Viernes, 16 de Abril del 2021
Miércoles, 08 Enero 2020 02:01

Los automovilistas son los enemigos: bolardos y anticochismo

Los automovilistas son los enemigos: bolardos y anticochismo Escrito Por :   Arturo Rueda

¿Los peatones no son imprudentes y flojos? ¿Cuántos utilizan los puentes peatonales, los pasos de cebra, o se creen velocistas al atravesar avenidas sin ningún tipo de cuidado? ¿Para ellos no hay sanciones? ¿Y los que van con la mirada pegada al teléfono y no prestan atención a nada más mientras caminan y atraviesan cruceros? ¿Para todos ellos no hay sanciones?


 

Por todas las formas habidas y por haber para chingar al poblano, el gobierno de Claudia Rivera Vivanco ha decidido convertir en un infierno la circulación de automóviles, ciclistas y peatones —llamados de forma eufemística “movilidad”—.

 

El último incordio diseñado desde la secretaría que maneja el activista anticochista Armando Pliego Ishikawa, y no la titular Alejandra Rubio Acle, es la multiplicación de bolardos por toda la capital, cual gremlins, a partir de los primeros días de diciembre. Por bolardos puede entenderse desde esos tubos oscuros hasta macetas de gran tamaño. Todo lo que pueda obstaculizar el flujo vehicular.

 

Los famosos bolardos cumplen su objetivo primario: la ralentización de la circulación, la reducción del flujo vehicular, el incremento de los tiempos de traslado y un mentadero de madres pocas veces visto en la capital. Porque para eso están diseñados, para joderle la vida a los automovilistas y no para proteger a los peatones. ¡Patrañas!

 

El gobierno de Claudia Rivera es el primero que conozco que se afilia a la ideología del anticochismo. Es decir, la fobia a los vehículos motorizados, especialmente a los automóviles, a los que se demoniza en aras de defender una sociedad cuasi bucólica de peatones y ciclistas que se mueven por la ciudad como en una danza perfectamente coreografiada.

 

Esa sociedad cuasi bucólica no existe en ningún lugar del mundo, pues ningún lugar del mundo es tan estúpido como para negar el progreso para el traslado de humanos y mercancías, así como fuerza de trabajo, tanto de automóviles como trenes y sistemas de transporte público.

 

En Puebla hay todo: peatones, ciclistas, automóviles, rutas del transporte público y supuestos sistemas como RUTA para eficientar la movilidad múltiple. Hay en Puebla todo, como en casi todas las grandes ciudades del mundo. Pero sólo en Puebla se rediseña el espacio público bajo las directrices de una fobia: el anticochismo.

 

Ni siquiera en Londres, la ciudad más anticochista del mundo, se decidió obstaculizar la circulación en su área céntrica y mejor se puso un impuesto ecológico para quienes ingresen por razones de conveniencia económica.

 

No niego que hay buenas razones para ser anticochista en Puebla, una ciudad donde sus conductores son groseros, poco capacitados, tienen nula cultura vial, prepotentes y sin consideración hacia el turismo o las personas de edad avanzada. Eso hablando de los conductores particulares, pero a los que hay que sumar a los miles que se dedican al transporte público y son todavía peores, así como los Ubers y aplicaciones ejecutivas.

 

En efecto: el problema es sistémico, pues parte incluso de que las licencias de conducir son todo menos licencias en el sentido de documento capaz de probar una cualificación técnica. Los exámenes para otorgarlas desaparecieron hace décadas y hoy todo el que la solicita la recibe sin mayor trámite que el examen de la vista y el pago del derecho del documento.

 

Pero eso no es lo peor: lo peor es que en Puebla, como en todo México, la mala conducción no trae sanciones ni elementos de coacción como la retirada temporal de la licencia, la retirada definitiva o, como en la mayoría de los países desarrollados, el carnet de puntos que se eliminan, se recuperan.

 

Lo que sí ocurre en cualquier sociedad desarrollada es el absoluto temor a conducir sin licencia, una sanción mortal que se convierte prácticamente en ostracismo. En Puebla, como en todo México, conducir sin licencia no tiene consecuencia, salvo mocharse con 200 pesos al agente de tránsito.

 

Por supuesto, el sistema de movilidad entero es un cagadal que por algún lado tiene que comenzar a repararse. Desde la visión del Ayuntamiento de Claudia, ese inicio es declarar como enemigos a los automóviles y poner obstáculos para proteger al peatón para cumplir con el Reglamento.

 

Por supuesto, esa fobia tiene una premisa: el peatón es inocente en cualquier circunstancia y todo lo que le ocurra es consecuencia de los malditos automovilistas que tienen como deporte atropellar cristianos.

 

¿En verdad es así?

 

¿Los peatones no son imprudentes y flojos? ¿Cuántos utilizan los puentes peatonales, los pasos de cebra, o se creen velocistas al atravesar avenidas sin ningún tipo de cuidado? ¿Para ellos no hay sanciones? ¿Y los que van con la mirada pegada al teléfono y no prestan atención a nada más mientras caminan y atraviesan cruceros? ¿Para todos ellos no hay sanciones?

 

Lo de los bolardos puede parecer malo, pero en realidad lo peor es que al gobierno de Claudia le imponga su visión una minoría que impulsa y defiende la fobia al cochismo.

 

Dice la supsecretaria (de supuesta) Rubio Acle que la instalación de bolardos no se la “sacaron de la manga”, y dice la alcaldesa Claudia que los colocaron a petición de la “ciudadanía”.

 

Pues si ambas salieran a la calle, se enterarían que ningún ciudadano que maneja un vehículo está contento y que el mentadero de madres contra ambas es brutal, tanto que Claudia y Rubio Acle han sido declaradas las enemigas públicas de Puebla.

 

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