Martes, 17 de Septiembre del 2019
Indicador Político

La exigencia de disculpas del presidente López Obrador al actual reino borbónico de España y al actual Vaticano que no existían en el siglo XVI se presenta como la gran oportunidad para replantear el apenamiento histórico oficial priista que ha determinado de manera autoritaria la definición del proyecto de nación.

WASHINGTON, DC- A lo largo de poco más de dos años, el presidente Donald Trump fue arrinconado en tres temas vitales: la negativa a financiar el muro, la acusación de Hillary Clinton de que había pactado en secreto con los rusos y la polarización interna hacia un socialismo sui géneris no marxista y de mercado en la figura de Bernie Sanders.

En el debate de la reforma educativa del gobierno de López Obrador sobre las cenizas -sin comas- de la reforma educativa de Peña Nieto existe una sospechosa atención al tema de la disputa por las plazas, cuando en realidad la parte más importante se localiza en el contenido o enfoque ideológico de la educación del Estado como obligatoria.

Si hay una lógica en la exigencia de una disculpa del presidente López Obrador al gobierno español actual por la conquista sangrienta de Tenochtitlan de 1519-1521, habría que encontrarla en la reconstrucción de la Historia como parte de la redefinición del pensamiento histórico y por tanto de un cambio de enfoque de régimen.

WASHINGTON, DC- Aunque la polarización del discurso racista de Donald Trump contra los hispanos y el tema recurrente del muro en la frontera de México seguirá latente hasta las elecciones presidenciales del 2020, en el corto plazo los demócratas podrían perder la batalla por el temor a una ‘invasión’ de legales e ilegales del sur de sus fronteras.

WASHINGTON, DC- Es probable que a Mike Pompeo, secretario de Estado de la Casa Blanca, no le preocupe mucho su cargo, pues hace unos días declaró, ¿en broma?, que algún día de estos el presidente Trump lo podría despedir vía Twitter. Pero el canciller mexicano Marcelo Ebrard debería estar preocupado porque la política exterior estratégica del Estado mexicano con los Estados Unidos se trasladó a Televisa.

Como cada año, los días 23 de marzo se recuerda el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI en 1994. Y no faltan las dudas sobre la investigación oficial. Para abonar a la tesis de que no se sostiene el argumento del asesino solitario, aquí enumeraremos cuando menos tres puntos que debieron de tener una investigación más exhaustiva:

La elección de nuevos dirigentes del PRI será la última oportunidad -y dicen que ahora : la última- para que la generación de Salinas de Gortari y su modelo neoliberal que impuso desde 1982 mantenga el control del partido. Ahora que el presidente López Obrador decretó el fin histórico del neoliberalismo mexicano, el PRI está obligado a buscar una opción progresista y sobre todo generacional.

Aún en el hipotético caso de que todo lo publicado sobre la ‘Operación Berlín’ contra López Obrador en la campaña presidencial del 2018 fuera verdad, nada hay en esos hechos que configure un delito. Lo importante, en verdad, radica más bien en el nuevo papel de los intelectuales ante la crisis de las ideas, el colapso de los partidos y el resurgimiento de los políticos providenciales.

La nominación del candidato de Morena a la gubernatura de Puebla ha reventado la crisis interna de crecimiento del Partido-Movimiento de López Obrador. O con mayor precisión, el Movimiento-Prepartido del nuevo grupo dominante.

La decisión del presidente López Obrador se ciñe a liberar archivos del CISEN (1989-2018), pero de muchas maneras esos papeles se engarzan con las tres oficinas dedicadas al espionaje de Estado: la Dirección Federal de Seguridad sobre todo en su fase de poder 1965-1985, la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS) 1967-1985 y la Dirección de Investigación y Seguridad Nacional (DISEN) de Gobernación 1985-1989.

El principal problema que tienen Morena y el presidente López Obrador en Puebla no radica en una victoria garantizada de antemano, sino en la calidad de la victoria. Miguel Barbosa, por su lenguaje agresivo, sería el beneficiario de la muerte violenta y aún no aclarada de la gobernadora Martha Erika Alonso y el senador Rafael Moreno Valle.

Todos los análisis de los primeros 100 días efectivos de gobierno del presidente López Obrador se quedaron en la superficie. Con fortalezas y debilidades, ese arranque formal de gobierno de un candidato que comenzó a tomar decisiones a partir de enero del 2018 debería contextualizarse en el escenario de largo plazo de su proyecto político de gobierno.

La liberación de documentos de la Dirección Federal de Seguridad que ordenó el presidente Vicente Fox se reproduce ahora con la apertura de tarjetas del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) ordenada por el presidente López Obrador: se trata de la información primaria y no de los verdaderos documentos de inteligencia que ayudaron a la toma de decisiones del poder.

Los primeros 100 días como periodo de análisis sirve sólo para fijar las nuevas coordenadas de un gobierno que plantea un punto de quiebre. El liderazgo de López Obrador, la 4ª Transformación y el nuevo eje sistémico han fijado en el escenario sexenal las posibilidades y limitaciones para los próximos seis-doce-dieciocho años políticos.

En unos primeros 100 días que se han vivido con intensidad segundo a segundo, con todos los frentes abiertos y ninguno cerrado y de la mano de un proyecto de transfiguración -y no de transformación-, el presidente López Obrador parece estar pensado muy adelante.

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