Ramírez del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, quienes tramaron una conspiración mediático-ideológica para detener al tabasqueño, que en esta ocasión no funcionó como sí pasó en 2006.

 

Krauze va al paredón bajo la grave acusación de conspirar contra el ganador de la elección presidencial. Ha declarado en su contra la ‘tía Tatis’, hija de su amigo, y luego se ha sumado el testimonio anónimo de “alguien” que dice haber formado parte de la Operación Berlín, la maquinaria de guerra sucia comandada por Krauze y uno de sus empleados en Letras Libres. 

 

De acuerdo con un reportaje publicado en Eje Central, se detalla más la participación del historiador en la fábrica de guerra sucia ubicada en una casa de la calle Berlín en CDMX. Guerra sucia financiada por el mecenazgo de los empresarios Coppel, Ramírez, donde se cuenta cómo el historiador reclutó jóvenes expertos en viralización con el objetivo de desarrollar todo tipo de contenidos para desacreditar a AMLO.

 

También se cuenta la creación de la plataforma Pejeleaks.org, un supuesto sitio de filtraciones periodísticas, pero adonde en realidad iban a parar todo tipo de contenidos alocados, sin pruebas ni bases, donde se producía tanto aquello del vínculo de AMLO con los narcos, como la famosa trama rusa que terminó con una puntada de humor: ‘andresmanuelovich’.

 

En todo esto, al margen de los hechos, si Krauze fue el ideólogo de la guerra sucia para tratar de detener a López Obrador —algo a lo que tendría legítimo derecho— en realidad se mezcla el ánimo de revancha que el tabasqueño —y sus seguidores más cercanos cargan— por la guerra sucia ideológica que sí funcionó: la del Mesías Tropical en 2006 y la del “peligro para México”.

 

Krauze, sí, es un intelectual, pero también un factor real de poder al aglutinar a la mayor parte de la intelligentsia mexicana que quedó huérfana tras la muerte de Paz. La otra parte se articula a través del eje Aguilar Camín-Castañeda-Woldenberg en Nexos. Ambos grupos, claro, tuvieron influencia y bonanza económica con aquel periodo que AMLO identifica como el neoliberalismo.

 

La Cuarta Transformación, además de un cambio de régimen político, por necesidad implica un cambio de régimen intelectual. Esto es, destronar a Enrique Krauze como baluarte ideológico del pensamiento liberal. O neoliberal. La guerra ya inició, pero dado que el amloismo todavía no tiene sus propios baluartes —los moneros no cuentan como intelectuales—, la batalla por la hegemonía inicia con reducir a cenizas el imperio alrededor de Letras Libres.

 

Hasta ahora, se trata de una demonización mediática, porque el auténtico disparo se dio en otra dirección: la investigación revelada ayer por Santiago Nieto para inmiscuir en una trama de lavado de dinero y guerra sucia a Alejandro Quintero —ex vicepresidente de Televisa y marketero de Peña Nieto—, a Federico Berrueto de Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) y al holding OHL, hoy transformado en Aleática.

 

El pecado de todos ellos fue tratar de atacar a AMLO —ni siquiera lo lograron— con un documental sobre populismo que ninguna cadena de televisión o streaming aceptó transmitir. Si existieron, los esfuerzos fueron vanos, lo que no impide que la Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda dedique su tiempo y recursos a ejercer lo que a todas luces parece una vendetta, cuando ese tiempo y recursos podrían dedicarse a causas verdaderamente importantes, como el lavado de dinero de organizaciones del narco, del huachicol, etcétera. Al exhibirlos, ha sido violando su derecho a la presunción de inocencia.

 

López Obrador ya venció en la batalla político-electoral. Mantiene el pulso contra los poderes económicos, pero ya arrancó la batalla más importante, la de la hegemonía en términos de Gramsci. Esto es, la batalla por las ideas: ¿quién le dirá ahora qué pensar al pueblo mexicano? El primero en el paredón es Enrique Krauze. Luego, Quintero y Federico Berrueto. Después, no se sabe quiénes, pero en espera se encuentran todos los paradigmas ideológicos del viejo régimen.

 

Los Denisse Dresser, los Leo Zuckermann, serán reemplazados por Gibrán no sé qué y Hernán Gómez, así como el tal Attolini, que en realidad son propagandistas más burdos que los anteriores.

 

Lo importante es que López Obrador quiere nuevos intelectuales que aplasten al viejo régimen intelectual, el único frente de oposición y resistencia que queda.

 

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